La silla, de David Jasso

La silla

La silla

Aunque de un tiempo a esta parte parece haberse producido un leve resurgimiento de la publicación de terror en España, habida cuenta de la creación de colecciones dedicadas al género que hasta hace poco brillaban por su ausencia, no deja de ser cierto que el panorama continúa siendo bastante desolador si se compara la cantidad y calidad de lo publicado tanto en fantasía como en ciencia ficción. Las grandes editoriales siguen empeñadas en apostar por autores conocidos y, en la mayoría de los casos, anquilosados y caducos. Desde que hace veinte años Clive Barker nos sorprendiera y deslumbrara con sus Libros sangrientos, el terror ha sido un descorazonador yermo en el que el cine parece haberle tomado el testigo a la literatura.

¿Y en España? Pues resulta que en España, desde hace unos años, ha ido surgiendo una generación de escritores que aman el género y que, contra viento y marea, han decidido dedicarse a él, publicando cómo y cuando pueden en editoriales minoritarias, antologías varias, revistas en papel y electrónicas, y dándose a conocer de manera paulatina pero constante en concursos y certámenes literarios. Estoy pensando en gente como Santiago Eximeno, Marc R. Soto, José Antonio Cotrina, Alfredo Álamo, Juan Díaz Olmedo,… Autores que poco a poco han ido puliendo sus estilos y temáticas hasta dotarles de una pátina de indudable calidad. Autores con ideas que desarrollar y estilo para hacerlo, y que, afortunadamente para los aficionados, han decidido contarlas en clave de terror. Autores a los que no hace falta ser vidente para augurarles un buen futuro. El problema con el que se encuentran es la falta de medios donde publicar, lo que lleva a que en la mayoría de los casos se vean obligados a desarrollar su obra a través del relato corto. Muy pocos se han atrevido aún con la novela, cosa lógica si pensamos que el esfuerzo invertido es mucho mayor y las posibilidades de ver el trabajo publicado mucho menores. Por eso es motivo de alegría que David Jasso, otro escritor a tener en cuenta entre las filas de los surgidos en los últimos tiempos, se haya atrevido con la larga distancia y haya encontrado una editorial donde publicar.

La silla es una novela arriesgada, porque arriesgado es basar más de doscientas páginas de texto en una sola idea, pero Jasso ha sabido salir con bien del envite. Ha construido una historia de terror psicológico –el elemento fantástico es mínimo. Se limita a un breve apunte en las páginas finales y es lo suficientemente ambiguo como para que el lector no esté seguro de si en realidad ha existido o ha sido sólo la imaginación del protagonista– que es al tiempo cautivante y angustiosa.

Es imposible entrar a describir pasajes sin echar a perder esa idea en la que apoya toda la trama, así que perdóneseme la vaguedad si digo que muchos de esos pasajes están tan bien conseguidos que la angustia del protagonista es la angustia del lector. La vuelta de tuerca que espera en la siguiente página te obliga a no soltar el libro aunque a la vez estés echando pestes contra la mala leche del autor, que parece odiar a su personaje más de lo que Doyle odiaba a Holmes. Tirar a alguien por las cataratas de Reichenbach no es nada comparado con las situaciones por las que pasa el pobre protagonista de La silla.

El estilo de Jasso, a base de frases cortas y directas, resulta muy visual, cinematográfico incluso, y ayuda a mantener el ritmo de una narración que de otra forma correría el riesgo de naufragar por repetitiva. Sólo la trama amorosa, construida a base de flasback que interrumpen el hilo de la historia, es superflua y parece estar ahí para conseguir rellenar algunas páginas más.

La silla, en fin, no es obra para todos los paladares, porque huye de los zombis y vampiros al uso, adentrándose en un terror cotidiano que emparienta a Jasso con autores como Jack Ketchum, que buscan impactar con historias en las que pueden más el dolor, las heridas y la angustia que los sustos. Son historias que podrían ocurrirnos a nosotros y eso es lo que las convierte en terroríficas.

Brillante para ser una primera novela, con algunas aristas que pulir por ese mismo motivo, confiemos en que no sea sino una entre muchas otras con las que su autor pueda obsequiarnos en el futuro.

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