Transcrepuscular, de Emilio Bueso

Los ojos bizcos del sol 1

Para todo aquel que siga la literatura fantástica española y esté al día, debe de haber sido imposible sustraerse al fenómeno que la editorial Gigamesh, apoyada en una efectiva explotación del estado actual de las cosas dentro del mundillo, ha provocado. Supongo que el autor de Transcrepuscular, Emilio Bueso, estará muy contento con el despliegue y la efectividad de la promoción, pero, a mi juicio, esta ha producido un efecto colateral inverso, una mengua en la atención a la calidad real de la obra y la objetividad en favor de una devoción por el producto. Y como producto incluyo, dado su particular talento para la autoventa, el apellido del propio escritor.

Por decirlo de algún modo, cierta crítica que, aun haciendo el juego, no se reconoce (ni a veces se sabe) parte de la maquinaria publicitaria, se ha limitado a repetir, como si de un mantra se tratara, los argumentos, etiquetas y comentarios que el propio aparato editorial ha ido volcando a través de la sinopsis, de las entrevistas en los medios a editor y autor, de los blurbs, de los textos camuflados como opiniones en Goodreads y otras plataformas de internet. Instrumentos de propaganda que han vomitado una retahíla de conceptos tales como biopunk, evolución por simbiosis, road movie, worldbuilding, ida de olla y un puñado de sentencias más, todas en tono ditirámbico, y que aquellos lectores cortos de criterio han aceptado sin hacerse preguntas, considerando el conjunto como único argumento válido para imprimirle a la novela el marchamo de la excelencia.

Curiosamente, los pocos apuntes propios que he leído provenientes de los reseñadores hacen referencia al desconcierto que el peculiar estilo de Bueso, excesivamente coloquial, ha producido en ellos. Un detalle que, sin embargo, no parece pesar en sus valoraciones finales, derrotado ante el gran número de puntos a favor asimilados, copiados desde el argumentario del propio autor y la editorial. La afinidad de algunos de estos reseñadores con la casa y su escritor es responsable, también, de que el exceso de expectativas ni siquiera haya jugado a la contra, como sucede usualmente cuando se da tanto bombo previo a una obra.

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House Of Leaves, de Mark Danielewski

House Of Leaves

House Of Leaves

Una dedicatoria puede ser un acto de seducción, de pleitesía, de simple agradecimiento. Pero también puede ser más que todo eso. Lars von Trier se inventó una amiga muerta para dedicarle su primer corto y así hacerse perdonar sus inevitables imperfecciones. Mark Danielewski abre su primera novela, House Of Leaves, con un desafiante pronunciamiento: «Esto no es para ti».

La magnitud del guante arrojado por el autor es evidente incluso en la ojeada más superficial al libro: volumen de gran formato, 710 páginas de extensión, texto en diferentes tipografías, colores, tamaños y diseños, imágenes, diagramas, multitud de hojas casi en blanco, notas a pie de página que a veces invaden el texto cual hormigas, en horizontal, en vertical, en diagonal, en ventanas impresas al revés o en negativo, fotos, dibujos, o un peculiarísimo índice onomástico donde, además de los nombres propios, pueden localizarse las apariciones en el libro de nombres, verbos o adverbios de uso corriente como «ver», «otra vez», «oscuro», «hombre», «mujer» y la práctica totalidad del diccionario exceptuando artículos u otras partículas desprovistas de sentido completo.

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