La caja infinita, de Víctor Conde

La caja infinitaLa ciencia ficción nace y golpea por su fondo. Esa es la maravilla de la ciencia ficción.

Es necesario un mundo moderno para que surja y se desarrolle y, quizás por eso, son los más jóvenes quienes pueden iniciarse mejor en el género y quienes se muestran más audaces con lo que ese fondo les permite hacer.

Muchos artistas, según van madurando, abandonan la experimentación formal más compleja para ir a «lo esencial». Vemos en dibujantes de cómics cómo su trazo se vuelve más escueto, cómo los fondos se desdibujan, como el último Frank Miller; vemos cómo los pintores tienen más al abocetamiento o a lo insinuado, como los últimos cuadros de Velázquez; vemos cómo muchos directores de cine tienen al plano secuencia y a la sobriedad fotográfica, como le pasó a Berlanga… En la ciencia ficción, muchos incluso son incapaces de conquistar sus éxitos de juventud, como Isaac Asimov y Arthur C. Clarke. Quizás tras experimentar en los primeros años, conocen tanto la técnica que encuentran el camino más directo para ir a las ideas que quieren expresar como artistas.

Precisamente la experimentación temática y formal fue una de las características más elevadas e interesantes de la cf española conocida como la «Generación HispaCon» (Vaquerizo, Aguilera, Marín, Barceló, Mallorquí, Martínez…), a la que el novelista pertenece y cuyo espíritu algunos de sus protagonistas mantienen en sus últimas obras. ¿Ha terminado aquella experimentación formal?

Si tuviera un editor tradicional para esta apuesta de Alamut, escribiría una crítica de escuadra y cartabón, entrando en La caja infinita por su argumento, pero no me sale.

Porque la forma es el fondo (lo he dicho ya, ¿no?).

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Fracasando por placer (XXVI): Películas pendientes del siglo XXI (2)

The Ugly Swans

Continúo con mi repaso a las películas de ciencia ficción del siglo XXI, pero solamente las que no he visto, para poder llegar a un artículo final que haga balance de estas décadas. Siguiendo el espíritu de estos artículos, es pues un referido de mis caprichos, que con suerte servirá para orientar alguien. Es posible que haya una entrega más, porque veo que aún me faltan películas de cierto renombre o mínimo culto, pero creo que no pasaré de ahí y luego llegará el turno del balance.

The Ugly SwamsLos cisnes feos, Konstantin Lopushansky, 2006 (cauces irregulares).

Lopushansky, el Tarkovski menor, nos ofrece aquí un Stalker menor, cosa que se va percibiendo a lo largo del metraje y se confirma con la escena final, un largo plano secuencia que recuerda directamente al de su antecesora. Está basada en otra novela de los hermanos Strugatski con problemas con la censura, menos conocida, en la que existe una zona de acceso restringido, aunque con características distintas: en ella habitan unos extraños seres, no se sabe si extraterrestres o mutantes, que además han atraído a un grupo de niños que muestran capacidades superlativas. El gobierno quiere exterminarlos, pero no acabo de entender dónde estaba la crítica al totalitarismo (al menos, por lo reproducido en esta película; no he leído el libro) que llevó a la publicación en samizdat y etcétera. El film llama la atención sobre todo por su fotografía prácticamente monocroma: dentro de la zona restringida, todo es en blanco, negro y rojo, y llueve sin parar; fuera es azul o sepia. El recurso es algo forzado, pero Lopushansky le saca partido expresivo. El regusto que deja la película es un poco hueco; ni es divertida, por supuesto (¿alguien podía esperarlo?), ni me deja un mensaje claro o escenas especialmente memorables desde un punto de vista visual, pese a su eficacia.

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