Mataré a vuestros muertos, de Daniel Ausente

Mataré a vuestros muertosLas cuatro damas, Los nombres muertos, las dos primeras novelas Holmesianas de Rodolfo Martínez, Infierno nevado, Profundo, El joven Lovecraft… durante los últimos lustros las obras de “inspiración” Lovecraftiana también han arraigado en España hasta el punto de constituir un género en sí mismo. Se podría llegar a pensar que, a imagen y semejanza de las historias de espada y brujería a lo Conan, el número de combinaciones entre sus elementos son limitadas y leídas un par leídas todas. Sin embargo el material de partida es tan maleable y tan fácil de adaptar a cualquier lugar del espacio y el tiempo, que siempre resulta atractivo acercarse a ver los nuevos enfoques. Tal es el caso de Mataré a vuestros muertos.

Desde su primera página, Daniel Ausente establece las pautas del escenario. Una Barcelona urbana heredera de la temática quinqui de los años 80: vida en las calles, pisos donde se trapichea con droga, fiestas clandestinas en locales clausurados… Es una geografía abonada para pandilleros, madres coraje, estudiantes… gente de barrio enfrentada a un mal que ha vuelto a tomar forma tras años de inactividad. Y, puntualmente, introduce breves flashes del pasado a través de pasajes en primera persona, fragmentos a través de los cuales penetran narradores que escapan a esa perspectiva general.

La caracterización es rápida y certera. Poco sentido tendría profundizar en ella en una historia pulp donde la inmensa mayoría son carne de cañón, el ritmo lo es todo y no hay espacio para tiempos muertos. A esto contribuye un discurso fresco, directo, inmisericorde con el sufrimiento de sus personajes pero para nada exento de humor. Un humor negro como ese terror que acecha desde la parte más antigua de la ciudad y amalgama lo más abyecto de sus entrañas.

Es llamativa la comparación entre la presencia ominosa y el lumpen protagonista de la novela. Contra lo que pudiera intuirse, infunden más respeto los desencuentros por un ataque de cuernos, las reyertas entre dos bandas rivales o el mindundi que viola a una estudiante de Erasmus que esa criatura tentacular que esporádicamente se lleva a una, dos o tres víctimas. Aunque en Mataré a vuestros muertos hay una puerta entornada hacia el horror cósmico, el miedo que impregna sus páginas nunca deja de volar a ras de suelo.

La única faceta negativa del libro no me ha llegado por el contenido sino por el formato del libro electrónico en el que lo he leído. Antes de nada he de aclarar que dispongo de un kindle y, como es más o menos sabido, no es capaz de leer por sí mismo el formato ePub en el cual lo sirve la editorial. Tuve que utilizar el programa habitual para estas conversiones, el Calibre, para pasarlo al formato mobi. No las tengo todas conmigo para acreditar el desastre al que me he enfrentado; si el desaguisado se debe al libro original o al programa utilizado para convertirlo (que no me había fallado hasta el momento). Una lectura insufrible donde los saltos de línea quedaban completamente descuadrados y en la que sólo un tamaño de letra generoso me ha evitado el engorro de encontrarme líneas terminando antes de la mitad de la página. Sería conveniente que Prosa Inmortal surtiera sus títulos en dos o tres formatos dependiendo de los dispositivos más comunes y evitara a los (contados) lectores en digital una experiencia que disuade de volver a apostar por uno de sus productos. Un aspecto que merece atención especial cuando encontrar tus libros en papel más allá de las dos grandes urbes es una quimera.

Mataré a vuestros muertos (Prosa Inmortal, col. Bestias Pardas, 2015)
Libro electrónico. 138 pp. 3 €
Ficha en la web de la editorial

Un pensamiento en “Mataré a vuestros muertos, de Daniel Ausente

  1. Hola! Gracias por tu crítica. Para nosotros el tema digital es nuevo y nos está dando problemas. Pero estamos convencidísimos de que se va a solucionar a partir de Prosa Inmortal 3, que ya ha salido en papel, pero aún no en digital (esperamos que sea este verano), y que estamos cuidando para que quede perfecto en su versión no impresa. Gracias por la paciencia.

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