Battiato el extraterrestre, de Maurizio di Bona y Alessio Cantarella

Batiatto el extraterrestreEntre las incontables contradicciones que uno termina por aceptarse, yo he dejado de buscar explicación coherente a la manera en la que me conmueven buena parte de las canciones de Franco Battiato. Siendo un descreído bastante profundo, como sólo podemos serlo los que nos educamos en un colegio católico tomándolo todo progresivamente a pitorreo con el paso de los cursos, me pones casi cualquier tema de Fisiognomica, empieza el Franco bueno a explicar que él lo que quiere es «emanciparmi dall’incubo delle passioni / Cercare l’Uno al di sopra del Bene e del Male / Essere un’immagine divina / Di questa realtà» y me falta poco para mojar las bragas.

No llego al extremo de los que alcanzan a disfrutar los discos experimentales de los años setenta (cosa que intenté, pero simplemente está más allá de mi capacidad) más que con alguna canción suelta recuperada más tarde, pero todo a partir de que el caballero decidiera hacia 1978 por alguna razón que iba a dedicar su talento a hacer canciones más o menos normales (muchas veces más bien menos), con L’Era del Cinghiale Bianco, lo compro a ciegas por contradictorio que sea entre sí. Compro y bailoteo las canciones de aspecto un poco tontipop por las que se le recuerda en España; compro y me emociono con las versiones sin relación cognoscible que hizo en tres discos (tituladas Fleurs, Fleurs 3 y Fleurs 2, en ese orden y con diez años de intervalo), que algunas me ponen los pelos de punta; compro y me alucino cuando con más de sesenta años se juntó con un grupo de jovencitas punkis de Cerdeña; cuando se puso a musicar textos incomprensibles del poeta surrealista Manlio Sgalambro; cuando trabajó con orquestas sinfónicas; cuando se fue a tocar y actuar a Irak en mitad de la guerra; cuando grabó la mejor canción de amor de la historia, La cura; cuando, viendo próxima la muerte, escribió una letra en que explica su convicción de que volvería. Y si cualquier paisano me dice que no teme a la muerte porque se va a reencarnar pienso que cómo están las cabezas, pero si me lo dice Battiato, me pregunto qué habrá conseguido entrever que a los demás se nos escapa cuando, ya con el diagnóstico del mieloma múltiple que se lo terminaría llevando, entona con la poca voz que tenía desde siempre pero ya totalmente rota (aún hermosa, emocionante) que «Finché non saremo liberi / Torneremo ancora / Ancora e ancora».

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