La bomba número seis y otros relatos, de Paolo Bacigalupi

La bomba número seis y otros relatos

La bomba número seis y otros relatos

En los último años es extraño encontrar un conjunto de relatos de un mismo autor tan coherentes como los que recoge La bomba número seis y otros relatos. No porque haya una relación argumental entre sus once cuentos, que no la hay, o porque un par compartan universo, que ocurre, sino porque en su inmensa mayoría tienen en común una serie de claves superior a lo habitual. Aunque no es exactamente el caso más reciente, un ejemplo similar sería Quemando cromo, de William Gibson, una de las antologías clave para entender la ciencia ficción de finales del siglo pasado. Palabras mayores.

La bomba número seis y otros relatos nos aproxima a un planeta Tierra en un futuro cercano donde se está en tránsito hacia un acontecimiento transformador o se padecen sus consecuencias. En su adaptación la sociedad ha sufrido una (cierta) metamorfosis, casi siempre a través de una regresión. Hambrunas, plagas bíblicas, alteraciones brutales de los ecosistemas, retorno a antiguas costumbres, sacrificios aberrantes… son parte de un paisaje decadente. Y es mediante este escenario en descomposición como se introduce la idea que veo como máximo común divisor de la colección: el cambio social y tecnológico como fuente de conflicto entre los dos mundos que delimita; el anterior a la transformación y el posterior. Es en esa frontera donde estalla un diálogo entre los antiguos hábitos y valores, desfasados aunque no han llegado a desaparecer, y el “nuevo” orden mundial que, en su “éxito”, ha creado o está en el trámite de crear una nueva ética. Bacigalupi personifica la colisión a través de personajes que representan ambas realidades y entre los cuales existe un conflicto que bien se dirime de forma implacable, bien conduce a algún tipo de adaptación.

“El pasho” es el relato que mejor sigue estas pautas. En un mundo donde se ha perdido noción de cómo se ha retornado a un modo de vida tribal, un joven regresa a su poblado de origen tras haberse iniciado como pasho (una especie de sabio de la tribu) en una ciudad rival, lo cual tanto se ve como motivo de orgullo como una traición a los valores que los han permitido sobrevivir durante las últimas décadas. Toda la narración bascula alrededor de esta diatriba entre tradición y evolución cuya máxima expresión son las conversaciones que el pasho mantiene con su abuelo, bastión de un pasado violento que se resiste al cambio, y una joven con la que su madre desea emparejarlo. La agridulce resolución pone de manifiesto lo irreconciliable de ambos mundos y cómo uno de ellos ha sabido moldear las normas para adaptarse al futuro que se abre ante todos ellos.

Esta tensión es también evidente en los dos cuentos situados en el mismo universo narrativo de su novela La chica mecánica: “El fabricante de calorías” y “Tarjeta amarilla”. Ambos incluyen otra tónica en Bacigalupi: la presencia de personajes descastados que han aprendido a subsistir en los intersticios de un sistema para el cual son hojas al viento.

“Tarjeta amarilla” pasa por ser la versión alternativa de los primeros pasos por las calles de Bangkok del trasunto de uno de los protagonistas de La chica mecánica, Hock Seng. Solo que ahora el exitoso comerciante en Malaca, expulsado durante un salvaje pogrom contra los ciudadanos de etnia china, se llama Tranh. Un exiliado que malvive entre las decenas de miles de refugiados que se hacinan en sus peores barrios, a un centímetro de agotar sus últimos billetes, abandonado a la desesperanza y la autocompasión.

Tranh es el personaje mejor definido de todo el volumen. No por nada Bacigalupi invierte más pasajes en su construcción que en cualquier otro. Además “Tarjeta amarilla” es la historia más minuciosa y, a la vez, angustiosa. Un periplo asfixiante por los márgenes del sistema en el que Tranh se enfrenta a los recuerdos de su traumático pasado y a retos difícilmente soportables. El conflicto aparece cuando se topa con Ma, antiguo subordinado al que despidió de malas maneras de su empresa en Malaca y que ha encontrado un nicho “superior” en el decadente bajomundo de Bangkok. Su “enfrentamiento” termina con una paradójica broma del destino que abre paso a una catarsis liberadora.

Mientras, “El fabricante de calorías” nos acerca a uno de los aspectos más inquietantes de La chica mecánica: las posibles consecuencias de la pérdida de diversidad genética en un mundo en manos de megacorporaciones dispuestas a defender sus patentes agrícolas a sangre y fuego. Su protagonista viaja a lo largo del río Mississippi transportando semillas desde el gran granero del medio oeste hasta su desembocadura en Nueva Orleans. Aunque siempre hay lugar para un poco de “contrabando”, en la forma de un fabricante de calorías; un “pirata” genético que ha encontrado el arma de destrucción de patentes destinada a dinamitar los cimientos del sistema. Tras la presentación del escenario (más importante) y los personajes (supeditados a él), y la aparición del protagonista y su discurso, se produce el choque entre realidades y un desenlace que pone de manifiesto otro rasgo compartido por otras piezas de La bomba número seis y otros relatos; hay una resolución argumental clara pero la narración no llega a cerrarse del todo. La incertidumbre del futuro coloniza las historias a través de estos finales parcialmente abiertos.

Paolo Bacigalupi

Paolo Bacigalupi

Sin embargo ninguno de estos tres relatos resuena tanto como “Seres de arena y escoria”, sobre el que parece existir un cierto consenso. En los últimos tres años ha sido traducido en otras dos ocasiones: en el celebrado número 50/51 de la revista Cuásar y en Paisajes del apocalipsis, la antología seleccionada por John Joseph Adams y publicada por Valdemar. “Seres de arena y escoria” desarrolla el encuentro entre un grupo de soldados con todo tipo de modificaciones biotecnológicas y un perro que, no se sabe cómo, ha conseguido sobrevivir en un entorno tóxico. Un nuevo choque entre mundos contado en primera persona por uno de los soldados, en el que Bacigalupi imprime al lenguaje un mayor nivel de extrañamiento ante ese nuevo modo de vida al que se han visto abocados nuestros descendientes, sin que llegue a romper del todo con nuestro marco de referencia. Una humanidad convertida en la otredad que atraviesa una serie de estadios (sorpresa, ilusión, rutina y hastío) que conducen hacia una desoladora conclusión.

Además sirve para comentar otra característica que se repite: unas primeras líneas muy medidas que buscan atrapar la atención del lector en el menor número de líneas posible y delimitar el tono de la historia. Así este “Seres de arena y escoria” comienza con un

-¡Movimiento hostil! ¡ Dentro del perímetro! ¡Muy adentro!

Me quité las gafas de Respuesta Sumersiva mientras la adrenalina bombeaba en mi interior. El paisaje urbano virtual…

que nos sumerge de lleno en ese entorno hipertecnificado en la que vive su narrador. Mientras, el primer cuento del libro, “Un bolsillo lleno de dharma”, se inicia con un sugerente

En las calles de la antigua Chengdu, resbaladizas a causa de la llovizna, Wang Jun tenía la mirada fija en Huojianzhu.

Las tinieblas del anochecer envolvían el descomunal centro urbano, ante el cual empequeñecían incluso los rascacielos de Chengdu. De su esqueleto en evolución colgaban obreros que utilizaban sus largos arneses de rappel para columpiarse de una sección inacabada a otra. Otros trepaban sin ningún instrumento de seguridad, engarfiando los dedos en la laberíntica estructura, desafiando el peligro mientras gateaban con indiferencia por las riostras. Su corazón, cada vez mayor, no tardaría en rebasar los tejados empapados de agua de la antigua ciudad. Y Huojianzhu, la Arquitectura Viviente, reemplazaría a Chengdu por completo.

que imprime el ambiente oriental en que se va a desarrollar, y la fascinación por una ciudad hecha de un material que la asemeja a un ser vivo. A su vez “La chica aflautada” arranca con un enigmático

La chica aflautada estaba acurrucada en la oscuridad, aferrando el último regalo de Stephen en sus manitas pálidas.

que abre las puertas al gran misterio de la historia (¿qué rayos es una chica aflautada?) al mismo tiempo que marca el aire surrealista que aparecerá en determinados pasajes. No obstante todos esos comienzos están tan trabajados que a veces el resto del texto no está a la altura formal de las expectativas creadas. Por fortuna hay otros pasajes que los superan como cuando las chicas aflautadas exhiben su arte ante su público, un fragmento de una turbadora belleza.

Y poco a poco llega el momento de tocar el relato que da nombre a la colección, el más reciente de los incluidos en la colección (año 2008) donde un técnico se enfrenta al colapso del sistema de depuración de aguas de una ciudad que nadie sabe cómo arreglar. En su peregrinaje aparecen temas como los residuos químicos que es imposible eliminar del agua por el coste que supondría; el deterioro de la calidad de la formación a todos los niveles; el ocio como motor de la economía y las relaciones sociales; la pérdida de una serie de conocimientos “artesanos” que pueden ser necesarios en el futuro. E introduce una variación muy estimulante sobre el concepto de la obsolescencia programada. Desde el campo conceptual la historia está bien servida.

Es en este punto, tras nueve relatos y 330 páginas de libro, donde he sido más consciente de la repetición de esquemas y sensible a las debilidades que muestra Bacigalupi: describir la sociedad vuelve a serlo casi todo, los personajes son una vez meros vehículos de esa descripción y jamás se “rasca” en la responsabilidad que los de abajo tenemos en todo lo que nos ocurre (algo de lo que ya escribió Alfonso García en su reseña de El cementerio de barcos). En “La bomba número seis” hay que sumar un tono humorístico demasiado grueso en su deformación de la realidad; y un aire reaccionario que me ha terminado cargando un poco. Así, juega con una mayor simplicidad en las caracterizaciones, y un exceso mayor en el escenario y las conductas. El comienzo es muy divertido y la sorna con la que el narrador relata sus vicisitudes es refrescante, pero el tono alegórico queda a flor de piel, más desnudo, más simplificado, y con un tufillo exageradamente carca para llamarlo conservador. En este sentido, me funcionan mejor como relatos “idea”/”advertencia” otros más directos y simples (y mortalmente serios) como “El cazador de tamariscos”, una reducción al absurdo de la sequía que atraviesa gran parte de EEUU y la judicialización de todos los conflictos entre estados. Una vuelta de tuerca más a la adaptación de los más débiles a un sistema que, irremediablemente, los lleva al margen, y sus rebeliones abocadas al fracaso contra una maquinaria impasible. O el demoledor “Pequeñas ofrendas”. O el afectado noir “Respuesta evolutiva”.

Falta perspectiva para valorar el peso que tendrá La bomba número seis y otros relatos. Pero no me cabe duda que es un libro de relatos valioso por su potencial alegórico, que se acerca a preocupaciones muy arraigadas en la actualidad donde abunda la tensión entre adaptación y estatismo, libertad individual y necesidades colectivas, abajo y abajo, desarrollo y catástrofe ecológica, progreso y reacción. Un alarde de pesimismo orientado, escalofriante por su cercanía, en el que priman las ideas y el escenario sobre los personajes.

Ahora sería el turno de que alguna editorial publicara Cyberabad Days, de Ian McDonald, otra colección que ha dado mucho que hablar en los últimos años y que, cuentan, juega en la misma liga que ésta. ¿Alguien se anima?

La bomba número seis y otros relatos (Fantascy, 2013)
Pump Six and Other Stories (Night Shade Books, 2008)
Traducción: Manuel de los Reyes
Rústica. 400pp. 18.90 €
Ficha en La tercera fundación

Nota: Hay un relato que ni siquiera he mencionado: “Suave”. Inquietante y enfermizo en su descripción del asesinato de una mujer a manos de su marido y todo el arsenal de autojustificaciones que pasan por su cabeza. Pero al ser el único cuento que no es ciencia ficción destaca tanto como una ventana de iglesia románica en una iglesia plagada de vidrieras góticas.

11 pensamientos en “La bomba número seis y otros relatos, de Paolo Bacigalupi

  1. Ya que pones la ficha, falta el ebook: 4,27 en amazon, un precio muy interesante.

    Respecto al contenido, de acuerdo con lo que dices, un gran libro, con un retrato triste pero cautivador sobre un mundo que cambia, sin que tengamos muy claro hacia que.

  2. Me ha gustado mucho la crítica, me lo voy a releer a pesar de que no me gustó demasiado, exceptuando “Seres de arena y escoria” (me gusta mucho eso que comentas de la humanidad hastiada vagando por una tierra que ya no es más que una cáscara vacía).

    El paralelismo con “Quemando cromo” (incluso “Mirrorshades” aunque “Mirrorshades” es bastante irregular) lo veo acertado en el sentido que ambas presentan (o lo intentan) un panorama de la cf de “los próximo cinco minutos”, muy enraizada en las preocupaciones de su tiempo, proyectando una especie de entorno, de coordenadas, en las que situar la cf de los próximos años. Aunque quizá “La bomba…” sea menos dispersa que “Quemando cromo”, más enfocada en unos temas y preocupaciones más definidos.

    Sin embargo el tema del conflicto que producen los cambios en el entorno social es un tema más Bruce Sterling, que lleva toda la vida “dando la brasa” con lo mismo. Hace poco leí otro relato suyo sobre matrimonios concertados en Venus en la antología Edge of Infinity y ahí estaba, la necesidad del cambio social, aunque esta vez, poquito a poco y dentro de un orden.

    • Yo yéndome por los cerros del Atlas (que están más lejos y son más altos) y tu resumiendo todo mucho mejor. Pero sí te propongo algo: por qué en vez de releer esta no nos cuentas cómo es “Cyberabad Days” o el libro ese de Charlie Brooker que tienes en la estantería.

  3. Que noooooo, que está muy bien la reseña, ya te digo que a mí la antología no me gustó, pero me has dejado la sensación de que no supe pillarle el punto o que me cogió en mal momento.

    Charlie Brooker. Pues llevo cuatro recopilaciones de artículos suyos en el Guardian. Las tres primeras están más centradas en crítica televisiva, sobre todo televisión basura tipo Gran Hermano, Isla de los famosos, etc, (incluso alguna concursante famosa en UK es amiga suya) o estos concursos de talentos que no me acuerdo el nombre. El tipo es muy divertido, muy ingenioso, muy inteligente, se ha creado un personaje amargado y gruñón pero majete y muy razonable en el fondo. Es un artista del insulto y la burrada humorística, es muy gracioso. Lo malo es que como habla mucho de celebridades inglesas pues no te enteras de la misa la media (y las metáforas tipo “tiene una cara parecida a Famoso Televisivo Inglés Desconocido de los Setenta después de recibir un puñetazo en los testículos el día de su comunión”, que son graciosas pero no ayudan). El inglés que usa también es jodidillo. Pero en el que estoy leyendo ahora, la crítica televisiva pasa a un segundo plano y habla un poco de todo. Ah, por supuesto, es lector de cf, aficionado a videojuegos y tebeos, pero no frikazo ni fandomita.

    Con la tontería llevo ya cuatro volúmenes y creo que me quedan un par más, así que me está molando, sí. Yo es que soy muy putilla del humor inglés, enarcar la ceja, sonreír de medio lado y sentirme superior a mis semejantes porque creo que The Office inglesa es muuuuuuucho mejor que la americana. Un cretino, vamos.

    • ¿Te sientes superior por defender verdades incuestionables? Jajajajaja

      Pensaba que los libros eran algo más que recopilaciones de artículos del Guardian. He leído algunos, pero en la mayoría me pierdo justo por lo que dices. La falta de contexto. En todo caso, la corrosiva misantropía de Brooker, el ácido de todo lo que ha hecho para televisión, lo convierten en alguien a tener muy en cuenta, y que sabe utilizar el género en ese sentido que a veces echamos en falta en la ciencia ficción literaria. Todavía sigo flipando con alguna de las cosas que ha hecho para Black Mirror como el segundo episodio de la segunda temporada.

      Por cierto, esos monólogos caminando por la campiña inglesa mientras saca el látigo verbal de “How Tv Ruined Your Life” son un género en sí mismo.

  4. No te lo vas a creer pero he leído muuuuchas veces que The Office americana supera a la inglesa. Además es que las series inglesas son muy cabronas, son de hacer gracia sin reírse (excepto IT Crowd) o directamente de explotar los incómodos momentos de vergüenza ajena y tienen una facilidad pasmosa para hacerte sentir más listo, sin embargo cuando acabas de ver Big Bang Theory sólo te sientes más friki. Y claro, encima en su momento todo el mundo hablaba de Big Bang Theory y muy pocos de The League of Gentlement, The thick of it o Peep show. Y ya se sabe como somos los que tenemos gustos minoritarios.

    A mí la segunda temporada de Black Mirror me decepcionó un poco, probablemente porque me salía el hype por todos los poros y ya me esperaba que me estallase la cabeza directamente. Ah, es muy curioso leer en las columnas los conceptos para episodios de la serie, aparece lo del cerdo, lo del concurso de talentos, lo del cacharrito para grabar recuerdos pero fabricado para ganar discusiones y humillar a la pareja, el de Waldo…

    ¿Los monólogos se pueden encontrar por ahí? How TV ruined your life es otro libraco suyo que tengo en la pila.

  5. Joer, pues no, eso me pasa por ir de listo!!!! Y eso que estaba tan contento por haber encontrado Nathan Barley, la serie que hizo con Chris Morris (IT Crowd, Four Lions). A ver si ésta la encuentro “por ahí”.

    Una cosilla que no pude escribir ayer porque me estaban hablando las del curro y no pude seguir. Que Brooker hizo tan buena cf en Black Mirror porque, resumidamente, no tiene la cabeza en el culo como pasa con mucha cf. No es un fandomita, no le pesan noventa años de tradición, no busca escapismo o rizar el rizo o quimeras como la singularidad.

    Ah, no se te puede decir ná en la reseña de Wolfe, están cerrados los comentarios.

    • Buff, cuánta rabia de lectores ansiosos de historias políticamente correctas XD

      Como curiosidad, La chica mecánica, causa central de gran parte de la indignación, ganó el premio de ciencia ficción más importante que dan en Japón. Aunque quizás el cuerpo de votantes era 90% varones deseosos de geishas complacientes.

  6. Pingback: Lo mejor de 2013 | C

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