Agente de Bizancio, de Harry Turtledove

Agente de Bizancio

Uno se pregunta a menudo porque hay tantas ucronías dedicadas al mundo romano. ¿Quizás por un sentimiento de admiración mal disimulado por aquella época? Todos sabemos que el Imperio Romano fue un ejemplo de funcionalidad en muchos aspectos pero que también tuvo sus partes oscuras que ayudaron a que finalmente cayera después de unos cuantos siglos marcando el ritmo de Europa. Aun así, la parte oriental del impero sobrevivió de aquella manera hasta comienzos de la Edad Media. Pues bien, Agente de Bizancio es una ucronía sobre el Imperio Romano de Oriente, también llamado Imperio Bizantino; ubicada en el tiempo a principios del siglo XIV la civilización romana no sólo ha aguantado las acometidas de los bárbaros del norte y ha superado las propias disputas internas sino que además se encuentra en su momento de máxima esplendor.

A este hecho hay que añadir también que un personaje clave de la Historia como Mahoma, en este universo paralelo, en esta posible ucronía, se convirtió al cristianismo e incluso fue santificado y eso significa que la religión musulmana no se desarrolló. El escenario que nos presenta Harry Turtledove está formado básicamente por un Imperio Romano que ha reconquistado la parte occidental del Mediterráneo, que domina el Mare Nostrum con capital en Constantinopla y que utiliza el griego como lengua oficial en detrimento de un latín poco valorado. Un imperio rodeado por otros reinos menos desarrollados –al menos teóricamente– como los franco-sajones, las tribus bárbaras de las estepas y, muy particularmente, el Imperio Persa que continúa siendo la gran fuerza a combatir.

Turtledove es un especialista en crear ucronías. Buena parte de su bibliografía está dedicada a este tipo de historias alternativas y parece ser que acostumbra a escribir largas sagas. Agente de Bizancio es una excepción; es un libro solo que recoge las aventuras de un espía, un agente especial al servicio del el Emperador romano de Constantinopla. El autor escribió sus aventuras entre 1985 y 1989 y aquí están todas ellas recogidas. En este punto habría que dar un toque de atención a la editorial por no avisar de que el libro no es una novela sino una serie de cuentos o novelas cortas unidas entre sí por las aventuras de Basilios Argyros, nuestro protagonista absoluto. Aunque también encontramos a algunos personajes secundarios donde destaca con fuerza el de Mirrane, la antítesis de Argyros, su contrapeso, que da más vida a las aventuras del romano y que siembra el equilibrio en algunos de los relatos.

La impresión que me ha dado Agente de Bizancio es muy buena. El autor escribe muy bien, de forma amena pero profundizando según qué temas cree interesantes, con mucha acción y aventura –no tanto humor como la cita de la portada nos quiere hacer creer–, y ofreciéndonos una lectura que engancha desde la primera página. Nos sentimos retroceder en el tiempo y viajar por el exotismo de los escenarios que dedicó Salgari a sus novelas de aventuras en el Oriente Medio, pero también nos sentimos trasladados a la era de los descubrimientos, de los inventos, la época donde la religión empieza a dar paso a la ciencia y donde la humanística empieza a superar la superstición.

Harry Turtledove

Una de las claves del libro es el desarrollo de la sociedad bajo la tutela de la ciencia. Turtledove escoge los inventos como motor para que el espía Argyros viaje a diferentes partes del imperio para investigar y, a ser posible, apoderarse de las nuevas tecnologías. No deja de ser un poco forzado como en sólo unos 15 años de la vida de Argyros surgen la imprenta, la pólvora, el catalejo o el alcohol de alta graduación pero que curiosamente la mayoría de éstos hayan sido desarrollados por otras reinos e imperios cuando se supone que Bizancio está en su momento de máxima creatividad en las ciencias y la cultura. Así vemos cómo nuestro espía Basilios Argyros se convierte en un ladrón de secretos de otras naciones para provecho del imperio.

En el terreno más de la ciencia, hay algunos cuentos muy destacables como por ejemplo el segundo, dedicado a la plaga de la viruela que asola la capital –probablemente el mejor y más duro de los relatos– y en la vertiente social destaca el tercero, que transcurre en Egipto y que apunta las primeras pautas para mejorar los derechos de los trabajadores. Uno de mis preferidos que evidencia todavía más la gran prosa de Turtledove es el sexto relato que se inspira en las cismas teológicas del cristianismo de nuestro mundo para especular cómo sería una fractura de la iglesia ortodoxa cristiana en este mundo alternativo. Un relato que podría ser pesado por el tema a tratar, el autor lo convierte en una reflexión más que interesante sobre el papel de la religión, el de la manipulación de las masas y en definitiva sobre el poder de la iglesia.

Lo que sí podemos entrever es que el autor tiene buenos conocimientos de historia y que no trata los temas de cualquier manera. Siempre describe un escenario concreto sin olvidar las etnias, lenguas, religiones, costumbres y maneras de pensar de cada lugar. Muestra un Imperio romano que a pesar de las lenguas y religiones oficiales continúa siendo un mosaico de culturas; en definitiva un mundo creíble.

En definitiva, se trata de especular sobre la historia pero aunque mientras la lectura es siempre entretenida, coherente y muy interesante, quizás los resultados de esta especulación son poco concluyentes. Me explico: la sensación que me deja esta ucronía es la misma que me dio Tiempos de arroz y sal de Kim Stanley Robinson. Parece que la única conclusión que podemos extraer sea que los acontecimientos que propician los grandes inventos de la humanidad y algunos de los saltos cualitativos en la sociedad humana se hayan adelantado… todo pasa igual que en nuestro universo –incluso la manera en que se descubre cómo combatir la viruela– pero unos siglos antes de lo que tocaría debido a ciertas circunstancias políticas e ideológicas. En definitiva no hay grandes diferencias entre nuestro mundo y el de Basilios Argyros.

Me han quedado ganas de continuar leyendo ucronías de este especialista. Esperemos que Ómicron decida publicar más. Son un buen entretenimiento para deleitarse en la historia especulando en clave de la más pura ciencia ficción.

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