Algunas empresas llevan tomando nota del potencial de estos «futuristas racionales profesionales» que son los creadores de cf y unos cuantos en los últimos años han conseguido mayores ingresos en tareas de consultoría que con su trabajo creativo. Ya en 1990, en una entrevista que hice a Pat Cadigan, me reconoció que esa parcela suponía un porcentaje creciente de su trabajo, y su tarjeta profesional la presentaba como «escritora – futurista». Cadigan no ha publicado ninguna novela original ni colecciones de cuentos desde 1995, pero estuvo por ejemplo en 2015 ofreciendo una conferencia en la Fundación Movistar de Madrid.
William Gibson, el considerado padre del movimiento ciberpunk con su novela Neuromante, se dedica hoy casi de manera primordial a dar conferencias y ofrecer servicios de consultoría. El otro gran autor del subgénero, Bruce Sterling, ha reconocido que disfruta tanto en su labor como «asesor futurista» como en la literaria, ya que la consultoría le permite «influir en discusiones sobre innovación y dirección tecnológica de manera directa y práctica».
PriceWaterhouse Cooper hizo público en 2018 un estudio titulado «Using Science Fiction to explore business innovation». Kim Stanley Robinson, Alastair Reynolds, Tim Maughan o el ya varias veces mencionado Neal Stephenson son otros autores en activo que colaboran con think tanks o empresas, si bien los prejuicios que todavía rodean al género hacen que sus actividades no siempre se hagan públicas.
