Al otro lado de la montaña, de Michel Bernanos

Otro mundo, ¿un infierno paradisíaco?

Narración de Arthur Gordon Pym es la única novela de Edgar Allan Poe. Un muestrario de historias en el mar escrito bajo una mirada alejada de lo sobrenatural. En el periplo de Pym desde el puerto Nantucket hasta los desconocidos mares del sur se suceden una serie de elementos (la tormenta, el motín, el canibalismo para combatir el hambre, el naufragio, la exploración de tierras desconocidas…) transformados por el paso del tiempo en un inmenso lugar común. No por nada tienen los hemos visto posteriormente en docenas de historias. Ni añadiendo al banco de recursos “Un descenso al Maelström” y “Manuscrito encontrado en una botella”, se podría llegar a afirmar que todos los cuentos de terror en el mar están contenidos ahí. Sin embargo, aparte de la vigencia del tercer y último “viaje”, su carácter fundacional es intachable. Es un semillero de incontables ficciones terroríficas que se nutren de ella para crecer e incluso, excepcionalmente, sobrepasarla. Justo lo que ocurre con “Al otro lado de la montaña”, la novela corta de Michel Bernanos seleccionada por José María Nebreda para su antología Mares tenebrosos.

Durante muchas páginas me ha parecido estar leyendo una variación de los viajes de Gordon Pym reunidos en uno solo. Una obra iniciática con un comienzo potente (su narrador es pasado por la quilla nada más embarcar), una desarrollo in crescendo (calma chicha, hambruna, motín, canibalismo, tormentón) y recarga sus pilas en una entrada a un remolino para reinventarse en una segunda parte avasalladora. Un relato hipnótico que da la verdadera medida, el sentido y la dimensión de “Al otro lado de la montaña”.

La montagne morte de la vieBernanos no se deja llevar por el efectismo de los hechos más truculentos y se centra en tejer la relación entre el narrador y Toine, el cocinero que lo acoge y le guía durante el viaje en galeón. La montaña rusa de infortunios que en él se suceden prepara emocionalmente el relato para la lucha por la supervivencia de sus dos personajes en un entorno hostil para la vida. O, más bien, debería decir SU vida. Porque cuando ambos emergen del Maleström llegan a las costas de un territorio ajeno a cualquier experiencia humana; una naturaleza intimidiante entre la ensoñación y la pesadilla.

Lo fascinante de “Al otro lado de la montaña” radica no sólo en cómo Bernanos dirige las expectativas, cómo alienta y subvierte las esperanzas de personajes (y del lector) a medida que los expone ante la insólita flora y fauna que se abre ante sus ojos. O en la magnética belleza de un paisaje exuberante, repleto de signos amenazantes y, a pesar de ello, cautivador. A cada paso se respira la sutileza con la cual maneja la necesidad de una explicación a los diferentes misterios, potenciados con la promesa de lo que aguarda al otro lado de la cordillera que preside el escenario; la agónica búsqueda a la que el narrador es empujado por la mera necesidad de sobrevivir. Pero ninguno de estos hallazgos eclipsa la magistral catarsis de su desenlace.

Para un análisis auténtico recomiendo la lectura del texto que Llosef le dedicó hace más de una década en La décima víctima. Sin embargo no me resisto a dejar una última alabanza hacia la labor de Bernanos. Cómo anega cada rincón de “Al otro lado de la montaña” con la alteridad desde que el imberbe protagonista se da de bruces con sus compañeros en el barco. Sin mencionarla un sólo momento. La secuencia de adversidades de origen humano o natural guían el relato por las lindes del existencialismo, con un envite redoblado cuando se alcanza ese infierno exótico donde la otredad se aleja ya del todo de nuestra experiencia para imponer un nuevo orden de pesimismo. Una desesperanza elevada a la enésima potencia con la mirada final, el momento en que ese universo que quiebra cualquier anhelo expone una vez más su esencia inmisericorde a través de una manifestación que golpea al narrador y al lector con un horror inesperado. El zarpazo definitivo de una historia difícil de olvidar.

4 pensamientos en “Al otro lado de la montaña, de Michel Bernanos

  1. Estupenda reseña de una obra maestra, me alegro que te haya gustado a pesar de la brasa que muchos hemos dado con esta maravilla. También me ha molado la referencia al texto de Llosef, anda que no nos comimos el tarro con este cuento unos ex-foreros de cyberdark tras la Diáspora, en un foro de breve existencia.

    Como bien dices, yo también creo que se trata de un relato existencial. Me parece que el meollo del cuento no es el misterio de qué es esa isla y qué hacen allí (ya se sabe que los misterios son muy atractivos y nos ciegan un poco a los lectores), sino esas lágrimas que no por nada se mencionan en la cita de Baudelaire al principio del texto. Creo que es un cuento sobre la tragedia humana en un mundo que aunque exhuberante, en su existencia va implícita la decadencia y la muerte. El tramo final de los dos protagonistas ahí subiendo por la montaña es muy angustioso pero también te provoca una empatía fortísima, es como si comprimiera en esa ascensión una enorme compasión por la tragedia humana, un poco al estilo del subtexto del “No me abandones”, de Ishiguro pero en una forma bastante más potente, acongojante y contundente.

    • Completamente de acuerdo con esa interpretación. En esa línea voy a ponerme pesadito con ese comienzo acojonante. Ese chaval inocente, sin apenas experiencia, es cogido por sus compañeros de viaje, a los que todos prevemos como un grupo heterogéneo, y pasado por la quilla sin que nadie mueva un dedo en su ayuda. La manera en que su perspectiva del mundo, con un orden más o menos establecido, es redefinido tras el choque con esa otredad del hombre de la mar es apenas el primer shock de los que vienen y no cesan. Más cuando al cambiar de escenario ya no es el ser humano quien modela la experiencia sino una creación que nada tienen que ver con él.

      Mientras lo leía desde la comodidad de mi sillón, no dejaba de pensar en cómo Bernanos levanta sus niveles de lecturas sin, en ningún momento, recurrir a explicaciones. Cómo deja que sea la narración la que hable por sí sola. Un triunfo en estos tiempos donde los discursos más apreciados acostumbran a venir incorporados en los diálogos y los parlamentos.

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