Ominosus

OminosusNunca he sido muy fan de Lovecraft. Mi iniciación a sus Mitos llegó a través de La llamada de Cthulhu, aquel juego de rol en el que la cordura de tu personaje duraba menos que un sobre en una sede del PP. A raíz de aquellas tardes enfrentado a batracios legamosos, criaturas fungosas y presencias ominosas, me leí Dagón y otros cuentos macabros, una de las colecciones publicadas por Alianza. La verdad, no me sentí atraído en exceso por unas historias escleróticas, atravesadas por un lenguaje demasiado recargado para mi tierno gusto. Más tarde leí En las montañas de la locura, relatos aquí y allá, y entré mejor en ese mundo insensible ante el sufrimiento de los personajes que pululaban por él. Pero mi mente ya estaba más orientada hacia otro tipo de lecturas y apenas he vuelto a él puntualmente, más a través de otros autores observando sus mitos bajo “otra mirada” que mediante su obra. Sin embargo en los últimos meses ha regresado a mi pila indirectamente… y con fuerza.

En Navidad devoré El rito, la novela de Laird Barron publicada por Valdemar. Quedé atrapado por su recreación de los grandes temas de Lovecraft y cómo Barron los utilizaba para aproximarse a otras inquietudes caso del pavor que produce lo femenino entre un grupo significativo de varones. Además como huevo de pascua incluía su propia versión de lo que hizo Angela Carter en La cámara sangrienta, arrancando cualquier rasgo edulcorado a un cuento clásico, “El enano saltarín”, y recreándolo hasta incrustarlo en todo su salvaje esplendor dentro de la cosmogonía de su novela. Como cuando uno se siente atraído por un fogonazo queda con ganas de más, he terminado llegando hasta la antología Ominosus; la ofrenda de Fata Libelli a la ficción de tintes lovecraftianos que incluye una novela corta de Barron.

El libro se abre con “Shoggoths en flor”, de Elizabeth Bear, premio Hugo al mejor relato de 2009. Un profesor universitario afroamericano acude a las costas de Nueva Inglaterra en 1938 para observar los shoggoths, unas criaturas aparentemente inmortales que ponen a prueba todo intento de clasificación. Bear se sirve de ellos para abordar una visión un tanto iconoclasta de las historias de Lovecraft; trata los prejuicios raciales de los que se le ha acusado y remodela su universo desde una perspectiva de ciencia ficción, tocando asuntos como la predestinación bológica y el libre albedrío. Su inclusión en la antología es de lo más pertinente. La pena es que en esa labor de adaptación a sus intereses “Shoggoths en flor” apenas tiene relieve como narración y termina siendo un tanto insípida. Bear parece consciente de ello y, de manera gratuita, llega a meter un poco de acción como cuando su protagonista “cae” al agua y corre el riesgo de ser asimilado por un shoggoth. Por otro lado, no puedo ocultar que hubiera preferido su inclusión en Arcana mundi, la colección de relatos de Bear publicada por Fata Libelli meses después de Ominosus. Todos ellos proceden del mismo volumen recopilatorio original y también comparten temas entre sí, caso del encuentro entre inteligencias de diversa naturaleza.

Bastante más me ha llegado “Casas bajo el mar”, de Caitlin R. Kiernan, la confesión desestructurada de un periodista afectado por su relación con una mujer que ha participado en un suicidio colectivo. Situada en California, Kiernan utiliza un testimonio en primera persona, mitad investigación periodística mitad confesión acongojada, para narrar un relato sobre criaturas preternaturales provenientes del océano y el culto que las adora. Su manera de encadenar ambos tipos de fragmentos, cómo los solapa interrumpiéndolos entre sí hasta formar una visión fragmentaria, acumula tensión a pesar de que, en el fondo, lo que cuenta es una adaptación a nuestro tiempo de una historia más vieja que la orilla del mar. Además me ha encantado cómo Kiernan arrastra al lector hacia lo que subyace bajo la piel de “Casas bajo el mar”: las marcas que quedan en las personas cuando una relación se va por el desagüe. Un horror insondable de lo más cotidiano empotrado dentro del panteón lovecraftiano.

El ritoLa tercera y última pieza de Ominosus es la que me ha traído hasta aquí: “El don de la oportunidad”, de Laird Barron. Con un lenguaje rico y en tercera persona, esta novela corta se abre con un retrato de la vida de un grupo de leñadores en la década de los 20 del siglo pasado. Gente ruda, cómoda en su vida apartada de la “civilización” y con un trabajo donde la exigencia física y psicológica no tiene piedad. Una vez quedan presentados, el capataz envía una cuadrilla a cazar ciervos en lo más recóndito de los bosques del estado de Washington, donde se dan de bruces con un culto ignoto que sonará a los lectores de El rito. Sin duda la narración más convencional de Ominosus y, también, la más atmosférica y acongojante, con un clímax apoteósico sucedido de una pequeña escena final aún más aterradora.

Un gran broche para una antología que se nutre del maestro de Providence para ofrecer tres ficciones llenas de matices y de lo más pertinentes. El abismo que abre bajo nuestros pies surge del horror más insidioso; como comentan en la introducción, uno que no está inspirado por “la intrusión de lo extraño, sino por la súbita comprensión de que el orden de las cosas siempre ha sido secretamente aterrador”. Algo que Kiernan y, sobre todo, Barron se preocupan de refrendar alto y claro.

Ominosus: Una recopilación lovecraftiana, de Elizabeth Bear, Caitlin R. Kiernan y Laird Barron
Trad. de Diego de los Santos, Silvia Schettin y Manuel de los Reyes
Fata Libelli 2014
Libro electrónico, 4,90€
Ficha en Lektu

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