Incrustados y otros delirios racionalistas (Watsonianas/1), de Ian Watson

Siempre me ha parecido curioso que autores británicos de reconocido prestigio en su país, no acaben de calar en España, o que, en algunos casos, incluso provoquen un secular rechazo. Desde el increíble caso de J. G. Ballard que Francisco Porrúa publicaba por amor al arte y al espacio interior, hasta Michael Moorcock, convertido directamente en un puching ball, pasando por M. John Harrison, veneno para las ventas, John Brunner, un precursor de casi todo prácticamente olvidado, o Angela Carter, cuya obra medio se va recuperando ahora tras pasar largos años en el limbo de los descatalogados. O mismamente, Ian Watson, un autor que goza de gran reputación en Anglosajonia pero que no es especialmente apreciado por el fandom patrio, aunque buena parte de su obra haya sido publicada en nuestro país por varias editoriales que, erre que erre, lo intentaban con el autor inglés. Así que resulta como mínimo sorprendente que Gigamesh se lance a publicar algo a lo que ni las editoriales británicas se habían atrevido; nada menos que las obras completas de Ian Watson bajo el epígrafe de Watsonianas. Una cuidada edición que sospecho venderá entre nada y menos, pero que aporta prestigio al catálogo de Gigamesh, que ahora mismo puede permitirse este tipo de lujos sin despeinarse.


Aparte de que Watson no es un escritor que ponga las cosas fáciles al aficionado que busca evadirse con una novela de ciencia ficción sin demasiadas complicaciones, es posible que parte de este escaso reconocimiento se deba a que las antiguas traducciones de sus obras más conocidas resulten, hoy en día, infumables. Porque, querido amigo lector cuarentón o ya cincuentón, es hora de afrontar la realidad serenamente y con aplomo; como ya relató Nacho Illarregui en este artículo, posiblemente muchos clásicos que disfrutamos en nuestra ya lejana juventud, cuando éramos más inocentes y de tragaderas más amplias, se parezcan como un huevo a una castaña al original, y que esas estanterías que crujen bajo el peso de colecciones legendarias que atesoras desde hace más de treinta años, no sean más que pasto del contenedor de reciclaje. En resumen, que puedes tirar a la basura tu ejemplar de Empotrados, porque su ortopédico castellano, como salido del manual de instrucciones de una lavadora coreana, no se parece demasiado al depurado estilo de The Embedding. Como se puede comprobar en los comentarios de la ficha de Empotrados en La Biblioteca de la Tercera Fundación, si ya de por sí la novela maneja conceptos dificilillos, la cosa se complica todavía más si el lector ha de enfrentarse a un texto que va a acabar dándole dolor de cabeza (*).

Como ya adelanté más arriba, el primer volumen de Watsonianas recopila las tres primeras novelas escritas por Ian Watson en un tocho de una seiscientas cincuenta páginas, con nuevas traducciones y un comentario a cada obra escrito por el propio Watson, que resultan muy valiosos para entender sus circunstancias vitales, intenciones e intereses a la hora de escribir sus novelas. Se trata de Incrustados (o The Embedding, traducida como Empotrados en la edición de Martínez Roca de 1977), El kit Jonás (The Jonah Kit, o El modelo Jonás, en su edición de Ultramar de 1990) y Orgasmatón, primera novela escrita por Watson en 1970 con el título de The Women Factory, que fue posteriormente editada en Francia ya como Orgasmachine a mediados de los setenta, pero cuya edición revisada y definitiva no apareció hasta 2010 en Japón.

Incrustados

Como muy bien explica Watson en su comentario, Incrustados explora las teorías de Chomsky sobre el lenguaje, principalmente la idea de una gramática universal común a todas las lenguas. Un enfoque que antes de la aparición de esta novela no se había dado en la ciencia ficción, fascinada con las teorías relativistas del lenguaje de Benjamin Whorf, según las cuales cada idioma representa una manera distinta de interpretar la realidad, es decir, según el lenguaje que hablemos percibiremos la realidad y pensaremos de forma diferente, un enfoque que ha predominado en la ciencia ficción lingüística desde Los lenguajes de Pao, de Jack Vance hasta la reciente “La historia de tu vida”, el relato de Ted Chiang que ya lleva las ideas de Whorf al absurdo. Watson se propone superar este “postmodernismo lingüístico” con la idea de una gramática común incluso a nivel galáctico, de la que se podría deducir una realidad común a todo el universo.

La novela se estructura en tres líneas argumentales situadas en un indeterminado futuro “de los próximos cinco minutos”. Chris Sole, un lingüista alienado de su familia con la que, paradójicamente, es incapaz de comunicarse, lleva a cabo un experimento lingüístico con tres niños pakistaníes en unas instalaciones de la Inglaterra rural. Se trata de un experimento moralmente dudoso, el eterno conflicto de la investigación científica que podríamos calificar de “Síndrome del Doctor Frankestein”. Estos niños huérfanos han sido encerrados desde bebés en un entorno controlado, suministrándoles un inglés modificado, basado en la incrustación. Este idioma está inspirado en el poema Nouvelles Impressions d’Afrique, de Raymond Roussel, un poema escrito con la técnica de la incrustación, una técnica que, dicho a grosso modo, consistiría en aclarar o expandir conceptos mediante la apertura de sucesivos paréntesis que se anidarían unos dentro de otros y que vendrían a ser un precedente de los enlaces hipertextuales, omnipresentes en la red. Es más, es un poema que parece escrito para la era de internet, puesto que la informática hace que su lectura sea una tarea relativamente sencilla si lo comparamos con la versión en papel (como pueden comprobar en estos enlaces a las versiones en inglés y francés). Hablar y pensar Incrustado permitiría acumular mucha información en poco espacio, es decir, asimilar la realidad de forma más literal que el lenguaje “normal”, pero es algo que el cerebro humano es apenas capaz de procesar, así que el objetivo de este experimento es expandir o romper los límites del cerebro en cuanto a la relación entre la forma de percibir la realidad y expresarla a través del lenguaje se refiere. Por supuesto, el conflicto moral de este experimento es que, ¿cómo van a sobrevivir los niños en un entorno “normal”, cómo van a relacionarse con sus semejantes una vez finalice el experimento?

La segunda trama está ambientada en el corazón del Amazonas, donde la Junta Militar del Brasil (dictadura militar que controló el país entre 1969 y 1985) construye una gigantesca presa con apoyo técnico y financiero de los Estados Unidos, con el objeto de crear un loquísimo mar interior amazónico que generará inmensidad de recursos a compartir con los americanos. Cerca del lugar de construcción de la presa, la tribu de los Xemahoa se ve obligada a tratar con esta inmensa disrupción que aniquilará su modo de vida, tirando de mitología para lograr lo que Sole está creando en laboratorio; un ser vivo capaz de procesar la incrustación y modificar la realidad a través del lenguaje. Pierre, un antropólogo francés antiguo amigo de Sole, se encuentra allí estudiando el curioso lenguaje de la tribu, que posee dos versiones, el Xemahoa A y el Xemahoa B, siendo este último un lenguaje incrustado que sólo se emplea en rituales en los que el chamán y su audiencia van puestos hasta las cejas de maka-i, una droga extraída de un hongo que crece en el entorno de los Xemahoa. El Xemahoa B es un idioma, podríamos calificar de mítico, con el que los Xemahoa han codificado su entorno de manera casi literal, logrando, gracias a la droga, que su cerebro asimile más de lo que puede masticar.

Y finalmente, la tercera trama que comienza más o menos pasado el primer tercio del libro y que no deja de ser una ramificación de la narración de Chris Sole, que se ve trasladado de su laboratorio de la campiña inglesa a una instalación supersecreta del gobierno norteamericano que ha contactado con unos alienígenas, los Sp´trha, que durante el camino de vuelta a su mundo natal, hacen una parada técnica en el Sistema Solar. Estos alienígenas se han embarcado en una odisea de conocimiento lingüístico cuasi-religioso, la búsqueda de una realidad de orden superior a la nuestra, realidad que atisbaron de forma fugaz por contacto con un ente superior, pero que les ha sido arrebatada dejándoles en un estado de angustia amorosa, en el infierno por la ausencia de Dios, un Dios cuya caricia sintieron eones atrás. Los Sp´trha han llegado a la conclusión que pueden conocer esta realidad superior coleccionando los lenguajes del universo, ya que, según ellos, cada lenguaje representa una forma diferente de ver el mundo, solapando esas realidades idiomáticas se conseguiría obtener las bases de la Gramática Universal, un Ur-lenguaje, el lenguaje de los ángeles de John Dee, una sintaxis de esa realidad exterior o superior, transcendente a todas esas distintas formas de percibir el mundo que representan los demás idiomas. Los Sp´trha están dispuestos a pagar con tecnología lo que los humanos tengamos que ofrecer en materia linguística, sobre todo si es un cerebro capaz de procesar el lenguaje incrustado que codifica la realidad de forma literal.

Aunque por culpa de la torpeza expositiva del que esto escribe, Incrustados pueda parecer un cebollón importante, no es así en absoluto, se trata de un caso ejemplar de ciencia ficción adulta, de cuando los escritores y lectores eran capaces de expresar y asimilar en novelas de doscientas páginas una serie de conceptos complejos presentados de forma progresiva, estructurados por diferentes puntos de vista en una narración de alcance global. Una novela que responde a las inquietudes y el espíritu de su época, los setenta, y no digo esto con ánimo peyorativo, sino todo lo contrario. Incrustados pretende tratar de forma adulta con el mundo, desde una posición ideológica abiertamente de izquierdas, abordando temas contemporáneos como el colonialismo, los movimientos revolucionarios del Tercer Mundo, la política de bloques, la manipulación de las masas, o la explotación de los recursos de la naturaleza, sin emplear grandes conceptos metafóricos de ciencia ficción para no tener que mancharse las manos con la realidad de su tiempo y sin esquivar temas escabrosos como el de la tortura o la explotación sexual. Una novela sombría y de conclusiones deprimentes sobre el género humano y las posibilidades de llegar a entendernos con una raza alienígena, realista hasta donde puede, preocupada por alimentar al lector de ideas sugerentes tratadas con el mayor rigor posible, pero también por mostrar y entender el mundo de ahí fuera. El modelo de una ciencia ficción que luchaba por alcanzar la madurez tras el necesario brote de acné que supuso la new wave. Aspiraciones y propuestas perfectamente válidas hoy en día, como demuestran, por ejemplo, algunas novelas de Simon Ings como El color del azar, o Dead Water, que podrían considerarse una actualización de lo que hacía Ian Watson en Incrustados treinta años antes.

El Kit Jonás

Me gustaría ser original y desmarcarme de la opinión general que considera que esta obra es un poco Incrustados en el mar, pero lamentablemente no puedo; la novela da esa sensación de “síndrome del segundo álbum” y comparte bastantes rasgos con Incrustados. Como Incrustados, se trata de una combinación de novela de intriga global con elementos de ciencia ficción, en mi opinión influenciada por el ciclo de catástrofes de Ballard (tras terminar El kit Jonás me vino fuertemente a la memoria el relato “Ocaso”, ambientado en el mismo universo de La sequía), en la que también aparece un primer contacto (esta vez con cetáceos), donde de nuevo el lenguaje y la comunicación son protagonistas, y en la que, otra vez, la ciencia es tratada de forma crítica. Donde en Incrustados era un experimento moralmente problemático con niños, aquí aparece por partida doble, en los experimentos soviéticos de “trasplante” de personalidad y, sobre todo, la sátira del científico mesiánico y su concepto de la ciencia-espectáculo.

De nuevo son tres líneas argumentales, dos de las cuales colisionarán a lo largo de la novela. Primero encontramos a Paul Hammond, un astrofísico que ha encontrado la prueba cósmica definitiva de porqué la vida es un asco. Resulta que el universo material que habitamos es simplemente un eco o una sombra del real, no somos más que la huella hueca y oscura del universo real que, al estallar el huevo primigenio en el momento del Big Bang, nos dejó atrás. Hammond introduce en este descubrimiento el concepto de la existencia de Dios abandonando a los hombres, así que comunica su hallazgo al mundo como un telepredicador presentando un Ipad en la final de la Superbowl, actitud que desencadena una especie de histeria existencial colectiva mundial, para desespero de sus ayudantes.

Por otro lado, viajamos en la mente de un cachalote al que se le ha transferido la mente de un astronauta ruso, como despierta a la confusión de verse atrapado en un cuerpo ajeno y como la mente del propio cachalote se reajusta a la nueva situación. Poco a poco iremos descubriendo un mundo inmenso y casi desconocido para el ser humano, el de las criaturas marinas a medida que Watson especula sobre una especie de organización social entre diversas especies de cetáceos, sus formas de comunicación, e incluso como son capaces de procesar datos de forma colectiva funcionando como computadoras biológicas en línea.

Finalmente, en la tercera línea argumental, se nos cuenta como un celador de un sanatorio ruso de la isla de Sajalín ha desertado con Nilin, un extraño chaval que afirma ser un astronauta ruso, al Japón. Las autoridades niponas se ponen en contacto con las norteamericanas, que comienzan una investigación que les conduce a unos extraños experimentos sobre mapeados cerebrales (dicho a lo bruto, copiar y pegar personalidades de un cerebro a otro) que los soviéticos están realizando en Sajalín.

El kit Jonás arranca como una interesante novela de intriga, entre la novela de espías, la biología marina y la especulación cósmica, que plantea premisas e ideas muy interesantes pero que va desinflándose poco a poco mientras Watson desenreda la trama en capítulos expositivos entre burócratas y científicos, como ocurre en toda la línea argumental del Japón, por la necesidad de explicar al lector una serie de ideas bastante complejas. Es una novela que abunda en el tema del lenguaje y la comunicación, que se repite a lo largo de la novela (los sílbidos de los mexicanos, los clics de las ballenas, el rastro de las estrellas que atrapan los telescopios astronómicos) y que introduce ideas muy potentes a partir del nihilismo cósmico provocado por el descubrimiento de Hammond, como ese concepto basado en la física cuántica, el de una realidad consensuada por los observadores, que podría dar una explicación sugerente a los sistemas de creencias. También resulta interesante y original ese primer contacto con las “culturas cetáceas” cuando son expuestas al descubrimiento de Hammond, el exterminio de las especies marinas metaforizado en ese contacto de las ballenas con la realidad consensuada de una Humanidad sumida en un proceso de lento suicidio espiritual, como si estuviésemos asistiendo al preludio de una novela de catástrofes de Ballard. Los paralelismos con algunos temas de la obra de Ballard también se reflejan en la figura de Hammond (y su promiscua esposa), que recuerda a los mesiánicos profetas de los apocalipsis ballardianos, aunque en este caso resulta más mundano, el El kit Jonás se recrea en exceso en subrayar el carácter de auténtico gilipollas de Hammond, con unas motivaciones que quedan en exceso difusas en la resolución.

Orgasmatón

Primera novela escrita por Watson, que atravesó múltiples visicitudes antes de ser publicada en la forma definitiva que se nos presenta ahora. Resulta curioso como Watson relata su periplo por diferentes editoriales norteamericanas, aparte de la mala suerte financiera de los interesados en publicar la novela, otros potenciales editores se tomaron por lo literal su salvaje imaginería sexual y violenta, incapaces de entender algo tan básico como es el propósito moral de la sátira: emplear la exageración y la pasada de rosca para mostrarte con crudeza esos comportamientos y realidades desagradables que, por habituales, pasas por alto, obligándote así a reflexionar sobre ellos. Es una pena que Watson nos niegue el salseo y se guarde el nombre de la conocida autora de ciencia ficción que vetó la publicación de esta novela en cierta editorial USA.

Según cuenta Watson en su comentario, Orgasmatón se inspiró en las Ama, pescadoras submarinistas de la fábrica/isla de perlas cultivadas Mikimoto (oficio ya en desuso), que le sugirieron la imagen de una fábrica donde se criaran mujeres a medida para el disfrute masculino. La idea evolucionó, incorporando y expandiendo material escrito por Judy Watson (cuyos dibujos ilustran esta edición) sobre máquinas sexuales, hasta tomar la forma de una historia de explotación, cosificación y liberación femenina y esa recurrente fantasía masculina de las novias inmóviles. Pero tratada de una forma muy distinta a, por ejemplo, El cuento de la criada, de Margaret Atwood, y es que lo que hace Watson aquí es satirizar la pornografía y las novelas pulp eróticas de la época como expresión de la cultura de dominación masculina, subvirtiendo su significado original. Un poco lo que haría posteriormente Paul Verhoeven con la ciencia ficción militarista alt-right en Starship Troopers y que también costó que se entendiera.

Creadas en una fábrica por ingeniería genética que les ha proporcionado extravagantes modificaciones de todo tipo, aisladas del mundo y condicionadas psicológicamente para agradar y dar placer a sus futuros propietarios, cuando las muchachas salen al mundo para ser entregadas a sus dueños, de los que esperan cariño y afecto, acaban en un lugar de pesadilla, el desquiciado mundo de la fantasía de poder masculina en la relación con el sexo opuesto, presentada como una feroz distopía cyberpunk de aroma japonés, a medio camino entre el extravagante, caótico y grotesco universo que desplegaba Angela Carter en El Dr. Hoffmann y las infernales máquinas del deseo (que, curiosamente, también se publicó tras la estancia de la escritora en Japón a principios de los setenta, si no coincidió allí con Watson sería por poco) y la muy cafre Ambiente, de Jack Womack. Las muchachas inocentes se verán enfrentadas de forma brutal a un mundo donde no son más que productos de usar y tirar, emprendiendo un via crucis de sufrimiento, aprendizaje, liberación y sacrificio que de luz a un nuevo mundo.

Me ha gustado mucho Orgasmatón, sobre todo por su carácter de pulp-punk. La narración, estructurada en capítulos breves de una prosa dinámica y enérgica que favorece el desarrollo tremendamente ágil de la trama, se convierte en una montaña rusa bizarra, furiosa y violenta que pisotea los límites del buen gusto. Además Watson trabaja con una simbología muy eficaz, reflejando diferentes aspectos de la perpetuación de la explotación femenina a lo largo de la historia, desde el condicionamiento cultural a la prostitución, la sumisión en el entorno familiar o la misma negación de su carácter de personas libres e independientes. O esa escena del arcano sacrificio ritual de un hombre a manos de las bacantes, en el que Jade, la protagonista de la novela, se da cuenta de que el problema es que la dialéctica entre sexos se mueve en un marco en el que el centro siempre ha estado dominado por lo masculino desde la noche de los tiempos. Además, a pesar de tratarse de una sátira, Watson se las apaña para no transformar a las muchachas en caricaturas, se genera empatía por ellas pero sin convertirlas en cachorritos indefensos que hubiese que adoptar, porque en ciertos momentos la novela resulta francamente bestia, el cerebro de reptil masculino es un sitio muy jodido de visitar y esta novela te lo restriega por la cara a base de bien.

Es muy posible que la broma de Watsonianas le salga a Gigamesh por una pasta, por lo que hay que agradecerles esta oportunidad de conocer, reencontrar y apreciar en condiciones la obra de Ian Watson, una de las más originales, inteligentes y arriesgadas del género, mientras suspiramos por reediciones de otros autores en condiciones similares. ¡Gracias, George R.R. Martin!


(*) Incluyo como muestra para los curiosos un fragmento de la carta que Pierre envía a Sole y Eileen en el primer capítulo de Incrustados. Primero el texto original, a continuación la traducción de Martínez Roca y finalmente, la traducción de la editorial Gigamesh.

“These people have Hobson’s choice—doomed to be drowned if they stay where they are—or else destroyed by a life of tin huts, rum, prostitution and illness, if they’re ‘sensible’ enough to move out of the way of the flood that is even now covering up the whole surface of their world. Need I say nobody cares which option they choose. “Issues seemed so simple in Africa, compared with here in the heart of Brazil. It was so easy to find an honourable and recognizable role to play in the Mozambique bush. Even the remotest Makonde tribesman knew what the political issues were, was aware of ‘Polities’ as such”. (The Embedding, Ian Watson)

“Estas gentes se encuentran ante un dilema terrible, sentenciados a perecer ahogados si se quedan donde están, o destruidos por una vida en barracas de hojalata, aguardiente; prostitución y enfermedades; si son lo suficiente sensibles como para abandonar el curso de las aguas que incluso ahora cubren toda la superficie de su mundo. No hace falta decir que a nadie preocupa por qué opción se decidan. En África los problemas parecían tan simples comparadas con los de aquí, en el corazón del Brasil… En la selva de Mozambique resultaba fácil encontrar una tarea respetable y apreciada. Hasta el más esquivo miembro de la tribu de los makonde sabía lo que eran temas políticos, estaba al corriente de la «política» como tal”. (Martínez Roca, trad. de Ramón Ibero).

“Es un pueblo que se encuentra entre la espada y la pared; sus miembros deben elegir entre quedarse donde están y morir ahogados, o vivir en chabolas de hojalata, en un ambiente infestado de ron, prostitución y enfermedades, si son lo bastante “sensatos” para huir de la inundación que ya empieza a cubrir la superficie de su mundo. Huelga decir que a nadie le importa qué opción elijan. Los problemas con los que lidiábamos en África parecen muy sencillos en comparación con los que afrontamos aquí, en el corazón de Brasil. En el matorral mozambiqueño era muy fácil encontrar un papel honorable y reconocible que desempeñar. Hasta los miembros de la tribu makonde más recóndita estaban al corriente de las cuestiones políticas, conocían el concepto de “política””. (Ed. Gigamesh. Trad. Ana Quijada Vargas, Carlos Abreu Fetter, Cristina Macía y Nuria Salinas).

Incrustados y otros delirios racionalistas (Watsonianas/1), de Ian Watson
Incluye:
Incrustados (The Embedding, 1973)
El kit Jonás (The Jonah Kit, 1975)
Orgasmatón (Orgasmachine, 2010, adaptando The Women Factory, 1970)
Ed. Gigamesh, 2016. Traducción de Ana Quijada Vargas, Carlos Abreu Fetter, Cristina Macía y Nuria Salinas.
645 pp. Rústica. 30,20€

8 pensamientos en “Incrustados y otros delirios racionalistas (Watsonianas/1), de Ian Watson

  1. Muy interesante y completa reseña. Estoy convencido de que me habrías convencido si hubieran publicado las tres novelas por separado. Con una podría arriesgarme, pero si he de gastarme 30 Euros prefiero hacerlo con novelas más recientes.
    Leí hace años la edición de “Empotrados” de Martinez Roca y desde luego la traducción dejaba mucho que desear, aún así me pareció un batiburrillo de ideas a cada cual más descabellada, empezando por la de que el lenguaje pueda dotarnos de poderes especiales. Más tarde le di a Watson otra oportunidad con “El jardín de las delicias” y me dije que ya nunca más.
    Mi miedo es que Gigamesh, que últimamente parecía haber despertado, vuelva después de un fracaso a su letargo.

    • Hola, muchas gracias, me alegro que te haya gustado la reseña.
      Tanto tú como Daniel habláis de convencer, jajajaja, me ha entrado complejo de comercial!!! Ehhhh, tengo un gusto muy particular y pocas cosas recomiendo alegremente, es decir, recientemente me flipó “Viaje a Arcturus” pero no lo recomendaría así como así. Con Watson algo parecido, a mí me gusta bastante pero no es para todo el mundo.

      Bueno, a lo que íbamos. Hombre, yo creo que dividido en tres novelas esta edición habría salido más cara, yo creo que fijo a 12 o 15 pavos cada una o así, aunque sean novelas cortas. Otra cosa, y te entiendo, es soltar 30 créditos por algo que no te convence del todo.

      La verdad es que “Empotrados” la tenía muy olvidada, la leí por primera vez hace muchos años. Recuerdo que me gustó, que ciertas cosas me volaron la cabeza, como el concepto este de incrustar y poco más. Leyendo “Incrustados” no he tenido ningún problema en entender la trama y la progresión de ideas que maneja Watson respecto al lenguaje y además, el comentario de Watson a la novela te deja las cosas bastante masticadas. Otra cosa es que nos interese o no lo que cuenta.

      No es que el lenguaje en la novela nos permita hacer cosas mágicas (por ejemplo, en eso es en lo que falla estrepitosamente “La historia de tu vida”, donde un cerebro de primate no es sólo capaz de comprender un lenguaje alienígena, sino que además encima es capaz de hablar y asimilar dicho idioma para percibir el tiempo en su totalidad como hacen los extraterrestres que sí están equipados biológicamente para tal fin), No he querido contar el final, pero digamos que los experimentos con Incrustado en seres vivos no salen del todo bien.

      “El jardín de las delicias” es una novela a la que tengo ganas porque he leído en una entrevista que Watson la escribió inspirado por “Viaje a Arcturus”, así que ya entiendo porqué no gustó demasiado. También me molan “Embajada alienígena” y “Visitantes milagrosos”. Ah, y la novela de Warhammer 40k, “Space Marine”, aunque supongo que estando los derechos en manos de Games Workshop no se editará en estas obras completas. Quizá deberías echarle un vistazo a sus relatos, “Marte, Stalin y enanos gigantes” estaba bastante bien y es un “paga si te gusta” en lektu.com

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