La mirada del vacío, de Adrian Tchaikovsky

La mirada del vacíoHuérfanos de la Tierra había dejado la historia de La arquitectura final en todo lo alto. En la contienda contra los Arquitectos se había descubierto que estos seres responsables de la destrucción de la Tierra y que han regresado para arrasar con prácticamente cualquier planeta, no solo son conscientes de cómo sus acciones terminan con la vida de miles de millones de seres inteligentes. Su cruzada contra las especies inteligentes de la galaxia obedece a la presión que reciben de alguien superior a ellos y los empuja hacia un progromo cuya conclusión presumiblemente solo llegará con el final de toda civilización inteligente. Apenas los planetas donde existen ruinas/artefactos de los Originarios parecen a salvo. La naturaleza de estas construcciones y por qué son capaces de mantener a raya a los Arquitectos; qué inteligencia está lanzando a estos contra las especies sintientes; la posible colaboración entre civilizaciones en esta lucha, son algunas de las cuestiones guía para esta segunda novela de la trilogía. Y, la verdad, no hay respuestas demasiado concluyentes, quedando la mayoría abiertas para Amos del nospacio, la última novela de La arquitectura final. Un modus operandi entendible aunque en ocasiones frustrante.

Adrian Tchaikovsky tiene buena cabeza para idear escenarios más grandes que la vida. Basta leer lo planteado en el párrafo anterior, alguna posible solución a esta batalla con ese enemigo intratable o zambullirse en Infierno de Criccieth, el escenario donde transcurre el clímax de La mirada del vacío; un tártaro en las proximidades de un horno de radiaciones donde florece un ecosistema adverso, parte fundamental de un apasionante desenlace. Tchaikovsky alardea una vez más de su condición de biólogo contador de historias.

También vuelve a haber mucho de la manera de C. J. Cherryh de plantear una space opera, con ese grupo de protagonistas enclaustrado en un espacio reducido donde florecen las tensiones: entre ellos, con los supuestos aliados sujetos a sus propios intereses, con los enemigos que les salen al paso e interfieren en su misión, con las entidades y organizaciones pretendidamente neutrales… Este es el caldo de cocción de la tripulación de la Dios Buitre, donde los imperativos biológicos y sociales conviven con personalidades bien definidas en un incesante toma y daca que pone a prueba su compromiso en busca de un bien común y esos afectos forjados en la batalla continua con ese universo hostil externo a la nave.

Como suele suceder en estos casos, hay mucho de utopía en sus compromisos para superar las diferencias, en el acuerdo y el respeto como cimientos de la convivencia, en los sacrificios para superar crisis. Aquí ese exterior se nutre de los conflictos vistos en la primera novela mientras se sube la apuesta con los nuevos, con las llamas avivadas del enfrentamiento entre Parteni y Hum; una Hegemonía descubriendo que sus cartas ganadoras no eran tales; los Voyenni, la Cosecha Rota y la Casa Ácida con los correajes sueltos para lograr sus fines; y nuevos frentes abiertos, particularmente unos Naeromathi que entran en juego a lo grande.

Adrian TchaikovskyEs inevitable que los personajes tengan un punto vehicular. Idris como mediador con todo lo que anida en el nospacio, el trauma que aguarda a quien entra en él o quien se ha convertido en mercancía codiciada por las diferentes potencias en disputa; Solaz como portavoz de las partenii y especialista en combates armados, de los que vuelve a haber media docena; Havaer el espía que muestra los intestinos de los Hum y los tejemanejes en los que están involucrados. Sin embargo, al menos Idris y Havaer tienen sus inflexiones (en el primer caso un poco cansinas), y dan pie a la realimentación con el resto de personajes, en muchos casos memorables en su alteridad, matonismo, poses, visiones del universo. Tchaikovsky no construye este entramado en base a intercambios ingeniosos en busca continua de la frase más ingeniosa y consigue dinámicas que mantienen el interés cuando desaparece del primer plano la idea de lo sublime que supuestamente está en el centro de esta historia y demasiadas veces se mueve por la categoría de mcguffin.

Digo demasiadas veces porque, afortunadamente, siempre regresa al primer plano. El peso de ese nospacio y la amenaza que surge de él son potentes y la novela sobrevive incluso a la falta de avances sustanciales sobre lo que acecha desde su interior. Ese vértigo detrás, el cierto horror cósmico de ver el verdadero papel de una humanidad sobrepasada por todos lados, es un detalle a tener en cuenta. El otro viene por esa vertiente especulativa alrededor de las especies inteligentes. Las máquinas de matar detrás de los simbiontes Tothiat, que retornan por partida doble; la sociedad Naeromathi y su manera de enfocar tanto su existencia en la galaxia como su defensa ante los Arquitectos; los matices que se aprecian alrededor del mecanismo de vasallaje en la hegemonía Essie; el ecosistema que florece, nunca mejor dicho, en Infierno de Criccieth y cómo se ha adaptado a un entorno que hace que el lugar donde habitan los colmeneros parezca un idílico vergel.

Todo está supeditado a esa space opera cómoda en el thriller con ganchos adicionales para mantenerte atrapado de principio a fin. Por el ritmo y, para qué negarlo, por esa continua promesa frustrada de querer saber más sobre una serie de misterios que tendremos que esperar hasta Amos del nospacio para ver si tienen algo o no detrás. Una aspiración que, aunque no sea satisfecha, está mereciendo la pena descubrir. Más en la traducción de un Julián Díez que sale bien parado del pequeño campo de minas alrededor de tantas ideas y las personalidades alienígenas, como el género neutro de esos colmeneros que además pertenecen a una colectividad que retuerce su uso.

La mirada del vacío (Alamut, 2023)
Eyes of the Void (2022)
Traducción: Julián Díez
Tapa dura. 514pp. 29,95€
Ficha en la tienda Cyberdark.net

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.