Carcoma, de Layla Martínez

CarcomaHola a todos, vengo a descubriros la pólvora. Vengo a contaros ahora —abril de 2026— que uno de los fenómenos literarios de 2021, Carcoma, de Layla Martínez; un libro publicado por una editorial pequeña (Amor de Madre) que ha vendido decenas de miles de ejemplares, ha sido traducido a veinte idiomas, tiene adaptación teatral, y cuya versión en inglés fue en 2024 finalista de uno de los premios más importantes de Estados Unidos, el National Book Award; es, efectivamente, notable.

Más que una novela corta —que también, porque no llega ni a las 150 páginas— podría decirse que Carcoma es una novela concentrada, como esas pastillitas de caldo que apenas ocupan nada en la alacena pero luego cunden mucho. Narrado a dos voces, con los pensamientos de una abuela y su nieta entrelazándose para desgranar la historia, Martínez recoge la tradición de los relatos de casas encantadas (la de Carcoma fue erigida por un proxeneta, a las afueras de un pueblo de Cuenca, poco antes del estallido de la Guerra Civil), y le da una vuelta de tuerca: a sus ocupantes no las atormentan los muertos que las visitan ni las sombras que se deslizan por los rincones, sino su pobreza, su frustración y su cólera por los agravios acumulados durante décadas.

La crítica social es el motor que propulsa una narración tremendamente visceral cuyos personajes parecen, más que individuos con agencia propia, vehículos de emociones descarnadas. La autora nos presenta la lucha entre opresores y oprimidos de forma casi arquetípica, sobre un trasfondo de injusticias que se perpetúan a lo largo de generaciones. La intensidad del texto, alimentada por una estética feísta y un resquemor infinito, no da al lector ni un respiro, y si este cúmulo de excesos logra funcionar es gracias tanto al oficio de Martínez como a su corta extensión.

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