Dan Simmons, In Memorian

Dam Simmons

El 21 de febrero falleció Dan Simmons. Cuando se conoció la noticia el pasado viernes 27, en la mayoría de los mensajes de pésame, pena, postureo, que vi en Bluesky se imponían dos líneas de recuerdo. La primera, la obligada referencia a Los cantos de Hyperion, el motivo central por el que se convirtió en uno de los autores clave de la ciencia ficción de finales del siglo pasado. La segunda, la deriva ideológica de sus últimos años, cuyo punto de inflexión puede situarse en el 11S y que dejó en las redes sociales mensajes como el que vertió contra Greta Thunberg después de su aparición en la cumbre climática de Nueva York en 2019. Los artículos que han ido apareciendo alternan esta segunda veta con los datos biográficos, siempre socorridos a la hora de contextualizar y llenar página. Para recordarlo aquí en C, fardar que algo lo he leído y validar el sentido de mantener un blog en los tiempos de las IAs, he preferido centrarme en un par de alternativas que enmarcan su manera de afrontar la escritura y por qué merece la pena recuperarlo a estas alturas del siglo XXI, casi 20 años después de la publicación del último libro que tuvo una acogida acorde a su popularidad: El Terror.

Esta alusión no es casual. El primer argumento tiene que ver con esta novela sobre la expedición Franklin y su desaparición mientras buscaba el paso del noroeste. En el momento de publicarse, 2007, todo eran especulaciones alrededor del final de los barcos, muchas de ellas razonables pero con un halo enigmático que convertían el suceso en un atractor para buscadores de misterios. Simmons entró fuerte en el asunto tramando su historia a la manera de las novelas de aventuras clásicas, algo a lo que volvería en The Abominable. Y a ese drama en una de las últimas fronteras, incorporó un elemento fantástico que con cada aparición reafirma cómo la ficción no realista puede acercarse a una experiencia vital de una manera más subyugante que la realista o la no ficción.

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Mis cinco libros de ciencia ficción (8)

NeuromanteEs complicado elaborar la lista de las cinco mejores obras de un género literario tan diverso y amplio, que ya contaba con excelencias antes de que, hace casi un siglo, se le pusiera nombre. La cantidad de libros escritos es ingente y el número de obras maestras elevado. Para colmo, el ser humano y las apreturas nunca se llevan bien (hay personas que se ven incapaces de valorar un libro en una app ciñéndose a un baremo de cinco estrellas, figúrense). Lo mejor que se puede hacer en estos casos es ajustarse a la premisa principal del encargo, así que he configurado esta suerte de top five tratando de ser lo más riguroso posible.

Ninguno de los libros que he incluido aquí están presentes por otro motivo que el de parecerme, realmente, las mejores obras de literatura de ciencia ficción que he leído. No he seguido criterios de utilidad, no he colocado una obra por representación de otras o porque sirva de comodín para explicar todo un movimiento ni por cuota temática. Pueden reunir esas características, por supuesto, ser seminales o resumir todo el género, como ocurre en algún caso, y me referiré a ello en sus apartados correspondientes, pero son virtudes que aluden a la propia obra, no están ahí para dar visibilidad a sus referentes ni, mucho menos, a sus herederos. Estas novelas (pues los cinco libros citados pertenecen a ese género literario) no están en la lista por una labor didáctica, para abarcar lo máximo posible dentro de su género temático, sino porque la calidad intrínseca que poseen, basada en diversos órdenes, me parece superior a la del resto.

Por poner un ejemplo, entre mis elegidos no figura ni una sola de las grandes distopías: La máquina se para, Nosotros, Un mundo feliz, Farenheit 451 o 1984. Todas estas representantes de la falsa utopía, son, a mi parecer, obras mayúsculas. Si hubiera incluido la novela de Orwell, mi preferida entre todas ellas, el subgénero más relevante de la ciencia ficción política, la que más prestigio ha alcanzado, habría quedado representado. No lo he hecho, sencillamente, porque creo que hay cinco novelas de otras temáticas que son mejores que 1984. Sin más. Tampoco he mirado a los autores, por supuesto. Jamás he creído que su sexo, raza, edad, credo, nacionalidad o ideología tengan nada que ver con la calidad de la obra, así que, en una lista basada en esa característica, tanto la biología del autor como su intención pintan, a mi entender, poco o nada.

Como todas las propuestas de este tipo, la lista va a generar una inevitable crítica a las ausencias. En estos tiempos tan amigos de los extremos, que una obra no figure aquí va a significar para unos cuantos mi declaración de que no considero tal o cual libro lo suficientemente bueno. Nada más lejos de la realidad. Detrás de estas cinco podría citar decenas de novelas que me parecen obras maestras, el máximo calificativo que le otorgo a una obra artística. Lo único que señala su ausencia es que las elegidas me parecen mejores. Es mi opinión personal, nada más. Seguro que la gran mayoría de lectores de esta selección tiene preferencias distintas. De hecho, estoy convencido de que habrá pocas coincidencias entre las listas de todos los que participamos, pues el canon, si es que hay alguno, es muy amplio.

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