El futuro ya no es lo que era

Sol

Puede que los datos macroeconómicos amaguen con mejorar en los próximos meses, según distintas fuentes. Pero aunque esa tendencia se confirme como cierta, el ciudadano de a pie no intuye un cambio de viento a su favor. A diferencia de otras crisis previas, ésta ha socavado la fe en el progreso.

“La sensación de precariedad es absoluta. Vivimos al día de una forma impensable hace poco, en la era del mileurismo. Hoy un sueldo fijo de mil euros es un sueño. En diez años puede que veamos en España una extensión real de la miseria, como está ocurriendo en Grecia. Ni la Troika sabe qué hacer con este país”, resume Isabel Serrano, integrante de uno de los grupos que forman parte del núcleo duro del 15-M, significativamente denominado Juventud sin Futuro.

No existen muchos estudios para certificar estas sensaciones; el propio barómetro del CIS no las toca. Uno de los pocos realizados en España es responsabilidad de Antonio Alaminos, catedrático de Sociología de la Universidad de Alicante: “Por ejemplo, los datos del Eurobarómetro muestran una caída en la percepción del status social. En 2000, la mayor parte de la población española se consideraba de clase media-alta. Hoy se ven de clase media-media, pero creo que muy pronto se soltarán de ese clavo ardiendo”. Alaminos, que considera que los aspectos más negativos de la crisis se irán extendiendo a otros países, incide en un “proceso local de desfuturización muy acusado en el caso de España”.

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Nadie me mata, de Javier Azpeitia

Nadie me mata

Nadie me mata

Nadie me mata es una de esas novelas con título oblicuo que se llena de contenido cuando se profundiza en ella. Una obra polisémica con múltiples niveles de lectura que tanto funciona como deconstrucción de un cierto tipo de novela criminal, exploración de la manera en la que se elabora la identidad personal o indagación del hecho creativo a partir de la metaficción. Y aunque su primera mitad me ha dejado un tanto frío, las sinergias que se establecen entre estos niveles han hecho evolucionar mi valoración hasta compartir la opinión del jurado del premio Xatafi-Cyberdark del año 2008, que le otorgó el máximo galardón por delante de obras estimables como Porvenir o Corazón de tango.

El narrador de Nadie me mata despierta en una habitación para descubrir que tiene amnesia. Mientras es presa de una enorme confusión llegan sus primeros escarceos con el pasado: una chica atractiva aparece en su habitación, le llaman al teléfono que encuentra a su lado, acude a una cita donde es testigo de un crimen en el que está implicado… sin abandonar en ningún momento el microuniverso del barrio de la Latina al que pertenece. Pero no el barrio de la Latina de nuestro Madrid sino uno ligeramente “desplazado”, sometido a ataques terroristas en una Europa atemorizada por una pandemia de gripe aviar. Sin embargo el escenario aparece difuminado y se limita a ser un lugar neblinoso que, por contraste, ayuda a enfocar la tragedia que atenaza a los personajes.

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