El efecto performativo de la ciencia ficción. Consultoría y conclusiones (5 de 5)

Ponentes cyberpunk

Algunas empresas llevan tomando nota del potencial de estos «futuristas racionales profesionales» que son los creadores de cf y unos cuantos en los últimos años han conseguido mayores ingresos en tareas de consultoría que con su trabajo creativo. Ya en 1990, en una entrevista que hice a Pat Cadigan, me reconoció que esa parcela suponía un porcentaje creciente de su trabajo, y su tarjeta profesional la presentaba como «escritora – futurista». Cadigan no ha publicado ninguna novela original ni colecciones de cuentos desde 1995, pero estuvo por ejemplo en 2015 ofreciendo una conferencia en la Fundación Movistar de Madrid.

William Gibson, el considerado padre del movimiento ciberpunk con su novela Neuromante, se dedica hoy casi de manera primordial a dar conferencias y ofrecer servicios de consultoría. El otro gran autor del subgénero, Bruce Sterling, ha reconocido que disfruta tanto en su labor como «asesor futurista» como en la literaria, ya que la consultoría le permite «influir en discusiones sobre innovación y dirección tecnológica de manera directa y práctica».

PriceWaterhouse Cooper hizo público en 2018 un estudio titulado «Using Science Fiction to explore business innovation». Kim Stanley Robinson, Alastair Reynolds, Tim Maughan o el ya varias veces mencionado Neal Stephenson son otros autores en activo que colaboran con think tanks o empresas, si bien los prejuicios que todavía rodean al género hacen que sus actividades no siempre se hagan públicas.

Lo mismo ha ocurrido con la formación por parte del presidente Emmanuel Macron del llamado Equipo Rojo del Ministerio de los Ejércitos en 2019. Macron creó cuatro equipos asesores para estudiar coyunturas futuras, y uno de ellos estaba compuesto de seis autores de ciencia ficción… de los que no se ha revelado el nombre, aunque según un comandante entrevistado por France 24, Macron incluso pidió una línea de alta seguridad para consultar a los autores en caso de emergencia.

Jerry PournelleNo hay confirmación oficial de que Estados Unidos haya tenido un grupo de escritores de cf como asesores en algún momento. Sí existió un Think Tank bastante activo sobre todo en los años ochenta, el Citizen’s Advisory Council on National Space Policy, presidido por el escritor Jerry Pournelle y en el que no sólo participaron también otros autores significativos como Robert Heinlein, Poul Anderson, Gregory Benford o Larry Niven (todos de reconocidas simpatías conservadoras) sino también militares retirados, astronautas como Buzz Aldrin o científicos como Marvin Minsky. Más allá de dar nombre al proyecto Guerra de las Galaxias reaganiano y algunos documentos, no consta que su influencia haya sido muy fructífera dada la disminución de la presencia estadounidense en el espacio durante su periodo de actividad.

Casi todos los nombres de escritores que han ido surgiendo se corresponden a autores que comenzaron su carrera literaria en el pasado siglo, y prácticamente todos son de origen estadounidense. ¿Qué posibilidades performativas tiene hacia el futuro la cf actual, que además cada vez se publica con repercusión internacional en más países? A mi juicio, y con la excepción ya expuesta de la cf china, muy poca. Esto sería objeto de otro artículo extenso, pero puede resumirse en varias razones.

La primera es que la cf como género tiene un problema serio de autoconsciencia y metarreferencialidad. Uno de los conceptos que se manejan para definirla es que se trata de una «literatura de ideas». Aunque es una afirmación incompleta, sí es cierto que la práctica totalidad de los argumentos del género parten de lo que el académico canadiense Darko Suvin denominó novum: un invento, una novedad tecnológica, una situación social o un cisne negro histórico, en alguna medida plausible, que supone un cambio respecto al mundo que conocemos. Cuando un novum se hace realidad, por lo general casualmente, es el momento en que se suelen publicar esos artículos sobre profecías y cf.

Un caso de concienciaLa cuestión es que la cf tiende a pensar que los nova quedan gastados por el uso, y por tanto resulta difícil incidir en nuevas historias sobre ellos. La sombra de la trilogía marciana de Kim Stanley Robinson dificulta que nadie se tome en serio una nueva narración realista sobre la colonización de Marte; Cita con Rama, de Arthur C. Clarke, deja sentado el tema del objeto extraterrestre que aparece en el sistema solar con aspecto inicial de ser un cometa o asteroide errante; siempre se juzgará una historia sobre cómo aceptarían los extraterrestres el cristianismo a la sombra de Un caso de conciencia de James Blish y Rakhat de Mary Doria Russell. (Estas cuatro obras citadas serán sin duda libros de cabecera si se plantean escenarios como los que describen). Etcétera.

El cine y la literatura no especializada en cf no tienen en cuenta este factor, pero a cambio, cuando autores como Cormac McCarthy, Margaret Atwood, Philip Roth o José Saramago, entre otros, escribieron narraciones situadas en escenarios futuros, o cuando obras recientes son publicadas por editoriales como Anagrama o Tusquets, reutilizan nova sin el menor problema (posiblemente porque sus autores ni siquiera son conscientes de ello, sino que han llegado hasta esa idea de forma independiente). Además en los libros se especifica siempre que esas historias no son ciencia ficción, ya sabemos que ante el temor de contagio.

Un medio que el género de la cf está encontrando para liberarse de esta «tiranía del novum usado» es la afortunada incorporación progresiva de narradores de distintos orígenes al género. Las mujeres escritoras han pasado de poder contarse con los dedos de una mano en los años cuarenta a ser una minoría progresivamente destacada desde los sesenta, y mayoría en la actualidad. Se han ido sumando además nacionalidades, colores de piel y orientaciones sexuales, presentes con anterioridad pero que han pasado de escasos a extendidos y, sobre todo, a tener protagonismo en las tramas.

Sin embargo, como lector algo encallecido, mucha de la cf actual parece «aventura espacial, pero con personajes fluidos» o «futura sociedad ciberpunk, pero en Nigeria» (estos dos ejemplos se corresponderían con las obras de Ann Leckie y Tade Thompson). Literatura bien escrita, pero que transmite la sensación de que ha perdido por el camino la capacidad de sorpresa, y su principal novedad es un tanto cosmética.

El segundo problema es la fatiga combinada que produce la eclosión popular de las distopías desde el éxito de Los juegos del hambre de Suzanne Collins con el presente que vivimos, que tantas veces parece el periodo previo a un desastre incalculable. A lo largo de su historia, el lector de cf ha querido pensar sobre el futuro, pero en general para ver éxitos, sueños, retos a superar. De las diez mejores distopías publicadas en el siglo XX, seguramente solo hay dos, Mercaderes del espacio de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth y En alas de la canción de Thomas M. Disch, que se publicaran originalmente en una colección especializada en ciencia ficción. Incluso la venerable tradición pesimista de la cf británica, única en el género y directa heredera de H. G. Wells, terminó subyugada desde los años noventa por una oleada de excelentes autores de grandes aventuras espaciales, encabezados por el mencionado Iain M. Banks.

Soñar de otro modoLa cf actual se ha blindado contra el pesimismo, parece considerar las profecías siniestras como cosa de Black Mirror. Los destacados ensayos sobre el género publicados por Francisco Martorell hace un pocos años se titulan significativamente Contra la distopía y Soñar de otro modo, y rebosan de buenos argumentos para buscar nuevos caminos.

En consecuencia, en la cf literaria, que siempre ha ido un paso por delante de la audiovisual, predominan ahora subgéneros como el cuasi pastoril denominado hopepunk, la historia alternativa o ucronía, o la aventura espacial escapista. Por supuesto hay excepciones, pero por ahí van las tendencias dominantes.

En el futuro, por tanto, es posible que las influencias performativas de la cf no lleguen tanto por parte de la literatura sino a través de otros vehículos: el cine, las series de televisión, los videojuegos, los cómics o los animes y mangas japoneses. Quizá, también, de esa creciente influencia china en el género. Sin embargo, a corto plazo las decisiones parecen tomarlas el grupo de tecnoligarcas que, además de haber leído los tópicos libros de autoayuda y de gurús de gestión, tienen como principal influencia puramente literaria a Asimov, Heinlein, Dick, Stephenson o Banks. Autores que seguramente querrán conocer a quienes estén inquietos por nuestro presente y potencial futuro, y deseen sumar sus perspectivas a esas otras que ya arrojan su sombra sobre la opinión pública.

2 comentarios en “El efecto performativo de la ciencia ficción. Consultoría y conclusiones (5 de 5)

  1. Veo que la comunicación entre los lectores y los autores, sigue estando circunscripta a los mensajes en el blog. ¿Julián Díez, por esas casualidades de la vida usás Facebook y se te podría contactar por allí? Seguimos anhelando poder recibir actualizaciones vía email y tener la posibilidad de compartir las entradas, en otros sitios, o al menos, comunicarnos directamente con quienes firman las notas aquí. Saludos (@fantastiqueros)

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