Beso negro. Brujería, cine y cultura pop, de Elisa McCausland y Diego Salgado

Beso negroMenudas miradas recibía en el cercanías mientras leía Beso negro. Entre el título y la imagen de cubierta no es complicado imaginarse las posibles ideas que pasaban por las cabezas de los bienpensantes atraídos por su aspecto. Supongo que si aguzaban un poco la vista y atisbaban el subtítulo (“Brujería, cine y cultura pop”) es posible que se evaporara su preocupación. Pero si no, el vuelo imaginativo sobre a quién habría vendido mi alma y los rituales para afirmar mi servidumbre les llevaría por cotas elevadas y, para qué negarlo, un tanto trilladas; justo los terrenos que Elisa McCausland y Diego Salgado se preocupan de no pisar. Como se pudo ver en Supernovas, en este ensayo afrontan una visión global del tema central (los brujos y brujas y su arte), desde la historia y las diferentes manifestaciones de la cultura popular. Fundamentalmente cine y literatura, pero con ocasionales incursiones en el cómic, los videojuegos, las nuevas formas de comunciación (TikTok)…

Su tratamiento es sobre todo extensivo; abarcan todo el paisaje sin abundar en palabras huecas. Describen cada noción relacionada con el tema desde una elevada densidad conceptual que me ha requerido pausas antes de pasar a la siguiente andanada. En ese sentido, Beso negro es todo huesos y músculo, sin un gramo de grasa, puro aparato locomotor focalizado en trazar un panorama total; tanto un estudio de la evolución de la brujería hasta la actualidad como una cartografía del fenómeno. Un tapiz a partir del cual uno puede apoyarse para profundizar en el tema rastreando cualquiera de los hilos que incorporan.

Después de un breve introducción histórica, la primera mitad de Beso negro se dedica a los brujos. Hay una primera diferenciación entre esta figura, caracterizado como explorador de poderes naturales para su provecho personal, y la de mago, generalmente al servicio del poder establecido. Pero pronto ambos términos se intercambian a la hora de tratar, primero, los personajes históricos que se han tomado como grandes magos/brujos (John Dee, Rasputín, William Horgath, Montague Summers…) y las obras que se inspiraron en ellos. Aquí se ofrecen pinceladas de cómo su manera de entender las artes arcanas han influenciado en nuestra visión de la magia, con argumentaciones apoyadas en citas pertinentes, caso de la siguiente de Alan Moore y Ángeles fósiles centrada en su obsesión sobre el poder de la ficción para cambiar el mundo

Moore se extiende largo y tendido sobre su iniciación a la magia y la relación de esta con la cultura a partir del doble sentido de la palabra inglesa spell (practicar hechizos y, también, deletrear o escribir). Moore concluye que “el arte puede considerarse un regreso a nuestros orígenes chamánicos, en los que la magia se expresaba por medio de máscaras, mímica, marcas en las paredes y pictogramas que derivaron en el lenguaje escrito […] La sociedad actual carece de centro moral o espiritual, no se molesta siquiera en fingir que lo tiene […] El mundo parece estar implorando que lo numinoso, lo mágico, venga a rescatarlo de una cultura material enloquecida que ya lo ha devorado”.

Es una lástima que Beso negro carezca de un índice onomástico. Facilitaría volver a él para recuperar ideas, obras, comentarios… Se agradece la preocupación de Hemenaute por difundir estudios así, plagados de sabiduría y clarividencia, pero es censurable la pereza de no dedicarle unas horas a construir un elemento imprescindible para su perdurabilidad.

McCausland y SalgadoRegresando al libro, la ficción que no se apoya directa o indirectamente en personalidades tiene también su hueco para desplegar su enfoque de magia/brujería/hechicería. Aquí, por ejemplo, me ha gustado mucho cómo se encajan clásicos como los libros de Terramar, El Señor de los Anillos o la serie de Geralt de Rivia o se recuperan de la serie B películas como Warlock, antes de acercarse a las caracterizaciones más recientes, generalmente alejadas de los caminos más transitados. Además de salir con una pequeña lista de nuevas obras a conocer me ha invitado a recalibrar varias de las obras tratadas, algo que siempre se agradece.

La segunda parte de Beso negro salta al otro lado del tablero: la figura de La bruja. Desde los primeros párrafos la aproximación es distinta. Ausentes mujeres en la historia con el peso de los varones brujos/magos antes apuntados (el público era más de quemarlas/someterlas que de escucharlas), el discurso es copado por la vertiente literaria y la cinematográfica. Y en un movimiento que aúna reconocimiento y una cierta sorna, McCausland y Salgado deciden relatar su aparición en la revista Terror Fantastic, cabecera mítica de la cultura popular en España publicada a principios de los años 70. Unas páginas que, como señalan, muestran el interés por los cultos alternativos propio de la época y sirve para enfatizar su momentum, de una manera un tanto errática y sin asomo de anticipación del peso que terminarían teniendo años más tarde.

Mientras se atraviesan iconos del siglo XX, desde El Mago de Oz a la wicca, pasando por Esposa hechicera, la reelaboración del mito artúrico de Las nieblas de Avalon o su importancia en las ficciones juveniles de los 90 (Embrujadas, Buffy, Jóvenes y brujas), el discurso va y viene sobre sus vínculos con las diferentes olas de feminismo y las reacciones desde el discurso patriarcal. Resulta vibrante el encadenamiento de películas como The Neon Demon, Cowboy de Copenaghe, El bosque maldito, La bruja, I am Not a Witch o The Love Witch. La bruja ya no se define en imágenes desde una mirada de autoridad, indisociable de un poder heteropatriarcal que también se aplica a la creación, sino desde la culpa, la fascinación, el ánimo reivindicativo o la identificación sin medias tintas con la mujer diferente.

Beso Negro, de Elisa McCausland y Diego Salgado (Hermenaute, col Mikró nº9, 2023)
Bolsillo. 280pp. 16€
Ficha en la web de la editorial

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