Luz de estrellas lejanas, de George R. R. Martin

Luz de estrellas lejanas

Luz de estrellas lejanas

En el tránsito de Gigamesh de ser una editorial que tenía un catálogo variado a convertirse en “George R. R. Martin presenta” no todo iban a ser pegas. Este libro que ahora comento es una muestra de ello: la primera entrega, de tres previstas, con gran parte de la narrativa breve del autor de Canción de Hielo y Fuego. Ya solo por la escasez de colecciones de relatos de género que llegan a nuestras librerías, su publicación merece un aplauso. Además Martin siempre se ha caracterizado por ser un aseado escritor de cuentos, y tiene en su haber un puñado de obras maestras tanto en la ciencia ficción como en el terror. Quizás este volumen sea el menos atractivo pues incorpora varias de sus primeras piezas, y apenas araña su etapa de madurez. Sin embargo también contiene el suficiente material de calidad como para acercarse a él.

Luz de estrellas lejanas contiene las narraciones breves más significativas que publicó desde el inicio de su carrera hasta el año 1979. Junto a ellos se incluyen varios ensayos breves en los que el propio autor las presenta, relata su vida como aficionado militante y proporciona las claves para entender de dónde surge su pasión por la ciencia ficción, la fantasía y el terror. Aunque entre el material seleccionado en este volumen predomine la ciencia ficción.

La mayor parte de estos cuentos de ciencia ficción ya habían sido traducidos en diversas revistas y antologías de los años 70 y 80, pero resulta interesante hacer una lectura tal y como permite Luz de estrellas lejanas, en conjunto (y con una traducción a eones de la que tenían anteriormente). Ocurren en un mismo universo creativo, algo que podía haber pasado desapercibido debido a su publicación fragmentada (para profundizar en ella recomiendo la lectura de este artículo de Iván Fernández Balbuena publicado hace diez años en cYbErDaRk.NeT). Son el particular intento de Martin por construir un gran escenario propio en el que ir desarrollando sus creaciones, una tradición que tiene como máximos exponentes la Historia Futura de Robert Heinlein, la serie del Espacio Conocido de Larry Niven o la saga de la Instrumentalidad de Cordwainer Smith.

Así, “Cuando llega la brumabaja”, “Una canción para Lya”, “Esta torre de cenizas”, “Hieles de tierra” o “La ciudad de piedra” suceden en el mismo lugar narrativo que Muerte de la luz y Los viajes de Tuf. Aunque en Martin este recurso no deja de ser circunstancial, como ocurre por ejemplo en el Ekumen de Ursula K. Le Guin. Un mero trasfondo que aporta leves pinceladas tales como los planetas donde se desarrolla la acción, una serie de personajes legendarios que se nombran de los que no sabemos nada (aunque alguno aparece más adelante, caso de Kleronomas, protagonista de “La flor de cristal“) o una historia pasada común que, cuando aparece, nunca supera las dos líneas (la guerra hrangana y el interregno posterior; la presencia de la vieja Tierra;…). Como curiosidad, incluso uno de los relatos que aparece en el apartado dedicado a la fantasía podría enclavarse en este universo.

George R. R. Martin en los años 70A través de ellas se puede observar una visión de la ciencia ficción presidida por escenarios que apenas tiene elementos tecnológicos. Narraciones que se desenvuelven en sociedades atrasadas, bien porque los mundos están habitados por alienígenas que viven en un entorno subdesarrollado (“Una canción para Lya”, “Y siete veces digo: Al hombre no matarás”), bien porque su protagonista ha decidido aislarse del resto de la sociedad (“Esta torre de cenizas”), bien porque algún acontecimiento catastrófico ha producido la regresión de la sociedad humana (“Hieles de tierra”). El entorno no difiere en demasía de una obra de fantasía medieval. Como él mismo ha reconocido:

La espada tiene un punto de romanticismo del que carecen tanto las pistolas como los cañones, un poderoso valor simbólico que nos alcanza a un nivel primario.

A ello se unen unas ruinas o estructuras carcomidas por el paso del tiempo, casi siempre descritos con adjetivos que puntúan esa vuelta al pasado.

Estos elementos se utilizan para conectar el paisaje interior y el exterior de la narración, muchas veces para potenciar el sentimiento de pérdida que padecen sus personajes debido a fracasos sentimentales sufridos hace tiempo o a los que se van a producir a lo largo de la historia, y que se niegan a superar. Un elemento romántico que en ocasiones se ve potenciado por la presencia de construcciones de civilizaciones de las que apenas se sabe nada, sobre las que se mantiene un halo de misterio que introduce en la trama la fascinación por lo desconocido (“Cuando llega la brumabaja”, “Esta torre de cenizas”).

Quizás el relato que más claramente toca este escenario sea “La ciudad de piedra” donde los últimos tripulantes de una nave espacial, varados en una zona de tránsito apartada de los principales sistemas, intentan escapar de diversas maneras a su situación mientras indagan en los secretos de una antigua ciudad de piedra cuyos constructores desaparecieron hace eones. Su protagonista, Holt, saquea las viviendas de los parias que habitan la urbe, cuyo corazón guarda un secreto íntimamente relacionado con sus anhelos más intensos. Estos se nos revelan a través de los flashbacks que explican cómo surgió su deseo por abandonar la esfera de influencia humana y descubrir nuevos soles, nuevos planetas, nuevos seres. Como ocurre con otros relatos de la antología, el desenlace no raya a la misma altura que el desarrollo, pero captura como pocos el magnetismo por la frontera y la necesidad de llegar “al otro lado”.

También es interesante observar cómo aparece el tema de la religión. Especialmente en el más conocido de ellos, “El camino de la cruz y el dragón”, una sátira muy divertida de los evangelios. La narración se acerca al catolicismo a través de una iglesia obligada a retomar sus más oscuras prácticas inquisitoriales para mantener la ortodoxia ante un número de fieles en continuo crecimiento y las desviaciones que se producen del credo principal. Como señaló Iván Fernández Balbuena en el artículo antes enlazado, Martin ofrece una perspectiva ciento por ciento materialista, algo si cabe todavía más evidente en “Una canción para Lya”. En él la idea de la divinidad y del paraíso (y del sentido pleno de la vida) llega de la mano de un parásito que acaba por devorar a sus huéspedes mientras induce en ellos una especie de gestalt extático junto al resto de parasitados. Un destino de lo más atractivo… o aterrador que recuerda a una perspectiva que Robert Silverberg abordó años más tarde en novelas como Tom O`Bedlam o La faz de sus aguas (y en la antítesis de la que ya había trazado a finales de los 60 en historias como Regreso a Belzagor).

Aparte de estos relatos de ciencia ficción, también se incluyen tres escritos por Martin en sus tiempos de aficionado que, la verdad, no pasan de lo anecdótico; tres de sus primeras historias publicadas, un poco mejores y que sirven para ver cómo fue afianzando su voz narrativa; y tres de sus cuentos de fantasía. Dos ya publicados por Gigamesh en su desaparecida revista: “Las canciones solitarias de Laren Dorr“, otra melancólica historia de pérdida sobre el amor, el engaño, el poder y el sufrimiento derivado de la soledad; y “El dragón de hielo”, una evocadora historia con toques épicos sobre padres e hijos no exenta de sensibilidad. Mientras, el inédito “En las tierras perdidas” es mucho más flojo porque, a diferencia de la mayor parte de las piezas aquí mencionadas, ni el escenario ni los personajes están desarrollados. Un cuento de hadas que pretende ser oscuro y que carece de mordiente.

Para terminar, se hace curioso ver ínfimos detalles en algunos relatos que después han aparecido de nuevo en Canción de Hielo y Fuego. Las largas estaciones y el se acerca del invierno de “Hieles de tierra”. La historia de Judas el conquistador montado en su dragón en “El camino de la cruz y el dragón”. Los siete de “Las canciones solitarias de Laren Dorr”. No es que no haya habido largas estaciones antes, ni siete loquesean en doscientas historias previas, ni conquistadores cabalgando a lomos de dragones por un continente. Pero…

Nota: A falta de saber concretamente lo que aparecerá en los dos próximos volúmenes, me resulta extraño que hayan quedado fuera dos piezas breves bastante mejores que los peores aquí recogidos: “Hombre de burdel” y “Oscuros, oscuros eran los túneles”. Quizás el motivo está en que ambos figuraban en antologías recientemente publicadas (Zombies y Paisajes del Apocalipsis) y ha habido algún posible problema de derechos, lo que sería una pena. Quizás aparecerán en alguno de los volúmenes posteriores, aunque por año de escritura deberían haber estado aquí. En próximas entregas veremos.

2 pensamientos en “Luz de estrellas lejanas, de George R. R. Martin

  1. Una mínima corrección. El cuento “En las tierras perdidas” no es inédito, sino que aparecía en la antología titulada “El camino de la magia” (con John Joseph Adams como recopilador, como las citadas “Zombies” y “Paisajes del Apocalipsis) publicada por Minotauro en 2012. Así que la ausencia de otros cuentos significativos de la época no crea que sea por cuestión de derechos de traducción.

    Muy buena reseña, por otra parte 😉

  2. Rayos. Ni sabía que había aparecido ese libro. Este año fuera me ha desconectado del panorama nacional más de lo que pensaba.

    Gracias por la felicitación. Mi sueño sería alcanzar algún día lo que tú haces semana tras semana en Lothlórien. Algún día…

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