Las estrellas son Legión, de Kameron Hurley

Las estrellas son LegiónEn Las estrellas son Legión, dos narradoras en primera persona, Zan y Jayd, cuentan cómo se coordinan para escapar de la Legión; una miríada de naves-mundo basadas en una tecnología de base orgánica y pobladas por mujeres. A imagen y semejanza de los relatos clásicos de naves generacionales, el origen, la razón de ser, la historia pasada de este extravagante ecosistema interestelar se ha perdido y, después del tiempo transcurrido desde su formación, su equilibrio se resiente. Una corrupción que afecta a cualquier ente biológico pone en riesgo su potencial de autoconservación. Esta amenaza explica la frenética lucha que se ha iniciado entre los mundos de la Legión. Hordas de guerreras batallan por hacerse con el control de cada nave y apoderarse de sus recursos. Sin embargo detrás del propósito de ruptura de Zan y Jayd, el gran misterio escondido hasta el tramo final de la historia, hay bastante más.

Kameron Hurley estructura Las estrellas son Legión en tres actos, divididos a su vez en capítulos relativamente breves. Zan y Jayd intercalan sus textos en una secuencia ordenada en el tiempo mientras cubren con un velo de intriga los acontecimientos pasados que han terminado con Zan desmemoriada y atrapada en un ciclo sin aparente fin. Su nave-mundo, Katazyrna, la envía al frente de grupos de tropas a la conquista del Mokshi, el mundo que parece haber escapado de la Legión. No obstante Zan fracasa constantemente y regresa a Katazyrna amnésica, para desazón de su señora. Este detalle, unido a su relato en presente y cómo, a ratos de manera en exceso artificiosa y un tanto cargante, Jayd se guarda cualquier detalle sobre lo ocurrido, imprime una oportuna atmósfera enigmática.

El registro de sus narradoras me parece cuidado. Hurley se centra en sus acciones y las sensaciones que perciben a un nivel básico, y evita las descripciones pormenorizadas o alambicadas, tanto del entorno como los personajes y situaciones que encuentran. Una elección congruente con quiénes son y su cotidianidad. Quizás los momentos de acción sean un poco precipitados, pero no me ha costado seguirla. No puedo decir lo mismo ni del motivo por el cuál Zan y Jayd cuentan su historia ni a quién se dirigen, cuestiones dejados de lado.

Tras una presentación de un centenar de páginas, la inmersión en un lugar narrativo ajeno donde escenario y personajes se exponen sin excesivas claves, se llega a un giro tras el cual las narradoras toman caminos separados en periplos de naturaleza complementaria. El más extenso, el de Zan, tiene la forma de una búsqueda. Una iluminación por etapas durante las cuales se rodeará de un grupo de compañeras y aumentará su grado de conocimiento de la Legión con la vista puesta en recuperar su memoria. Mientras en un entorno cortesano, Jayd afronta un purgatorio relacionado con la expiación de sus pecados. Su testimonio alumbra el funcionamiento de la sociedad tipo y descubre las amenazas al ecosistema de las naves-mundo.

Kameron HurleyEl vínculo entre ambas secuencias se revela cuando los vericuetos de la trama comienzan a girar alrededor de la idea de maternidad. Los diferentes personajes que se materializan en las desventuras de Zan y Jayd ejercen de insospechados portavoces de distintas sensibilidades sobre la gestación y el alumbramiento. Nociones y sentimientos cotidianos (el embarazo como fin y recompensa; el embarazo como invasión, estado alienante y pérdida de la libertad…) enmarcados en un proceso que en la Legión parece disociado del sexo y resulta esencial para la pervivencia de esta civilización, de maneras que escapan a lo que uno podría esperar al comienzo de la lectura. Este apartado del diseño conceptual y cómo se integra en el relato me han parecido espléndidas.

Sin embargo en el segundo acto también se consolidan los problemas más acuciantes de Las estrellas son Legión. El personaje de Zan, al estar desmemoriado, se ha vaciado de contenido y básicamente sirve como testigo en un viaje dilatado y con serios problemas de ritmo. Necesita de una cierta paciencia porque ni la peripecia ni la mayoría de personajes con los que se encuentra suponen una recompensa más allá de esas ideas para las cuales son vehículo. Asimismo invita a ser indulgente a la hora de suspender la incredulidad. El plan detrás de cada acción, y su precisión en los resultados, es digno del cerebro de Lucy, la protagonista de la película Luc Besson, combinado con un “azar” de dimensiones Eganianas (“El asesino infinito“). Mientras Jayd, que ha sufrido una transformación antes de llegar a este punto, se limita a desempeñar su papel sin apenas mostrar lo que hubiera encontrado más atractivo: todo lo referente a su cambio.

Hay otro asunto que ha erosionado mi impresión final. Cómo la brillante incorporación de la maternidad a la trama, y ese macabro lugar narrativo donde la tecnología tiene un soporte biológico, se sostienen sobre un armazón extremadamente conservador: una aventura espacial con una escenografía prima-hermana de la fantasía épica donde los fines últimos de las protagonistas quedan el 99% por encima de sus semejantes. Cómo la ruptura de un orden biológico y social se hace, una vez más, desde la tiranía. Aunque, también es cierto, parecen vislumbrarse pequeños espacios de persuasión y cooperación.

Es una pena que, con la contracción del mercado, las obras clase media, esas que contienen elementos sólidos junto a otros más discutibles, hayan perdido su prestigio y cada lanzamiento editorial necesite un La Novela Que Va A Transformar La Ciencia Ficción. Así con mayúsculas, a voz en grito. Cómo con la brillantina, los concursos, los CMs, los voceros 2.0 y el ruido se hubiera volatilizado el interés por cualquier novela que no sea la prima inter pares, la más rompedora del año. Las estrellas son Legión se ajusta a esa categoría, y me parece bastante recomendable. Sobre todo por cómo ficcionaliza su cuestión central. Aunque en el antiguo Hit-parida de la revista Gigamesh se habría quedado con un 3.

Las estrellas son Legión (Alianza Editorial, col. Runas, 2017)
The Stars Are Legion (2017)
Traducción: Alexánder Páez García
Tapa Blanda. 352pp. 18 €
Ficha en La tercera fundación

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