El rito, de Laird Barron

El rito de Laird BarronEl rito es la primera novela de Laird Barron después de una década publicando narrativa breve. Este tiempo dedicado a la escritura de relatos se deja notar en su estructura; está construida a partir de nueve capítulos que conforman cuatro historias interconectadas entre sí. Las dos más extensas comienzan en el tercer capítulo y se intercalan hasta el final en capítulos alternos para componer dos acciones en paralelo que suceden con 30 años de diferencia. En ambas somos testigos de cómo su protagonista, Donald (Don) Miller, se enfrenta al misterio que rodea a su esposa, Michelle. Una antropóloga de prestigio con un insólito gusto por hipótesis extravagantes como la Tierra hueca, con la que mantiene una relación basada en la pasión, el respeto y la independencia.

Michelle realiza viajes alrededor del mundo de los cuales Don tiene una información imprecisa. Barron las utiliza para sembrar semillas de sospecha. La más importante llega en el segundo capítulo, un viaje a México a finales de los años 50. Durante unos días de relax, Michelle recibe una llamada que la invita a acudir a unas excavaciones. Su ausencia desencadena el encuentro de Don con lo extraño, primero en un plano “real» a través de su cruce con unos personajes desconocidos con intereses vagos, y más adelante en un sorprendente giro sobrenatural. Son 40 páginas en las cuales se establecen las pautas de lo que será el resto de la novela, una historia coprotagonizada por una Michelle que como personaje es un gran interrogante, definida por sus ausencias y las consiguientes dudas de Don.

En su periplo, Don está rodeado de una serie de personajes de su mismo sexo: su hijo Kurt, su amigo Argyle, un par de agentes de una agencia gubernamental. Todos ellos se revelan como exploradores cartografiando la parte sumergida de un iceberg; náufragos intentando horadar el enigma del universo femenino con el que conviven, incierto y sutilmente amenazador en la medida que pone en tela de juicio el dominio que creen tener sobre sus vidas. Un tema fundamental en la literatura de terror desde los tiempos de la literatura gótica, entrevisto desde entonces a través de todo tipo de criaturas y que, en una encarnación contemporánea más próxima a la que se observa en El Rito, estaba en el origen de Esposa hechicera, de Fritz Leiber. Una novela traducida hace 25 años en la cual un profesor universitario tenía que enfrentarse primero al misterio de su mujer y después al de todas las compañeras, que desataban sobre ellos una nube de infortunios.

Para aumentar la intriga, tres cuartas partes de El rito ocurren en el Olympic National Park, situado en lo más recóndito del estado de Washington; una zona que mantiene los bosques anteriores a la llegada de los primeros colonizadores. Los Miller tienen allí una casa heredada de la familia de Michelle, los Mock. Sus vecinos forman un heterogéneo grupo de profesionales fuertemente arraigado; de hecho la mansión Mock tiene más de 100 años y cuenta con todo para resultar inquietante, incluyendo un sótano lóbrego y un entorno agreste con un turbador pasado a sus espaldas, con su grupo de leñadores desaparecido a comienzos del siglo XX, unas instalaciones mineras abandonadas y rumores sobre asentamientos más antiguos de lo creíble. Estamos, pues, ante el lugar apartado de la civilización ideal para destilar los miedos más elementales. Entre estos ya he hablado del más “mundano”, asociado al pavor de descubrir que esa persona con la que llevas más de medio siglo de convivencia, has creado una familia, compartido proyectos, es una desconocida. Pero falta hablar del miedo que se cuela de su mano y estalla en el descomunal clímax de los dos últimos capítulos: el espanto cósmico más básico, claramente deudor del que dio aliento a la literatura de H. P. Lovecraft.

Laird BarronLa cita al escritor de Providence era ineludible. El rito explora ese mismo miedo insondable a un universo inabarcable, indiferente, ciego ante nuestra existencia y sufrimiento… cuando no se alimenta de él. Un miedo que toma forma a través de unas criaturas preternaturales y un culto que parecen tener una querencia especial por quebrar el espíritu humano aun cuando las consecuencias finales sean independientes del éxito que hayan tenido en esa tarea. Barron le añade elementos de nuestro tiempo a través de otros ingredientes como una agencia del gobierno consciente de la existencia de estos seres y de su falta de control sobre ellos. Una impotencia que resuena en aspectos más íntimos y cercanos como el resquebrajamiento de la vida de Don cuando descubre que no fue más que un títere en manos de un poder superior, insensible a sus deseos.

Esta perspectiva se enriquece con otro enfoque importante desde el primer capítulo. Un cuento de hadas que recrea la historia de Rumpelstilskin siguiendo la receta mediante la cual Angela Carter recuperó los cuentos folclóricos populares en La cámara sangrienta, despojados de cualquier veleidad moralista, explorando sus entrañas hasta recuperar su terror más esencial con las formas de la literatura neogótica. Aunque Barron hace gala de un estilo más ágil y un humor más evidente. Esta narración en principio no parece tener conexión con el resto. Sin embargo, cuando se retoma durante las últimas páginas, queda integrada en la novela recuperando el sentido admonitorio de los cuentos clásicos, dejando al lector desarmado ante una idea insoslayable. Puede que las formas hayan evolucionado con el paso del tiempo; puede que el proceso de alambicamiento de la ficción haya progresado hasta otros niveles de complejidad; pero en la base de este tipo de historias se presentan ciertos mensajes, ciertos comportamientos, ciertas… verdades imperturbables. Parafraseando la introducción de Ominosus, la antología Lovecraftiana publicada por Fata Libelli, el terror más insidioso “no lo inspira la intrusión de lo extraño, sino la súbita comprensión de que el orden de las cosas siempre ha sido secretamente aterrador”.

Así queda una novela de horror existencial cuya mayor debilidad reside en la parsimonia de Barron a la hora de montar su desenlace. Una conclusión indiscutible punteada con un anticlímax en la forma de un final semiabierto sumamente amargo que deja al lector abandonado al abismo cósmico como hacían los mejores cuentos de su maestro.

El rito (Valdemar, col. Insomnia nº5, 2014)
The Croning (2012)
Trad: Rubén Martín Giráldez
Cartoné. 344 pp. 24.00 €
Ficha en La tercera fundación

7 comentarios en “El rito, de Laird Barron

  1. una pequeña decepción, esperaba bastante mas de este libro, estilísticamente es impecable pero el desarrollo no tanto, se me hizo pesado y aburrido por momentos. Mucho mas interesantes son sus colecciones de relatos The imago sequence and other stories y Occultation and other stories

  2. Magnífica reseña para un libro magnífico. Suscribo todo lo que afirmas con tanta elegancia. El libro que más me ha gustado de cuantos he leído en el 2015. Una joya que no me canso de recomendar. Ojo, para mí, ese ensimismamiento del tramo medio del libro es deliberado … una suerte de aletargamiento ( que conecta con la psicología del envejecido protagonista) y que cobra todo su ( horrible) sentido al final del relato. Me gustó tanto que, por su intensidad, la empatía de los personajes, la » Verdad» que subyace al texto, cobró, para mí, la textura de un Relato Largo, más que de una novela. Y, ah, en mi opinión, la Mansión de los Mock no está situada en la península Olímpica ( donde transcurren los hechos relativos a los mineros desaparecidos) sino en la » base» de dicha península, a una media hora en coche de la capital del estado, Olimpia … ( aunque, reconozco que mi ubicación geográfica no es del todo segura y que puedo haberme equivocado….). De todas formas, muchas gracias por tu reseña: ¿ has leído «nos4a2″ de Joe Hill ( la otra competidora con » el Rito» por el Nocte de este año, y que finalmente, se lo arrebató)?. Yo no la he leído, pero me cuesta creer que supere al Rito, la verdad …. En fin, ojalá veamos más Barron en castellano, y con tan magnifica traducción como la que nos regala Valdemar…Un saludo. Alvaro

    • Escribí la reseña dos meses después de leer el libro y, aunque tenía notas, en la ubicación me fié de mi recuerdo. Seguramente tienes razón (por qué aparece la reseña casi un año más tarde, es otro asunto XD)

      No había pensado en lo de ese aletargamiento como manera de enlazar con el estado del protagonista. Aunque por lo que he comprobado, no llega a funcionar del todo con muchos lectores que desconectan por completo de la historia.

      No he leído “nos4a2″, pero habiendo ganado a «El rito» seguro que merece una lectura. A ver si lío al grupo de lectura que tenemos en la Tertulia de Santander y nos ponemos con él para febrero o marzo. Más o menos es lo que hemos hecho con «El rito» durante varios meses, novela que ha estado cambiando de manos a lo largo de 2015.

      Muchas gracias por tus palabras.

  3. mi nivel de inglés es medio y no tuve ningún problema con los relatos de Barron, lógicamente se me escapaban algunas palabras y expresiones pero podía seguir la trama con facilidad y disfrutar el estilo.

    No me extraña que tu amigo dejara el original de The croning, yo estuve a punto de hacer lo mismo con versión traducida

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