Nocturnos de Viriconium, de M. John Harrison

Nocturnos de ViriconiumEste es el típico libro que te cuesta seguir, que no entiendes de la misa la media y, sin embargo, no puedes parar de leer. Oscuro, opresivo, denso, hipnótico… M. John Harrison en estado puro, en trámite de clausurar una de sus obras más conocidas y, a la postre, el clavo, la tapa y nueve décimas partes del ataúd de su futuro comercial en España.

Como los dos volúmenes anteriores, la mayor parte de sus doscientas y poco páginas contiene una novela. La última de la secuencia de Viriconium: “En Viriconium”; el contrapunto a “La ciudad pastel” y “Tormenta de alas”. Si aquellas, a su aire, mantenían una serie de características asimilables como fantasía heroica, ésta es arena de otro costal; una fantasía urbana deudora de J. G. Ballard y su manera anticlimática de tratar la realidad y los personajes en su deambular por cualquiera de sus paisajes urbanos o posturbanos.

De nuevo entramos en una Viriconium amenazada, esta vez por una enfermedad de índole metafísico. Un mal que asola la Ciudad Baja donde afecta a los tejidos físico y psicológico de la urbe: deteriora sus construcciones, roe los cimientos y oxida las bisagras a la vez que hunde los negocios y socava la salud física y mental de sus habitantes. La ruina se extiende y nadie parece hacer nada al respecto, más allá de controlar esporádicamente la entrada y salida de personas y materiales de los barrios afectados. En este contexto, Ashlyme el retratista, del que una vez se había dicho que “primero metía su alma en la botella asesina y luego la clavaba en el lienzo para que todos la vieran como si fuera una polilla rota”, desea rescatar a Audsley King. Una afamada pintora que padece de la enfermedad y que, en contra de la voluntad de los mecenas de la Ciudad Alta, no tiene la más mínima intención de ser salvada,.

El periplo de Ashlyme, tal y como suelen ser los viajes de los protagonistas de cualquier obra de Harrison, es peculiar. Al azar se topa con una serie de personajes que condicionan y “guían” sus pasos. Destacan los encuentros con los hermanos Barley, la personificación de un caos hedonista que medra entre la degradación general y embarcados en la cruzada de acosar a El Gran Cairo, un perverso enano que colabora en los planes Ashlyme sólo para dar salida a sus más bajos instintos.

“En Viriconium” es un reto continuo para nuestra eterna necesidad de encontrar sentido a las historias. Merece la pena leer el artículo de Arturo Villarrubia incluido al final del volumen donde apunta ideas para contextualizarla. Escrita y publicada en los inicios del decenio de Margaret Thatcher como primera ministra del Reino Unido, el mal que corroe Viriconium funciona como un deformado reflejo de los inicios de este periodo socialmente convulso en el cual se afrontó la modernización del país a costa de la putrefacción de amplios sectores desfavorecidos mientras “desaparecían” las escasas riendas que todavía sujetaban el corazón de La City. En esta clave, es interesante el juego de dualidades establecido entre toda una serie de personajes y situaciones (la Ciudad Alta y la Baja; las maneras de entender el arte de Ashlyme y King; los gemelos y el enano;…), que crean una serie de tensiones no resueltas que trascienden las cuatro ideas generales que suelo apuntar en estos balbuceantes textos.

La versión americana de Como curiosidad, cuando Ashlyme es ayudado por El Gran Cairo y el astrónomo Buffo en el intento de secuestro de King, lo hacen ocultos bajo unos disfraces de naturaleza dantesca entre los cuales hay una calavera de caballo. Un tótem que volvería a aparecer a través del Shrander en Luz. Según cuentan los que saben, probablemente sea la personificación del rito galés del Mari Lwyd aunque aquí no trae la suerte que esperan sus personajes. Uno de los múltiples guiños o reflejos que aguardan a los lectores de Harrison, que invitan a una relectura global de su obra en el futuro.

Aparte, se incluyen tres relatos. El primero de ellos, “La suerte en la cabeza”, me ha parecido el menos interesante porque, a su modo, anticipa lo que después se verá desarrollado en la novela. Más atractivo es “La Lamia y Lord Cromis”, según Arturo Villarrubia una reescritura del que pudimos leer hace años en Los mejores relatos de fantasía vol. II. Como la mayor parte de las historias de Viriconium, el sustrato es algo tan básico como una cacería de bichos: la búsqueda de una criatura que los antecesores masculinos de tegeus-Cromis han perseguido durante seis generaciones, con fatídicos resultados para presa y cazador. Sin embargo la insidiosa potencia recreadora de Harrison modela a su alrededor una atmósfera insana que toca no solo un escenario miasmático sino a la misma tragedia que se cierne sobre los personajes.

El paisaje es tan enfermizo y extraño como suele cada vez que se abandona La Ciudad, caracterizado por una ciénaga con aguas de colores imposibles y vapores corrosivos. Se vislumbran estampas de un pasado lejano, ruinas reducidas a formas básicas que para muchos visitantes parecen fruto de la naturaleza. Toda esa faceta externa sirve de caja de resonancia para unos personajes tortuosos, quebrados. Cromis y sus compañeros son empujados hacia un desenlace funesto para, llegadas las cuatro últimas páginas, producirse un giro que subvierte las expectativas del grupo y del lector. No precisamente hacia el éxito.

El último relato, “El viaje de un joven a Viriconium”, es una narración inesperada porque conecta la secuencia de Viriconium con nuestro mundo y también, curiosamente, con El curso del corazón. La manera mediante la cual se relata el contacto entre un joven y esa ciudad “oculta”, recuerda en múltiples aspectos a la búsqueda del Pleroma Gnóstico que guiaba a los personajes de la novela traducida hace dos décadas por aquella Minotauro, ahora mismo irreconocible.

Sin duda hay que estar un tanto perturbado para disfrutar con este último volumen, en las antípodas de cualquier fantasía heroica, épica, urbana… de éxito en la actualidad. Incluso de los más claros herederos de Harrison, que en estas novelas y relatos traza las coordenadas de lo que después devendría en el new weird y títulos como La estación de la calle Perdido de China Miéville o La ciudad del grabado. Es lo que tiene exponerse a una narrativa donde el libro de instrucciones brilla por su ausencia, los puntos no se unen siguiendo un único patrón, los personajes están tan jodidos como ese vecino tan normal que ayer mató a toda su familia y la atmósfera tiene el frescor de un estercolero junto a deslumbrante paisaje costero. La subversión entendida como algo más que decir tacos, matar gente y mantener la atención a base de giros al final de cada capítulo.

Nocturnos de Viriconium
In Viriconium (1982) y tres relatos de Viriconium Nights (1985)
Trad. Manuel de los Reyes
224 pp. Tapa Blanda. 17,95€
Ficha en La Tercera Fundación

8 pensamientos en “Nocturnos de Viriconium, de M. John Harrison

  1. Hola, ¿cuántas visitas llevas?

    Me gustaría aportar algo, pero llevo retrasando la lectura de Viriconium desde hace diez años por lo menos, cuando me pillé el tocho de Fantasy Masterworks. El caso es que los relatos a lo Moorcock me resultaban muy cuesta arriba y no avancé mucho, quizá porque mi inglés no daba para más. He leído únicamente “El viaje de un joven a Viriconium” buscando iluminación sobre “El curso del corazón”, pero nanay… y me gustó bastante porque era el Harrison de “El mono de hielo” que es el que más me gusta.

    Que muy interesante lo de la cabeza de caballo y la influencia de Harrison sobre la new weird.

    • A la una, 25 visitantes únicos y 10 minutos de tiempo medio de lectura. Más o menos entre la mitad y la tercera parte de un buen día. Un exitazo para ser Harrison.

      “En Viriconium” es la novela que más se parece a los cuentos del Mono como “La cantera” o “La invocación”. Quizás con menos mal rollo, y un poco más de claridad, aunque a mi el Harrison que me mola es el de Tormenta de alas o Luz, donde hace lo que le viene en gana con el contenido genérico y, como, lector me hacía creer que sabía por dónde iba la historia.

      Dado que las novelas se pueden leer de forma más o menos independiente (aunque en la segunda aparece algún personaje de la primera ya que se desarrolla unos cuantos años más tarde), le daría un tiento a Tormenta de alas… si consigues hacerte con su inglés, claro.

  2. Pues 25 en una mañana, y que se la lean, está muy bien. Superarás tu pronóstico-cenizo de 50 seguro 🙂

    Te haré caso con Tormenta en cuanto pueda. Ah, me has pillado con Luz, pero la parte de Kearney es muy “El mono de hielo”. Quizá me guste tanto “El mono…” porque fue lo primero que leí de Harrison y me voló la cabeza. Ese fantástico sórdido, de invocaciones mágicas en casas que se caen a cachos de ciudades en decadencia, me alucinó.

    • 42 visitantes únicos, 60 cargas de la página, el tiempo medio ha bajado a poco más de 5 minutos… Harrison y el Aburreovejas, cicuta para las visitas XD

      Sí, la parte de Kearney funcionaba en el mismo rollo sucio y opresivo de “La invocación”, mientras que la de Seria Mau Genlicher era pirotecnia pura. Por eso es la favorita de los fanboys como servidor. La historia de Ed El Chino, sin embargo, creo recordar que es más próxima al Harrison de Nocturnos. Digo creo porque después de once años apenas recuerdo esa parte de la novela. No, no me voy a poner a releerla ahora. Quizás le dé una oportunidad a Empty Space cuando necesite un poco más de postureo elitista-raruno. O a Climbers, a ver qué tal le sienta el rollo ese de la escalada.

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