El ritmo al que Adrian Tchaikovsky escribe/publica es llamativo. Si no llega a la altura de Brandon Sanderson, algún año su cadencia de producción no le anda a la zaga. Esto y su gusto por el universo Warhammer hizo a The Black Library proponerle su participación en la franquicia; primero en la vertiente de cf y después en la de fantasía. Hasta la fecha ha escrito varias historias cortas y dos novelas: Día de la Ascensión (2022) y Starseer’s Ruin (2025), La primera acaba de aparecer en España a través de Minotauro y ofrece elementos de interés tanto para los fans de Warhammer 40K como los fans de sus series de los Herederos y los Arquitectos. Desde las entrañas de la franquicia le da una vuelta a parte de su recetario. El grupo social que ha perdido su pasado y lo interpreta en base a las capas legendarias a su alrededor; el encuentro entre inteligencias diferentes y el conflicto entre distintas concepciones de universo; la lucha por la “libertad” de los oprimidos, se trasladan hasta este tenebroso imperio del millón de mundos. Unos dominios donde la voluntad del emperador-dios es ley pero las dimensiones son tan vastas, inabarcables, que los sátrapas disponen de sus reinos de taifas sin que sus caprichos se noten, siempre que cumplan con sus obligaciones.
Esto es lo que sucede en Morod, un mundo forja donde la población está atada a las minas y las fábricas que alimentan la economía y las guerras del Imperio. Su ganancia, aparte de la manutención, está en morir tras el variado repertorio de mutaciones a las que les expone el entorno. O, si eres joven, ser reclutado para los ejércitos del emperador y servirle durante unos lustros. En el caso de Morod aproximadamente tres lustros, tiempo que, de vivir para contarlo, te permite regresar. Ese momento es el que da inicio a Día de la Ascensión, entre otras cosas que descubre el argumento, la jornada en la cual el reemplazo superviviente de la tecnoguardia skitarii retorna a Morod y es reemplazado por la sangre nueva que es entregado al servicio del Imperio.
La calidad de esta materia prima es motivo de tensión entre el Adeptus Mechanicus Burzulem, cómodo en su puesto de proveedor de carne de cañón, fiel a mantener las costumbres establecidas, y El Genetista Triskellian, deseoso de introducir cambios en los cuerpos de los reclutas para que se integren mejor con las alteraciones mecánicas a las que serán sometidos después de su alistamiento. Este conflicto se realimenta con el choque con La Congregación, una secta que venera la figura del Emperador con matices propios. Sus dogmas enraízan en unos orígenes mitificados. En realidad son los descendientes de una población modificada genéticamente por criaturas extraterrestres ajenas a la humanidad; ángeles que volverán para elevarlos y convertirlos en lo que su verdadero Señor espera de ellos. La Congregación es uno de los cultos Genestealer sembrados por los tiránidos para ayudarles en su propósito de derrumbar al Imperio desde dentro (y obtener comida gratis sin complicaciones).
La gracia de Día de la Ascensión está en cómo Tchaikovsky entrelaza el punto de vista del Imperio, caracterizado por Burzulem, Triskellian y sus secuaces, y esa secta personificada sobre todo a través de Devian, una joven que se rebela contra el orden establecido que la oprime y oblitera sus posibilidades de futuro. Para nada consciente que su lucha contra esa condena a una vida de semiesclavitud se nutre de imperativos biológicos y culturales cuya culminación traerá consigo una liberación pero, también, su sacrificio definitivo a otro Imperio que ha desatado una invasión sutil cuyos activos terminarán devorados por sus promotores
Este recorrido, cómo vive cada uno dentro de las condiciones de contorno del grupo al que pertenece, y cómo se desenvuelve para conseguir unos fines que más que personales tienen que ver con características impuestas/heredadas, se incorpora a una trama sencilla con inflexiones sugerentes como la multiplicidad de sentidos que tiene el término ascensión. Una elevación con facetas opuestas a las de las dos primeras novelas de los Herederos que aportan un significado tenebroso a la lucha contra el poder establecido. Aquí es donde se aprecia la habilidad de Tchaikovsky para alinear el argumento con cuestiones de plena actualidad, caso del peso de la propaganda, el cabreo irracional como promotor de posiciones políticas que desean romper el status quo y el ensimismamiento y la burocratización de las estructuras que deberían servir de guía y han devenido en engrasadas maquinarias de opresión.
En su brevedad, los villanos de Día de la Ascensión apenas llegan a la categoría de opereta. Aunque Triskellian, en su condición de buen fascista con su propósito de hacer prosperar el Reich con sus experimentos, cuenta con una miaja más de relieve que la cuadrilla de Burzulem. Como antagonista y protagonista de la rebelión, Devian tampoco ofrece mucho recorrido más allá de la joven invitada al martirio por sus mayores. Mientras, las escenas de acción que guían el relato son rutinarias sin cualidades que las hagan memorables. Sin embargo, aquí hay también un mucho de la fórmula de éxito de estas historias. En su seguir las guías bien visibles y su dejarse llevar al cruel destino, se fortalece el sentido de las tensiones entre el estatismo y el cambio. El anhelo por la dominación absoluta, aquí en parte determinada por los imperativos biológicos y ese origen perdido que sobrevuela la trama sin llegar a explicitarse del todo, recrudece ese carácter hostil para lo humano del universo Warhammer 40K y dotan a Día de la Ascensión de una personalidad propia que escapa a las sucesiones de aventuras intercambiables en las que muchas veces se ha arrojado la franquicia.
Día de la Ascensión (Minotauro, 2025)
Day of Ascension (2022)
Traducción: Ariadna Cruz González
Rústica. 240pp. 17,95€
Ficha en la Tercera Fundación