Raylan, de Elmore Leonard, y Justified

Raylan

Raylan, fan and fiction

Entre las muchas series que podrían pasar como “La gran olvidada” en ese panorama de genialidad en el que vive la ficción televisiva anglosajona, mi corazón guarda un lugar para Justified. Lejos del olimpo que ocupan las más grandes (State of Play, The Wire, Breaking Bad, The Office BBC) y un paso por detrás de muchas otras, pero con atractivos únicos como su protagonista, Raylan Givens, ese personaje “pose” al que todo fanboy querría parecerse; una legión de pseudofreaks provenientes de lo más profundo y endogámico de las montañas de Kentucky; o una visión del género policial que recrea y retuerce sus propias convenciones.

Buscando información sobre su origen, descubrí que el marshall Givens no aparece por primera vez en el relato de Elmore Leonard “Fire in the Hole” (2001) sino que fue creado a mediados de los 90 como secundario para una de sus novelas: Pronto. Raylan es una obra muy posterior (2012) que, de alguna manera, intenta canibalizar su propio éxito televisivo mientras ejerce de vademécum para el equipo de guionistas. Hasta el punto que la mayoría de las ideas o personajes que presenta los hemos visto con posterioridad tanto en la segunda como en la tercera temporada de Justified. Sin embargo, como espectador que se acerca a la novela buscando una experiencia complementaria, Raylan se asemeja (y es triste reconocerlo) a un fan fiction mal hecho, un texto sin alma pergueñado por un observador incapaz de trasladar al papel nada de lo que se puede ver en la serie. Lo peor es que tampoco se puede decir que Leonard esté particularmente entonado en la escritura de los diálogos ni la profundidad de sus personajes.

Como comentaba antes, el Kentucky en el que se desarrolla Justified tiene entidad propia. Episodio a episodio, personaje a personaje, crimen a crimen, Graham Yost y su equipo han sabido conjugar la narración policial con el de las grandes sagas criminales; el procedimental más básico con el enredo familiar en el más amplio sentido de la expresión. Se aborda un retrato social, político, religioso sin la definición de otras ficciones televisivas pero sin darle la espalda a la realidad de uno de los incontables Terueles de EE.UU. (como estoy viendo ahora mismo en The Bridge; otra notable ficción de frontera que, si no fuera por su inevitable componente genérico, casi podría verse como una estampa costumbrista). Se retratan relaciones dolorosas como la que mantiene Raylan con su padre Arlo, o contradictorias como la que mantiene el marshall con su némesis, Boyd Crowder; hay desarrollos muy bien llevados como el triángulo entre estos dos personajes y Ava, la excuñada de Boyd. Hay mucho humor en su aproximación a las miserias e incompetencia del bajo mundo del estado del bourbon.

La serie está viva.

Justified

Justified

Raylan, la novela, es cartón piedra. Los personajes pululan por sus páginas, no tienen entidad. Carecen de chispa e ingenio, su incompetencia de vergüenza ajena. Salvo el caso de los ladrones de órganos, están involucrados en asuntos sin sustancia; de hecho el conocedor de la serie comprueba con dolor que tienen más entidad, y están mejor resueltos, en la pequeña pantalla. Mientras, para el ajeno a ese micromundo, lo más probable es que predomine la sensación de totum revolutum. No hay pausa, ni espacio para la reflexión, ni el desarrollo de escenas… Se comienza con la historia de ladrones de órganos, se continúa con los movimientos de una empresa minera para sacar adelante sus planes en una montaña protegida y se termina con la búsqueda de una jugadora de póker que parece haberse dado a la fuga con dinero que no era suyo. En 300 páginas. Corre corre que te pillo.

En cierta forma, esta reseña es testimonio de dos fracasos. Primero el mío, incapaz de leer Raylan sin quitarme de la cabeza una serie de televisión con la que merece mucho más la pena estar las seis o siete horas que puede llevar su lectura. Y después el de Leonard. Para nada enfrentado a una tarea imposible (como ha demostrado Neil Cross con Luther: El Origen), pero sí a una empresa que exigía bastante más de lo que ha puesto en ella. Busquen cualquiera otra de sus novelas que Alianza ha puesto en el mercado y olvídense de este borrón insustancial que no merece la pena ni como lectura ligerita de metro.

Para terminar, la edición tiene su “aquel”. Más allá de errores, me comienzan a cargar las decisiones de traducción que reformulan las ficciones hacia entornos inexistentes. Por ejemplo el marshall Givens aquí es policía judicial, pero la policía local no se ha convertido en municipal ni el FBI en (yo que sé) guardia civil. Creo que me siguen en este camino de exageración. Toda traducción cuando se lleva a estos límites cambia los significados, funciones, comportamientos asociados a la palabra y traspasa fronteras que pueden dinamitar la verosimilitud de la ficción. Esto es también evidente, una vez más, en la manía de cambiar las unidades de medida que se utilizan en otros países para adaptarlas a las nuestras. En EEUU la velocidad se mide en millas por hora, no en kilómetros por hora. Si alguien no sabe cuánto es eso, que coja una calculadora y haga su conversión. Así de paso se evitan las torpezas propias de una edición que, a veces, se ha olvidado de hacer esas conversiones y donde se pueden encontrar cantidades en una unidad o en la otra.

Raylan (Alianza, 2012)
Raylan (2012)
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Rústica. 312pp.

Un pensamiento en “Raylan, de Elmore Leonard, y Justified

  1. Yo estoy ahora con Justified (comienzos de la segunda) y a fe mía que es una de esas series que, como dices, no está en el Olimpo, pero sí son enormemente disfrutables. Veo que Elmore Leonard no te está convenciendo, una pena, le tenía en autores futuribles a los que echar un ojo, pero visto lo visto…

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