Desperdigados por el mundo, de Yōko Tawada

Desperdigados por el mundoYōko Tawada vive en Alemania desde principios de los 80. Esta condición de emigrante separada de sus raíces ha quedado impresa en sus novelas de una u otra manera. Memorias de una osa polar se sostenía sobre el extrañamiento de sus protagonistas, osos polares entre humanos, forzados a desplazarse por un entorno social, geográfico, idiomático ajeno. Esa alienación también estaba en la base de El emisario, la segunda novela traducida por Anagrama. A través de sus protagonistas, un abuelo y su nieto residentes en un Japón separado del mundo, se emplazaban multitud de cuestiones fundamentales en su país natal pero también de esta Europa de principios de siglo XXI. La caída de la natalidad, el alejamiento de los padres del cuidado de sus hijos, el odio a lo diferente, la cancelación del futuro, se trataban sin que sus personajes llegaran a explotar por ese cuadro, viviéndolo entre la contención y la disociación. Ahora nos llega Desperdigados por el mundo, primer libro de una trilogía que parece construida para profundizar en estas vías dándole la vuelta al planteamiento de El emisario. Ahora es Japón el que ha “desaparecido”, tragado por las aguas del Océano Pacífico.

Construida como una sucesión de narraciones encadenadas, la primera recoge el testimonio de Knut, un joven investigador en lingüística que, mientras ve la tele, queda fascinado por la historia de Hiruko. Como si fuera una trasunta de Tawada, esta joven llegó a Europa para terminar sus estudios pero quedó sin posibilidad de regresar a su archipiélago natal. Desde entonces sobrevive como cuenta cuentos y ha desarrollado un idioma propio, una síntesis de las lenguas escandinavas; la excusa perfecta de Knut para conocerla. En uno de sus encuentros, ella manifiesta su deseo de encontrar algún compatriota y conversar en su lengua materna. Este objetivo les llevará a desplazarse hasta Tréveris, al Festival Umami. ¿Qué mejor sitio para encontrar algún superviviente al hundimiento de Japón?

Sigue leyendo

Kuebiko, de Miguel Ángel Carmona del Barco

KuebikoLa palabra japonesa Kuebiko describe la impotencia y el agotamiento físico ante episodios de violencia extendida por doquier. Este elocuente motivo explica su elección como título de una novela que sitúa en su punto de mira el drama de los refugiados. Quien valore una lectura en función de su novedad y/o capacidad de sorpresa, es probable que deba guardar distancias. Si se ha leído algún texto acerca de los horrores de la guerra en Yugoslavia, el trato a los republicanos en su exilio francés, la explotación de los inmigrantes españoles en la Alemania de los 60… es fácil hacerse una composición de lugar. Sin embargo Miguel Ángel Carmona del Barco no se limita a reescribir estos y otros capítulos negros de la historia reciente de Europa e integra ese bagaje en un conjunto de cuatro testimonios. El resultado evoca un escenario agónico donde el peso del relato se carga sobre los costes físicos y psicológicos para sus protagonistas.

Sigue leyendo

Mañana cruzaremos el Ganges, de Ekaitz Ortega

Mañana cruzaremos el GangesNo recuerdo en boca de quien puso Ivá aquella frase de “si no hay disparos, maburro” para referirse a una película. Una de las muchas boutades que enriquecían semana tras semana las páginas de Makinavaja e Historias de la puta mili, y, para qué negarlo, una máxima que ha guiado la industria del entretenimiento desde que Anónimo dejara por escrito las andanzas del más sumerio de todos los reyes sumerios. La ahora medio olvidada distopía es otro campo donde esta afirmación ha alcanzado su máxima expresión. Basta recordar cómo el thriller y la acción han fagocitado una mayoría cualificada de narraciones etiquetadas así, como si dejar al descubierto los mecanismos políticos, económicos, culturales de una sociedad no fuera atractivo suficiente y necesitara de una trama llena de peripecia para arrear a los lectores los proverbiales puñetazos en el estómago. Con ese protagonista corriendo por su vida delante de las tropas del régimen, a tiro limpio y, a ser posible, con una memoria cuántico-cristalina en el bolsillo repleta de información destinada a hacer caer la tiranía. En este contexto de distopía rebajada dos-por-el-precio-de-uno, Mañana cruzaremos el Ganges apuesta por recuperar los sostenes clásicos de estas historias a medida que su narradora, Eva Warren, desnuda las facetas más tenebrosas de su hasta entonces apacible cotidianidad. Y lo aborda gracias a un desarrollo donde gran parte de esa tarea de andamiaje ocurre de manera tácita. No sólo se cuenta a sí misma y su entorno mediante descripciones pormenorizadas de sus acciones y pensamientos; en su labor de despiece son esenciales las renuncias u omisiones adosadas a su relato.

Sigue leyendo