Paura 2

Paura 2

Paura 2

Lo primero de lo que uno se da cuenta al observar la nómina de autores en este segundo volumen de Paura al compararla con el primero es que los más conocidos y, por tanto, sonoros han desaparecido del elenco para ceder su puesto a escritores más o menos “noveles”. Sólo Rodolfo Martínez y, en menor medida, Santiago Eximeno se puede decir que son autores consagrados. Sin embargo el resultado no sólo no queda por detrás sino que resulta más compacto y agudo. Lo triste es que no está recibiendo la debida atención del público. Y esto en una publicación que ofrece un número de páginas considerable a un precio la mar de contenido, escama. Más si se considera que está publicado bajo economía de guerra con unos gastos mínimos, en el que selección, corrección y publicación, con un acabado profesional, se realizan por amor al arte y los autores se contentan con recibir los debidos ejemplares como pago por sus servicios.

Además tenemos la calidad intrínseca del material recogido. Cierto, lejos de las añoradas muestras de terror clásico que publica Valdemar –como si fuese una comparación sostenible–, pero con una factura formal consistente y una preocupación por temas muy próximos a nuestro ámbito cotidiano. Para comprobarlo nada mejor que detenerse en el cuento que abre Paura 2, “Dragón podrido”, de Juan Díaz Olmedo, uno de los finalistas del Premio Xatafi-Cyberdark al mejor cuento nacional; una narración inspirada en esos turistas que acuden al sudeste asiático en pos de sexo fácil, barato, ilegal e inmoral. Olmedo, con un aire sórdido, violento y descarnado que recuerda a los mejores cuentos de Clive Barker, relata el encuentro de un españolito a la busca de nuevas sensaciones con un ser de otra era que va a cobrarle en sangre, dolor y vísceras lo que occidente ha tomado de oriente durante centenares de años. Una narración cruda y poderosa que se sustenta en una voz en segunda persona versátil y con un pulso embriagador.

Después de leerlo uno se pregunta si el resto de historias estarán a la misma altura, si nos encontramos ante un mero fuego de artificio o una salva de introducción a lo que va a venir después. Está muy cerca de lo segundo. Siguiendo con otros temas de preocupante actualidad, como la pedofilia y el maltrato a menores, en “El rey mago” David Jasso sitúa como protagonista a un niño que se toma al pie de la letra las bases del pensamiento católico que se suele enseñar a los tiernos infantes cuando se desea atemorizarlos: Dios está en todas partes, Dios lo ve todo, Dios te castigará por pensar eso,… Y lo pone a los pies de un rey mago de pacotilla que gusta de frotarse con los niños que ponen sobre sus caderas en un centro comercial. La mezcla entre ambos hechos desemboca en una historia inquietante, que captura como muy pocas el artificial aire navideño de las grandes superficies y con un punto de humor negro turbador. Otro relato centrado en un niño y que sitúa el maltrato como su principal eje argumental es “Paisaje nocturno con monstruos”, de David Soriano, una historia completamente anecdótica si no fuese por la estupenda atmósfera claustrofóbica que recrea.

Cambiando de registro, en “Al final de este viaje” Santiago Eximeno nos planta en la Cuba de los últimos años haciendo gala de su valor más sólido: la creación de ambientes; desde la verosimilitud pero también a la hora de transmitir un tono, un registro. En este caso el melancólico, a través de un hombre entrado en años que se dedica a recorrer el malecón de la Habana. Una historia equilibrada y con una continuidad envidiable que arranca siendo una estampa costumbrista y termina como una fantasía oscura. Uno de los momentos álgidos de la antología.

El humor también juega su papel en Paura, con un cuento en el que la inquietud deja paso al ingenio y la ocurrencia. “Marcado tres veces” de Rodolfo Martínez nos traslada a la obsesiva búsqueda de un anticristo renuente a asumir su papel y con ganas de vivir su propia vida. Y aunque parezca raro, también he encontrado su gracia, angustiosa, en “Volverás” Marc R. Soto. Soto realiza una de sus habituales exploraciones en la voz del narrador a través de un zombie que vuelve de la tumba para encontrarse con su creador. Una inmersión en un punto de vista macabro, muy trabajado y efectivo, que aborda uno de los temas recurrentes de este joven autor: el sentimiento de pérdida.

Fuera del terror contemporáneo y un tanto alejados de las variables que definen Paura desde las introducciones, aunque seleccionados con acierto, nos encontramos con sendos relatos. El primero, “Capítulo LIII” de Manuel Díez Román y Salvador Huete, atesora la esencia del cuento de terror romántico. Una historia en la que un monje transcribe la última confesión de un hombre que ha llegado hasta él con una turbia y oscura historia: la de un alma cándida, más o menos inocente, que vende su integridad y termina perdiéndolo todo. Quizás se alargue en demasía –estamos hablando de casi cien páginas de esta antología, la tercera parte–, pero hace uso del mejor arsenal literario decimonónico y evoca tiempos pasados sin necesidad de recurrir a artificios ramplones como la nostalgia. Notable.

Este tono clásico, aunque menos acusado, también se hace palpable en “El hombre de la pala”, de Alfredo Álamo. Una narración intensa que partiendo de una situación manida –saqueadores de tumbas de cementerio–, acierta a crear tensión y desemboca en una conclusión que me atrevo a calificar como perfecta. No con razón se sitúa al final de la antología, para dejar el correspondiente sabor de boca, y fue seleccionado como finalista de los Premios Xatafi-Cyberdark.

Dejando para el final los cuentos que me han parecido más flojos, tenemos “Atracción turística”, de Sue Burke, una correcta redefinición del mundo vampírico que saca a colación las barrabasadas que se pueden llegar a hacer para atraer turistas,  y “A fin de cuentas” de Julio Abelenda, que partiendo de una buena idea le proporciona a la habitual historia del cazador cazado un matiz de horror existencial. Aunque se echa en falta un argumento más hecho.

Haciendo una breve síntesis final, creo que queda claro mi opinión sobre si Paura es un libro interesante. Más si se considera que no hay publicaciones en papel que apuesten por el terror contemporáneo, con una selección de esta calidad media. Si todavía no han leído un volumen de Paura, cogería cualquiera de los dos publicados y le daría una oportunidad. Creo que quedarán satisfechos.

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