Becoming Superman: My Journey from Poverty to Hollywood, de J. Michael Straczynski

Becoming SupermanYa he escrito alguna vez sobre lo fuerte que me pegó Babylon 5, a pesar de las dificultades para seguir su emisión. Y cómo me quedé después de ver en La 2 el último episodio de la tercera temporada, ese padre de todos los cliffhangers que he convertido en uno de esos ridículos mitos personales, repetido en todo tipo de eventos sociales. Desde aquel descubrimiento, seguí la carrera de su creador, J. Michael Straczynski, con un cierto interés, sobre todo en el mundo del cómic. Sin haber rebasado la categoría de lo notable, ha escrito series que bien merecen una relectura: Midnight Nation, Rising Stars y Supreme Power, este último inconcluso. Aún con esto, no sabría explicar qué me llevó a su biografía Becoming Superman: My Journey from Poverty to Hollywood. Supongo que ampliar la información sobre la producción de una de mis series de televisión favoritas. Y testar el relato de superación de cómo Straczynski se abrió camino en la escritura tras una infancia y una adolescencia traumáticas. Un exorcismo personal y, hasta cierto punto, familiar omnipresente en Becoming Superman.

Sus veinte primeros años de vida son la versión pesadillesca del sueño americano. Con un padre habituado a vivir del engaño entre cogorza y cogorza, y una madre criada en un prostíbulo y, básicamente, secuestrada por su marido desde su primer embarazo, el relato inicial de Becoming Superman entra en la categoría de lo terrorífico. Los abusos padecidos por el guionista de Sense 8, contados por separado, podrían parecer un lugar común (ese padre que, al llegar a casa, apaliza a su mujer y sus hijos; esa madre llevada al límite que casi asesina a su hijo). Sin embargo, puestos uno detrás de otro llevan a la interrogación retórica: ¿cómo pudo salir adelante?

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En busca de Philip K. Dick, de Anne R. Dick

En busca de Philip K. DickNo me atrevería a llamarlo biografía. En busca de Philip K. Dick, de Anne R. Dick –que firma con el apellido prestado– entra y sale de varios géneros, con menos intención que naturalidad, hasta el punto de fijar su inicio no en el nacimiento de Philip K. Dick, como cabría esperar, sino en 1958, cuando Anne y Phil se conocieron, y en ese sentido es menos una biografía que una memoria de su vida compartida. Como tal memoria que es, no es solo un complemento a la literatura crítica sobre Dick: En busca de Philip K. Dick es una grabación en super-8 de nuestro autor sentado una tarde de verano en el salón de su casa. (Si le he llamado Phil es porque la misma autora usa el diminutivo para referirse a él; a ella la citaré por el nombre de pila para diferenciarla de las menciones a Dick, Philip K.).

Anne da menos contexto e indaga menos en la infancia de Dick que Emmanuel Carrère en Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Porque no estamos ante un libro sobre Dick, en realidad, sino ante uno de Anne sobre ella misma, sobre cómo era Phil en casa y sobre cómo era el vivir con él, sobre cómo le veía, y en ese sentido es un tipo de texto nuevo, diferente, sobre cómo vive un escritor, y sobre cómo influyen sus derivas emocionales en la gente de su entorno. Hay menos palos a Dick de lo que podríamos esperar, y el tono de Anne es, a veces, como el de esa persona que quiere justificarse, o el de esa persona que quiere dejarse bien a sí misma y desdecir lo que otros han escrito sobre ella (aunque sea bajo la distorsión literaria de unos personajes novelescos). Todo esto es comprensible dada la imagen, algo brusca y tiránica, que tenemos de ella si leemos a Carrère o si sabemos encontrar las alusiones a ella en las novelas de Dick.

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