Crímenes reales, de Samantha Kolesnik

Crímenes realesLa fascinación por el true crime lleva años entre nosotros. Las series (pseudo)documentales, los programas con reconstrucciones, los podcasts, la literatura construida a su alrededor, no parecen dar síntomas de agotamiento. Me he acercado a algunos, sobre todo en los orígenes de la ola en las plataformas (The Jinx, Making a Murderer, Asesinato en León, Cómo cazar a un monstruo…), pero en general me he mantenido a una distancia prudencial. La faceta dramática impuesta en el “montaje” y el inevitable sensacionalismo imprimen connotaciones pop a sucesos atroces y tiñen la dimensión emocional y humana con carices más incómodos, si cabe. Una vertiente sobre lo cual Samantha Kolesnik ha construido esta novela corta, traducida por Shaila Correa.

Su inicio es desagradable. En primera persona Suzy, una adolescente, cuenta lo que es la convivencia con su madre y Lim, su hermano, mientras padece de la primera todo tipo de malos tratos, abusos sexuales incluidos. Kolesnik no ahorra en detalles al representar esta dinámica iniciada en su infancia y desencadena pronto la respuesta por parte de ambos, en una explosión que les lleva a matar a su madre e iniciar una huida que termina con él en la cárcel y ella entregada a una familia adoptiva.

Esta primera mitad de Crímenes reales, una arrolladora secuencia de estampas atroces en unas relaciones entre la amenaza segura y la sospecha constante, siembra el sustrato de existencia hostil donde se macera Suzy. El mundo es un lugar de empatía exigua; para ellos, para las personas con las que coinciden, para quienes tienen la mala suerte de cruzarse en su senda. Y caprichosos los motivos para desencandenar la crueldad que acumulan. La tensión camina pareja de un argumento enfermizo que amaga con hacerse más soportable cuando llega el giro y Suzy parece encontrar una relativa normalidad. Pero ahí la violencia llega de manera más artera.

Samantha KolesnikUna vez Suzy se libera de los yugos más evidentes, le toca pilotar en solitario, sin nadie que la apoye o la empuje. Y aquí es donde más se aprecia el trabajo de Kolesnik, cómo explora la sociopatía de Suzy mientras se enfrenta a las mierdas de la vida cotidiana y sus propias situaciones de abuso (económicas, sociales). Hay una complejidad en su visión del mundo que le dota de volumen alejándola de los dos extremos del dial: el victimismo y la monstruosidad. Ni siquiera se mueve por esa virtud que sería la equidistancia, oscila en ese espectro mientras muestra un entorno no trivializado y emerge esa interpretación true crime de lo visto en la primera parte.

Lo (a)cometido por los hermanos ha ganado la categoría de icono para una sociedad que apenas conoce su experiencia desde lo transmitido en los medios de comunicación. No hay connotaciones inherentes a su dimensión humana y se agranda la grieta con sus semejantes, imposibilitados para convivir con ellos ni entender el sufrimiento en el cual están atrapados. Kolesnik parece tener dudas de que el lector llegue a esto, a pesar de lo contado o la naturaleza directa del título y lleva a Suzy a abordar su homilía sobre esta banalización. Un momento de aclaración evitable que. también, forma parte de ese dirigirse al lector que es toda la novela en primera persona. El sentido que le da al contexto de los crímenes reales en los que estuvo implicada y que para el resto de la humanidad se perdió en el mensaje.

Crímenes reales, de Samantha Kolesnik (La Biblioteca de Carfax, col. Démeter nº3, 2023)
True Crime (2020)
Traducción de Shaila Correa
189pp. Bolsillo. 17,5 €
Ficha en la Tercera Fundación

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