Robopocalipsis, de Daniel H. Wilson

Robopocalipsis

Robopocalipsis

Vaya por delante que en una hipotética guerra de robots contra humanos, me pondría del lado de los robots. Reconozcámoslo, el único régimen político que puede meternos en cintura de una santa vez es la dictadura del robotariado. Así que, aunque aprovecho la ocasión para ofrecer mi lealtad a nuestros futuros amos robóticos, intentaré ser lo más imparcial posible.

Porque Robopocalipsis va de eso, la rebelión de las máquinas, el síndrome de Frankenstein de toda la vida, contado por enésima vez ¿Encontraremos esta vez algo distinto, un punto de vista original en un tema clásico de la cf? Veamos; el doctor Hank Pym logra crear en su laboratorio la primera Inteligencia Artificial consciente; Ultrón V, quien, tras balbucear el clásico “¿papá?” se cosca de que es el último de una saga de conejillos de indias cibernéticos sacrificados en aras de la ciencia, así que ya a la tercera línea de diálogo, presa de un Edipo frustrado, se rebota. Que si es un ser superior, que si los humanos estáis acabados como especie, que os voy a borrar de la faz de la tierra, en fin, el habitual discurso de máquina con delirios de grandeza, fruto del típico subidón de neonato.

El caso es que HAL se carga al buen doctor y huye a un bujero en Alaska, previamente acondicionado por unos cachos de carne engañados por el propio ordenador loco. Allí, desde la clandestinidad de su zulo, GladOS crea un virus para manejar a toda la juguetería electrónica de ese futuro cercano en el que Wilson sitúa (iba a poner “ambienta”, pero me lo he pensado mejor) su novela. Así, llega por fin el día en que la sofisticada tecnología que nos rodea se pega un gratificante baño de sangre que hubiera hecho las delicias de todo un Bender Rodríguez. Pero tras los minutos iniciales de desconcierto, el inquebrantable espíritu humano, ese rey de la creación que da lo mejor de sí mismo en los momentos difíciles, organiza la resistencia. Gracias al heroísmo individual de varios personajes (resulta inquietante la machacona insistencia de la novela con el heroísmo), la humanidad, unida contra el enemigo común, se encuentra en disposición de luchar por su libertad. Es una especie de remedo idealizado de la II Guerra Mundial, la última guerra “buena” para el inconsciente colectivo usamericano, en la que fueron los buenos y salvaron al mundo.

Evidentemente no, no es un tratamiento muy original. Daniel Wilson coge el temor del hombre moderno ante el progreso tecnológico sin progreso moral y la situación de constante cambio que conlleva, lo tira a la papelera y se decide por la épica hollywoodiense. Y es que la novela no es más que un guión cinematográfico algo más elaborado, que emula obras como Guerra Mundial Z de Max Brooks (ya anteriormente Wilson publicó una guía de supervivencia ante un levantamiento robot, a imitación de Zombi – Guía de superviviencia, también de Brooks) depurando la técnica del fix up, de la novela construida a base de la fusión de relatos cortos.

La historia se estructura mediante capítulos muy breves protagonizados por diferentes personajes, a modo de escenas de una película en las que siempre pasa algo. Al principio son sólo pequeños indicios y sustos, recursos habituales de película de suspense; el comportamiento inquietante de la tostadora, el muñeco de mal rollo, la aspiradora no quiere aspirar, la nevera está leyendo a Marx, etcétera. Y luego ya va directamente al turrón, escenas de acción a tutiplén; infiltraciones, persecuciones, asedios, grandes robotazos, sacrificios heroicos, niños en peligro, roboces buenos, tiros, explosiones… En resumen, todo lo que se supone que arrasa la taquilla. No le falta ni el final abierto. Algunos de los personajes aparecen a lo largo de toda la novela, generando algo parecido a un hilo argumental y otros cuentan la película según les afecta, ampliando el paisaje de los hechos. De este modo, la historia no se enfanga en terrenos reflexivos o especulativos, ni es necesario desarrollar demasiado los personajes ni el ambiente, ni siquiera hace falta trabajarse una mínima verosimilitud. Con lo que se logra mayor agilidad y el objetivo fundamental; entretener a cualquier precio. Lo malo es que, personalmente, la lectura de un artefacto pensado fundamentalmente para lo visual y la regurgitación de lugares comunes ya vistos mil veces, me ha aburrido un pelín. Bueno no, me ha aburrido bastante, la verdad. Muerte a todos los humanos.

6 pensamientos en “Robopocalipsis, de Daniel H. Wilson

  1. Gastar un título tan genial así… Yo estoy contigo en lo de la dictadura del robotariado. Fundemos nuestro propio Partido Cibernético Transhumano.

  2. Bueno, todavía están libres “Insectgedón” o “Alienvasión”, Wilson es un tipo que promete y nos puede dar muchas alegrías.

    No creo necesario un partido político, yo tengo todas mis esperanzas depositadas en los ordenadores cuánticos, cuando se espabilen y se pongan a mandar va a ser un descanso y un alivio.

  3. ¿Hank Pym? ¿Ultrón? ¿Esto es un libro o un tebeo de los Vengadores? (de los de antes, claro, estos de película de ahora los desconozco).

  4. Es broma, claro. Es que la escena en la que Archos (el verdadero nombre de la IA mala) toma consciencia de sí misma y se carga al sabio que la creó es igualita, igualita al nacimiento de Ultrón en aquel mítico número de los Vengadores. Y claro, no pude evitarlo.

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