Mis cinco libros de ciencia ficción (3)

Flores para AlgernonLloro por dentro

Quedarse sólo con cinco títulos de todo lo que he leído (que no de lo publicado) ha sido una decisión muy difícil. Me he peleado conmigo mismo, creo que una parte de mí ha huido a un universo paralelo para elaborar su propia lista. Hay ausencias que nunca me perdonaré, animo a todos, sobre todo a los más críticos, a hacer su propia lista para comprobar lo difícil que es. Hice una primera criba de veinticinco títulos con lo publicado en el intervalo entre los años 60 y 2010. Establecí este límite, por un lado, porque no quería remontarme demasiado en el pasado y por otro porque pienso que la década pasada está aún demasiado próxima para poderla juzgar con objetividad. De estos poco a poco fui eliminando títulos hasta quedarme sólo con cinco. Descartar cada uno era como extirparme un órgano. No satisfecho con el resultado final decidí hacer otra lista. En esta ocasión decidí escoger la mejor novela de cada década. Resultó más sencillo hasta que tropecé con la década de los 90 en la que no encontré ninguna obra que pudiera compararse con las otras. Ya sea por cuestiones de trabajo, por la penuria editorial imperante (sólo Nova publicaba novedades de ciencia ficción) lo cierto es hay muchas novelas de esa década que aún no he leído. Como no era el caso ponerse a devorar en unas semanas todo lo que me faltaba por leer decidí rescatar uno de los libros descartados de mi primera lista.

Los propios títulos

El resultado en orden cronológico de publicación es el siguiente:

Flores para Algernon (1966), de Daniel Keyes. No podía faltar en esta lista un libro que cautiva hasta a los que no les gusta la ciencia ficción. Algo tiene ese relato humano de un hombre con retraso mental que gracias a un tratamiento experimental alcanza una inteligencia superior que sacude el corazón de todo el que lo lee. Keyes es uno de esos autores como John Kennedy Toole que tocó el cielo con un sólo libro. Charlie Gordon, el protagonista de la novela, alcanza un periodo de máximo esplendor que no volverá a repetirse, algo que al fin y al cabo y de manera inexorable nos viene a suceder a todos. El diario, que Charlie escribe al principio con faltas de ortografía y después en una prosa perfecta, es la crónica acelerada y sin concesiones de las fases de la vida. Una parábola que nos incumbe a todos y que explica en parte que la novela se haya convertido en un clásico imperecedero.

Ubik (1969), de Philip K. Dick. El doble término ciencia ficción nos induce a pensar que las historias que pertenecen a este género son eminentemente racionales. En los relatos de Dick esto no suele ser exactamente así. La lógica y la razón se pervierten y sus tramas suelen devenir en grotescas pesadillas. Ubik es uno de sus mejores exponentes, en ella Dick reúne algunos de los elementos más representativos del género como poderes extrasensoriales, viajes en el tiempo (algo sui géneris) o la criogenización para crear un tortuoso viaje alucinatorio que hace que nos planteemos algunas de las cuestiones más trascendentes de la vida. Esto puede sonar un tanto grandilocuente para una novela que rebosa sinsentidos, vueltas de tuerca y parece a ratos cómica, sin embargo es así. ¿Existe un más allá?, ¿es real lo que vivimos?  Ubik es la respuesta de Dick a todas estas preguntas y lo hace con una de las novelas más lúcidas y fascinantes del género.

El mundo invertidoEl mundo invertido (1974), de Christopher Priest. Pertenece a ese tipo de novelas muy infrecuente en la literatura no sólo de ciencia ficción en las que se produce una epifanía que hace que los esquemas preconcebidos salten por los aires. Es un tipo de novelas por el que siento una especial debilidad. Priest concibe uno de los escenarios más extraños y absorbentes jamás imaginados: una ciudad que debe dirigirse imperiosamente por una razón no revelada hacia un punto llamado el Óptimo a través de unos raíles que sus propios habitantes organizados en gremios van instalando. Detenerse resulta impensable, es preciso avanzar hacia el futuro y dejar atrás el pasado. Al final del libro la verdad es revelada lo que obliga a su protagonista, a pesar de sus objeciones, a rehacer la percepción que tiene del mundo. Gracias a una escenificación verosímil y racional la intriga que Priest propone atrapa sin misericordia.

Hyperion (1989), de Dan Simmons. Si quisiéramos ofrecer a alguien algo así como un menú degustación literario con los temas más representativos de la ciencia ficción Hyperion sería una de las elecciones más pertinentes. Un menú gourmet que tendría la ventaja de que quien se quedara con más apetito siempre podría continuar la degustación con La caída de Hyperion, un plato con más posibilidades de saciar. Los seis relatos que lo componen, contados por los peregrinos que se dirigen a las Tumbas de Tiempo, donde esperan encontrarse con la figura mítica del Alcaudón (llamado así por ensartar a sus víctimas), abarcan temas como la religión, viajes en el tiempo, encuentros con alienígenas o la relación con inteligencias artificiales. En sus aproximadas seiscientas páginas Simmons transita de un género a otro, policiaco, bélico, cyberpunk, erótico, humor, romántico.., y siempre en clave de ciencia ficción, con una brillantez extraordinaria.

Nunca me abandones (2005), de Kazuo Ishiguro. Esta novela tiene bastante en común con Flores para Algernon, título con el que comenzaba esta lista y con la que cierro una especie de círculo de la desesperanza. Ambos son libros eminentemente emocionales que indagan en lo humano y poseen un trasfondo alegórico que los eleva por encima de otras novelas. Ishiguro narra con enorme sensibilidad e impregna la narración de una melancolía casi insoportable. El futuro que aguarda a los chicos del internado inglés va conociéndose poco a poco pero se presiente algo siniestro, algo que todos callan y que no obstante se palpa en el ambiente. Cuando los chicos conocen su verdadero destino lo aceptan con una resignación insospechada, en parte porque han sido condicionados para ello pero también porque creen que su vida tiene un sentido más allá de aquel para el cual han sido concebidos. Nunca me abandones es uno de los libros más tristes y hermosos que he leído.

Qué difícil es ser juez o La argumentación y la argumentación

Nunca me abandonesTras terminar esta lista me doy cuenta de que los libros que más me han impactado son los que tratan temas que nos conciernen como seres humanos. Tal vez esa sea la razón por la que la mayoría de ellos no suceden en futuros demasiado lejanos en los que la humanidad hubiera evolucionado a algo demasiado ajeno a lo que ahora somos. Necesito poder identificarme con los personajes, no me interesa la vida de un protozoo gigante flotando en el exótico océano de un planeta remoto o de un transhumano que ha perdido todo vínculo con la humanidad. En cualquier caso lo que le pido a la ciencia ficción es lo mismo que le pido a la literatura en general: una buena historia bien contada. Sé que no es precisar demasiado pero es lo mejor que se me ocurre. Es posible incluso que a la ciencia ficción le exija un par de cosas más que no creo tan necesario en el resto de la ficción como es un enfoque diferente y una buena dosis de imaginación.

Otra cosa de la que me he dado cuenta es de que los libros que he elegido son todos muy serios, extremadamente serios. He caído en el error en el que caemos muchas veces subestimando libros humorísticos o paródicos, novelas como Cuando Alice se subió a la mesa de Jonathan Lethem o El país de las últimas cosas de Paul Auster a las que tengo en gran consideración. Es un prejuicio que algún día espero superar.

Tal vez los escogidos no sean los que más hayan influido en la literatura posterior. Esa sería otra lista distinta que podría estar compuesta por ejemplo por títulos como Neuromante, de William Gibson, Dune, de Frank Herbert, Tropas del espacio, de Robert A. Heinlein, El cuento de la criada, de Margaret Atwood o 2001 una odisea del espacio, de Arthur C. Clarke.

He optado por descartar libros escritos antes de los sesenta para no reincidir en títulos sobradamente conocidos por todos como 1984, de George Orwell, La tierra permanece, de George R Stewart, El día de los trífidos, de John Wyndham, El hombre demolido, de Alfred Bester o Soy leyenda, de Richard Matheson. Por otro lado han quedado fuera autores que destacan sobre todo por sus relatos, como es el caso de Ted Chiang o Ray Bradbuy y otros tan queridos para mí como Brian W. Aldiss, Ursula K. Leguin, Robert Silverberg, Frederik Pohl, Fredric Brown, Philip José Farmer, Margaret Atwood, Arthur C. Clarke, Isaac Asimov, Bob Shaw, Octavia Butler, Gene Wolfe, Anna Starobinets o Paolo Bacigalupi entre otros muchos.

Quién sabe, tal vez en un universo paralelo…

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