Ciudad de jade, de Fonda Lee

Ciudad de JadeEs digno de estudio el complejo que te puede entrar cuando disfrutas con una novela tan aparentemente insustancial como Ciudad de Jade. Una historia encuadrada entre la fantasía y la temática criminal, en la línea de Yendi. Duelo de rufianes, el segundo libro de la serie de Vlad Taltos. Una guerra de bandas por el control de un distrito de la ciudad Adrilanka que no deja de dar golpes de remo desde empujones más propios de un relato de hampones en el Chicago de la ley seca. El discurso cultural dominante sitúa una historia de este pelaje como necesariamente menor y casi ni se entra en la discusión de si ese disfrute es una cuestión de simpatía o puede haber algo más. Esa ausencia de debate, fiarlo todo a «es una mierda, pero es mi mierda», resulta empobrecedor.

Ciudad de Jade, agraciada con el premio Mundial de Fantasía a la mejor novela en 2018 y publicada en España por Insólita Editorial, se sostiene sobre la enésima historia de familias en conflicto por el dominio de un territorio y una sustancia con una base maravillosa: el Jade. Esta piedra preciosa, controlado por un cartel de la isla de Kekon, puede dotar a quien lo porta de habilidades sobrehumanas de diversa índole, desde una percepción afilada a una piel inquebrantable, pasando por la telequinesis o una velocidad endiablada. Aunque dependiendo de la base genética del individuo, su formación, su abuso, puede generar resistencia, hipersensibilidad o dependencia. Como sólo los oriundos de Kekon han evolucionado para poder canalizar esa energía, hay incluso una droga sintética que permite llegar a controlarla, aunque tiene unos efectos secundarios que llegan a poner en riesgo su vida.

Sin entrar en más detalles, la albañilería de mundos detrás de esta construcción es sólida. Fonda Lee niega que se haya fijado en un lugar en concreto, pero no es complicado rastrear de dónde surge Kekon. Hong Kong, Macao y la independencia de Malasia/Singapur están en el pasado y el presente de esta Isla-Estado. Esta base se remueve con todo lo referente a la obtención y uso del Jade, con una riqueza que estimula la curiosidad del lector a medida que se profundiza en su conocimiento. Muy especialmente en el planteamiento de una serie de escenas de acción que exhiben el uso de unas técnicas «mágicas» en la que se entremezcla la estética del bajo mundo del sudeste asiático con el wuxia. Las escenas de acción son frenéticas como consecuencia del acople entre estilo y esa violencia derivada de las diferentes destrezas asociadas a los poderes obtenidos de la piedra preciosa. La descripción de estas acciones sobrehumanas es una de las cumbres de Ciudad de Jade. Esta inmersión es, también, uno de los puntos más peliagudos; en demasiadas ocasiones Lee expone desde ladrillos informativos donde se nos cuenta con todo lujo de detalles la dinámica X o el funcionamiento Y. Prescinde de la sugerencia a través del relato en un lugar narrativo trivializado innecesariamente porque tampoco es particularmente ajeno.

Fonda LeeA esa familiaridad contribuyen los personajes a los que va a seguir el narrador omnisciente: los miembros de los Kaul, uno de los dos grupos criminales dominantes en Kekon, sometidos a la presión constante de los Ayt. El patriarca de la familia, antiguo héroe de la independencia de Kekon, se retiró hace un tiempo dejando la organización a cargo de dos de sus nietos: Kaul Lan, el Pedestal, el puesto de máxima responsabilidad, y Kaul Hilo, su Cuerno, el hombre de armas a cargo de la seguridad. Junto a ellos están Shae, recién regresada después de haber huido dos años atrás del futuro que la esperaba, y Anden, un joven adoptado en su último año de formación en la Academia. Los cuatro obedecen unas pautas que huyen de la extravagancia y delimitan comportamientos bien asentados y en una cierta evolución. Estas previsibilidad enfatiza la presencia de algunos personajes aledaños, como Wen, la ojos de piedra (inmune a los efectos del Jade) que mantiene una relación con Hilo, y, sobre todo, Bero, el verso libre de la novela. El protagonista del primer capítulo que, a partir de su deseo de conseguir de Jade, se terminará convirtiendo en un dinamizador de la trama. Y se presupone llamado a ser clave en las continuaciones.

Aunque permite una lectura autónoma, Ciudad de Jade ejerce de primer volumen de una trilogía que promete abrir su foco en próximos libros con la inclusión de dos potencias extranjeras que plantean un escenario de guerra fría en proceso de calentamiento. En este sentido, el libro es más sencillo que otros recientes que abarcan cuestiones semejantes (los libros de Luna, por ejemplo) pero con claras ventajas. Fonda Lee mantiene un envidiable equilibrio en todos los aspectos sin que el escenario o sus dinámicas se coman a los personajes. Trama a la perfección toda la temática criminal en una novela que ajusta promesa con entrega. Espero que Insólita Editorial nos traiga el siguiente volumen lo antes posible, Guerra de Jade, con una traducción tan satisfactoria como la de Antonio Rivas.

Ciudad de Jade, de Fonda Lee (Jade City, 2017) 
Insólita Editorial, 2019. Traducción de Antonio Rivas
Rústica con solapas. 540 pp. 22,95€
Ficha en la web de la editorial

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