El pueblo de los malditos, de John Wyndham

El pueblo de los malditosRunas parecía decidida a recuperar las grandes obras de John Wyndham con nuevas traducciones. Inexplicablemente, después de cuatro títulos, se quedó sin editar la guinda, la novela que mejor se mantiene a pesar del tiempo transcurrido desde su publicación original (1957) y más ha calado en la cultura popular. Entre otros formatos, dan fe las dos adaptaciones al cine dirigidas por Wolf Rilla (1960) y John Carpenter (1995). Ha tenido que ser RBA quien por sorpresa recuperara Midwich Cuckoos con la referencia de ambos filmes en su cubierta: El pueblo de los malditos. Además con una nueva traducción de Natalia Cervera que actualiza el texto a los estándares de edición más exigentes y clava el minucioso estilo expositivo de Wyndham. El gran clásico de la ficción apocalíptica británica cuya manera de sumirse en lo catastrófico era tan idiosincrásica que terminó llevando a Brian Aldiss a etiquetarlo de cosy catastrophe (catástrofe íntima/acogedora).

Todo empieza con el regreso del narrador y su mujer a Midwich tras haber celebrado su cumpleaños en Londres. Al llegar se encuentran la carretera cortada. Toman una vía alternativa y se dan de bruces con una situación espeluznante: al entrar dentro de unos límites concretos, se pierde el sentido, algo que termina ocurriéndoles a ellos. Ahí la novela pasa a contar lo que sucedía en Midwich en los momentos previos a ese fenómeno. Lo experimentado por las gentes en el meollo de un acontecimiento inexplicable que desaparece como llegó, dejando a (casi) todas las mujeres en edad de procrear embarazadas. Este fenómeno comunal se ve redondeado nueve meses más tarde cuando los alrededor de sesenta partos sincronizados dan a luz a niños y niñas con las mismas características: unos ojos dorados, pelo rubio apagado… y un influjo formidable sobre las personas a su alrededor.

Como otras veces en Wyndham, el narrador se gana la vida escribiendo y el texto que tenemos ante nosotros es su forma de relatar lo vivido. Cuando él es el interlocutor, desarrolla en primera persona su implicación en el asunto. Cuando no, toma un papel de reportero para relatar esas vivencias/relatos e incorporarlo a la memoria oficial del suceso. Todo con el nivel de detalle necesario para especular alrededor de las ideas y transmitir una manera de ver el mundo conservadora pero, también, tremendamente abierta. Hasta el punto que leído setenta años después de su escritura, El pueblo de los malditos mantiene intacta su fecundidad en su forma de capturar miedos pero, también, a la hora de crear conjeturas.

Condicionado por la lectura de David Pringle, me ha sorprendido el blurb que ha utilizado RBA para poner en la cubierta delantera. Una frase de Margaret Atwood que remite a un artículo publicado en 2015 en la revista Slate que explora sobre todo su relación con la maternidad

In my opinion, Wyndham’s chef d’oeuvre is The Midwich Cuckoos; it was published in 1957, just as I was 17 and going off to university, so it was a good time for me to be thinking about the consequences of being impregnated by an alien while unconscious, then giving birth to an alien species that ruins your life. The Midwich Cuckoos was certainly a graphic metaphor for the fear of unwanted pregnancies as experienced by the teenage girls of that pre–birth-control era. I myself had a dream about a highly intelligent nonhuman baby after reading this book, although the infant was green; so Wyndham must have been connecting strongly with the collective unconscious.

Y es aquí donde la cosy catastrophe se hace evidente. Los testimonios reunidos por el narrador se maceran en el shock que causa la noticia de los embarazos y el trauma de quedarse en estado sin haberlo buscado; posteriormente, durante la gestación, se vislumbra el pánico a perder el control sobre tu cuerpo, la imposibilidad de interrumpir el embarazo, tomar decisiones con libertad (el matrimonio; abandonar el pueblo); en todo momento sobrevuela la intervención implícita de un estado que observa y actúa con unas intenciones ambiguas: la preparación del lugar donde realizar el alumbramiento tanto puede verse como una búsqueda del cuidado de las madres y los neonatos como la manera más fácil de asegurarse que el experimento siga adelante. Wyndham abarca una miriada de temas, siempre con un tono estoico donde se contienen la mayoría de arranques viscerales. La desesperación opera a un nivel más íntimo, casi reprimido, donde la emoción suele quedar sometida a la razón, el pragmatismo y mantener la pátina de la civilización.

John WyndhamEstas cuestiones se enriquecen cuando Wyndham da el gran salto adelante a mitad de El pueblo de los malditos. Un hiato de nueve años durante el cual el narrador abandona Midwich para regresar en el momento en el cual la realimentación entre niños y adultos ha llegado a un punto de ruptura. Toda la tensión larvada y la incomprensión desatan una serie de actos que conducen hacia un desenlace vertiginoso en el cual no llega a perderse ese control de enfrentamiento entre estructuras organizadas. Ambas, la colectividad de los niños, las individidualidades de esa humanidad (ahora sobre todo masculina) inglesa, mantienen una entereza digna de los mitos trágicos del Reino Unido. Con la emoción al mínimo y una integridad entre la fantasía y el surrealismo, en su interacción florecen las otras grandes nociones por las que es se recuerda el texto: el mundo de la guerra fría y el pánico nuclear; el colapso de la idea imperial; el abismo del cambio generacional; el temor al comunismo, a la pérdida de la individualidad y del libre albedrío; el hastío ante los chavales que no te ceden el sitio en el bus y han empezado a escuchar esa música de ritmos tribales que viene del otro lado del charco…

Es en este desenlace donde Wyndham termina de presentar su candidatura a maestro de la ciencia ficción del fin del mundo, con ese apocalipsis suave en el cual los personajes caminan por el filo del dilema sobre cómo resolver el escenario. ¿Es posible coexistir con lo ajeno? ¿Hay camino para la integración o, al menos, a compartir la campiña juntos o segregados? La solución, planteada a modo de mal menor, tiene unas connotaciones aterradoras. En clave de invasión sutil, por cómo asoma la hipótesis del bosque oscuro décadas antes de su formulación. Pero más por lo que supone de ruptura del contrato social para asegurar la pervivencia frente a la xenogénesis. El pasmo cuando los comportamientos que se tienen por ajenos e incomprensibles legitiman la contestación para sesgarlos; el pesimismo de no encontrar camino a la convivencia o, al menos, compartir el mismo espacio; la crudeza de verse obligado a actuar ante la certeza de que la otra parte lo hará llegado el momento.

Esta zozobra abisma al lector todavía más, empujado por la economía narrativa de Wyndham, que cierra la novela nada más llegar a la resolución. El debate, ya asentado en las páginas previas, no se enfatiza o continúa una vez mostrado el desenlace argumental. De seguir, lo hace en ese diálogo íntimo al cerrar el libro cuando ya está todo contado, se han planteado las preguntas adecuadas y las zonas de incertidumbre no reciben una respuesta clara. Un final que aúpa El pueblo de los malditos a esa categoría de clásico que sobrevive al paso del tiempo.

El pueblo de los malditos (RBA, col. Novelas de terror, 2026)
Midwich Cuckoos (1957)
Traducción: Natalia Cervera
Rústica. 256pp. 21,90€
Ficha en la web de La tercera fundación

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