Serpiente de sueño, de Vonda N. McIntyre

Serpiente del sueñoEs curioso cómo una imagen de cubierta puede echarte para atrás, sobre todo cuando eres adolescente. Recuerdo haber tenido en mis manos Serpiente del sueño hace 30 años, observar la ilustración de Óscar Chichoni y asociar su título a alguna historia donde un androide recorría garitos en una ciudad alienígena al mando de su banda de rock sinfónico. Quizá hoy le daría la vuelta para leer el texto de cubierta trasera y me quitaría los prejuicios, pero cuando tienes 15 tacos y no has abandonado la etapa fálica «dame la última de Card/Herbert» te llevas Los creadores de dios o Maestro cantor antes que el libro del robot guitarrero. Años más tarde puedes regresar a él con más información, pero ya estás en otro momento y la suma de premios se ha convertido en un disuasor más que en un atractivo. Gafapastismo en vena.

Desde luego, la elección de las cubiertas de Chichoni en los 80 por parte de Nova Ciencia Ficción compite en torpezas con las de Luis Royo para Gran Super Ficción, y entre todas esta se lleva la palma. Detrás de su imagen, Serpiente de sueño se descubre como una narración relativamente clásica que redefine un post-holocausto nuclear con elevadas dosis de optimismo y empatía. Una combinación nada común que se apoya sobre una protagonista esencial para esta concepción. Serpiente viaja por un lugar claramente reconocible, un yermo donde una serie de comunidades están en proceso de reconstruir la civilización, junto a sus tres serpientes. Gracias a ellas atiende, cura, vacuna, alivia el dolor a las personas que encuentra. La diversidad cultural de cada grupo entra en conflicto y se realimenta con la de la propia Serpiente y el gremio al cual representa. Ya desde el mismo inicio la necesidad de su labor choca con el miedo hacia sus utensilios de trabajo, mientras su falta de experiencia o la ignorancia de sus pacientes dificultan su competencia como sanadora.

Vonda N. McIntyre teje urde este lugar narrativo desde el contraste continuo entre extrañeza y familiaridad. A un escenario característico, un páramo donde la vida ha arraigado de nuevo gracias a los sacrificios de una serie de poblaciones neorurales amenazadas por el envenenamiento radiactivo, violentas tormentas de arena o la falta de agua salubre, incorpora elementos mucho menos usuales entre lo común y lo exótico. Peculiaridades que suelen describirse bien desde el entendimiento de los personajes, ajeno o no al del lector, bien desde una sorpresa compartida por éste.

Las técnicas utilizadas por Serpiente mediante sus animales; la dificultad para criar en cautividad una de sus sierpes; unas habilidades biológicas que trascienden lo ordinario; unos visitantes alienígenas cuya presencia se mantiene en un segundo plano son cuatro cuestiones introducidas en el texto con apenas unas frases para ser desarrolladas posteriormente. En un relato asentado desde la cotidianidad de un mundo futuro que parece haber perdido su historia, ejercen de ganchos para captar la atención y recuperarla con la consiguiente profundización sin prescindir de los oportunos espacios abiertos a lo enigmático. La personalidad que confiere este acercamiento se acentúa con la manera de subvertir la violencia habitual del postapocalíptico.

Vonda N. McIntyreLa desconfianza, la hostilidad, los abusos son moneda de curso común, pero cuando se ponen de manifiesto la protagonista no responde desde una situación de poder. Su ingenio, su paciencia, su empatía se convierten en herramientas para desactivar el conflicto. En el catálogo de situaciones ideadas por McIntyre al diseñar la trama, la asertividad puede abrirse camino incluso cuando parece imposible. Esta actitud, que no oculta su carácter forzado, desnuda el alma utópica de la novela. Serpiente del sueño tiene mucho de fábula moral, de relato alternativo a las construcciones dominantes, un espíritu afianzado desde los vínculos entre los personajes.

El primer capítulo, donde la suspicacia y la aprensión son imprescindibles, pone sobre aviso que no estamos ante una historia derivativa de los clásicos de los 50 y 60, entre la recuperación del pasado, lo admonitorio y el western. La tábula rasa nuclear se ha llevado una parte de las convenciones establecidas y es fehaciente el surgimiento de algo nuevo, donde, en una línea Le Guiniana, los nombres importan, los gestos positivos abren puertas y la convivencia saludable sólo es posible si se repara el daño causado. Pero es en el segundo encuentro, entre Serpiente y un trío de exploradores, donde se sugiere un alcance mayor: la emergencia de nuevas relaciones alejadas de tabús y bosquejadas desde una reconfortante ambigüedad.

En esta secuencia de encuentros y desencuentros también se respira la mayor debilidad de Serpiente del sueño: una estructura episódica que dota al texto de una linealidad a ratos anodina. Algo que surge de cómo se compuso el original, partiendo del primer capítulo, «De niebla, hierba y arena«, premio Nebula al mejor relato en 1973. McIntyre parece muy consciente y fuerza la aparición de una secuencia paralela que, a modo de interludio, sigue a un segundo personaje. Postizo pero con un oportuno punto subversivo; el hombre que parecía iba salvar el día se revela como un comparsa en el desenlace.

Es esta voluntad de alejarse de lo convencional y su apuesta por una ficción sanadora lo que me van a hacer recordar Serpiente de sueño. Una bocanada de aire fresco para un terreno demasiadas veces abonado al estereotipo.

Serpiente del sueño (Ediciones B, col. Nova Ciencia Ficción nº17, 1989)
Dreamsnake (1978)
Traducción: Rafael Marín Trechera
Rústica. 330pp. 20 €
Ficha en la web de La tercera fundación

2 comentarios en “Serpiente de sueño, de Vonda N. McIntyre

  1. Yo lo compré hace 30 años. Yo tendría 15 o 16 y no creo que tuviera madurez suficiente para entender su profundidad, también por esa época y con esa edad leí Un mago de Terramar. Ambos los tengo en un eterno pendiente.
    Recuerdo que la traducción no permitía aprovechar siempre el recurso de evitar mostrar el género de los personajes, pero cuando lo hacía te obligaba a volver páginas atrás para repensar lo leído.

    • Llevas toda la razón. En el club de lectura que tenemos en la tertulia de Santander hablamos largo y tendido del sutil trabajo sobre las relaciones de género y la normalidad con la cual McIntyre introduce ese sutil aroma a utopía que se empieza a abrir (y el contraste con los ambientes más reaccionarios)

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