Un lugar soleado para gente sombría, de Mariana Enríquez

Un lugar soleado para gente sombríaTras la grata impresión de Nuestra parte de noche, he tardado en regresar a Mariana Enríquez. Sin otra novela reciente que degustar, no tenía el ánimo para su manera de enfocar los relatos. Nada en contra de esa narración en primera persona a través de una mujer involucrada hasta las trancas en un deslizamiento hacia lo fantástico y la consiguiente perspectiva feminista, siempre variada respecto a la ya vista en las historias previas o la que llegará en las siguientes. Pero sí una cierta pereza ante relatos construidos más sobre la atmósfera y la sugerencia, reacios a concluir con una resolución franca. Cosas de mi estado actual frente a la lectura de cuentos, pero también una consecuencia de cómo afronto una colección, quizás sin la debida reflexión tras cada uno, con la sensación en algunos de haber sido cerrados sin terminar de perfilar su sentido.

Sin embargo, ha sido ponerme con Un lugar soleado para gente sombría y disfrutar de la lectura. Una compañera de la tertulia de Santander definía el libro como una sucesión de historias contada una noche de pijamas por gente de mediana edad con el crepúsculo de sus vidas asomándose desde el horizonte. Narraciones de terror lanzadas para proyectar algunos de los miedos más cotidianos de este momento vital: los pecados del pasado (personales, familiares, históricos), el decaimiento del cuerpo, la eterna crisis económica (Argentina)… En su mayoría cuadran el círculo de combinar todo ello sin que se sienta gratuito. Ahí encuentro los que más me han gustado.

En esa lista figura bien alto “Mis muertos tristes”, una posición refrendada por su lugar en el libro: la apertura. Con un aire a fantasmagoría, está protagonizado por una mujer que continúa en su piso después que su madre muriera de cáncer allí; su fantasma la acompaña como lo hacen los de otros muertos en una barriada popular, cercada por la precariedad y una violencia que mantiene a sus habitantes en estado de alerta. Las historias de esa vida asediada por los miedos de nuestro mundo en convivencia con los espantos del que viene después, se encadenan en un testimonio bien tramado que, además, se enhebra en un crescendo en el que no hay atisbo de resolución. Tampoco se echa en falta. En un puñado de páginas, Enríquez ha esbozado temores que ponen en solfa a los vivos y que la narradora sobrelleva con la entereza de saber que poco puede hacer para librarse, más que seguir adelante dejándose mecer por ellos.

Hay muchos cuentos que entran en esta vertiente. El último, “Ojos negros”, se mueve entre los voluntarios que ayudan a las personas más necesitadas de Buenos Aires y que, al final de una noche, se las tienen que ver con un horror diferente, ajeno a su experiencia cotidiana: unos niños que desean entrar en su vehículo y que le producen a la narradora un pánico irracional, refrendado cuando se fija en sus ojos, absolutamente negros. Sin embargo, la manera elegida para terminarlo se me ha antojado vulgar comparada con la de “Mis muertos tristes”. Me ha gustado más “Un artista local”, una traviesa vuelta al horror que aguarda lejos de las ciudades, en un entorno rural abandonado. Su gracia, aparte de este choque de modos de vida, el encuentro con el pasado del país y cómo sugiere la crisis en la pareja, está en una decidida apuesta por un horror imaginativo: huye de los fantasmas para dar forma a una criatura muy loca.

Mariana EnríquezAhora que el body horror ha ocupado el centro del análisis cultural dada la prevalencia del culto al cuerpo o la necesidad de mitigar las consecuencias del envejecimiento, se entiende el peso que tiene en Un lugar soleado para gente sombría, sobre todo en “Metamorfosis”. La transición de una mujer a través de la menopausia, personificada en la retirada de un mioma y su reintroducción en el cuerpo a través de un artilugio mecánico a la mayor gloria de la nueva carne. Un giro que alienta lecturas mientras su protagonista da la bienvenida a una nueva condición que se experimenta como una etapa de descubrimiento y asombro en su arrojarse en brazos de la extrañeza. Enríquez abunda en estos terrenos en “Los pájaros de la noche” y “La desgracia en la cara”, deformaciones de un gótico centrado en los traumas que pasan de madres a hijas y el sentimiento de culpa tras una violación.

Este peso del pasado sobre el presente, de cómo los pecados vuelven para atormentar a quienes los cometieron o han recibido su impacto a través de las palabras o los actos de otros, se comparte en “Cementerio de heladeras”, una historia al borde de lo onírico sobre la culpa y su expiación que traslada el imaginario del cementerio gótico a los restos de una fábrica de congeladores. Este lugar abandonado como símbolo de lo que vuelve para atormentarnos es fundamental también en “Los himnos de las hienas”, aquí en la forma de un antiguo palacete. Un edificio con historia siniestra, ligado a torturas y desapariciones durante la dictadura militar, visitado por una pareja testigo de cómo regresan sus peculiares fantasmas.

En esta secuencia me queda por hablar del relato que da título a la colección. La estancia de una periodista en un hotel de Los Ángeles donde había perdido a su novio drogadicto y su fascinación por un crimen en una habitación cerrada: la aparición de una mujer ahogada en un depósito de agua cuyo cadáver, en descomposición, fue en parte bebido por los huéspedes. Aunque hay una involucración personal en lo que cuenta, “Un lugar soleado para gente sombría” transita sobre todo entre la curiosidad por los crímenes reales y el culto pop a su alrededor

Hay un par de relatos más, construidos desde un humor negro delicioso, pero creo que a estas alturas queda claro qué se puede encontrar en el libro. Una suma de temas recurrentes (crisis económica, los pecados del pasado, el decaimiento del cuerpo) en diferentes combinaciones, contados por narradoras sumergidas sin posibilidad de escape, con más atmósfera y sugerencia que resolución franca. En los más logrados se disfruta mucho. En los menos siempre he sacado algo.

Un lugar soleado para gente sombría (Anagrama, Colección Narrativas hispánicas nº735, 2024)
Rústica. 232 pp. 19.90 €
Ficha en La web de la editorial

Un comentario en «Un lugar soleado para gente sombría, de Mariana Enríquez»

  1. A mí, la verdad, me parece una gran escritora. Como para darle el Cervantes. Hace poco ha sacado el libro ‘Archipiélago’, que es una delicia. Un repaso a sus lecturas y maneras de leer.

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