Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero

Sacrificios humanosNo se puede reducir el impacto ni el alcance de la escritura de María Fernanda Ampuero a los asideros de un único género. Ni los cuentos de Pelea de gallos eran sólo de terror, ni lo son los de Sacrificios humanos, pero no porque incurran en imaginarios de otros géneros, sino porque en cada cuento podemos intuir capas de historias soterradas, y es en esa estratificación donde está el peso de su escritura, lo escalofriante de sus implicaciones. Lo fantástico-macabro aparece como metáfora de esa represión del horror que es nuestro día a día.

En Pelea de gallos, su anterior libro de cuentos, había aún alguno que confiaba el impacto en un giro final que, como dije hace poco, no suele funcionar, pero esto no pasa en Sacrificios humanos. Aquí hay finales –qué difícil es todo final– sutiles, liberadores, y otros que son pura demolición. Hay gloriosas venganzas contra la piedad excluyente de las élites, como en “Elegidas”, en cuyo punto de mira vuelve a estar la superficie del éxito como en “Cloro”, del primer libro; o un cuento, “Biografía”, que recuerda a la tenebrosa película Creep: la narradora, inmigrante, busca trabajo en la ciudad, y ante el rechazo, ante la imposibilidad de encontrar uno sin tener los papeles correctos, se ofrece a escribir la historia de quien quiera contarla sin saber cómo. Y al encuentro de ese alguien va, y llega a una casa en las afueras y la historia se ramifica, perturbadora. Sucede como en los mejores cuentos, donde lo narrado deja pespuntes narrativos que podrían alargar la historia hasta la digresión infinita. ¿En quién pasa lo mismo? En Rulfo. También hay espacio para el cuento más político, como en “Creyentes”, donde una huelga es el marco en el que transcurren los primeros estertores del postapocalipsis, también las observadas rutinas de las sectas; lo inexplicable floreciendo en un contexto de derrumbe social.

Ampuero tiene un talento especial para la descripción de los residuos. Para lo orgánico-decadente-acumulado, fruto de la violencia estructural o individual, íntima, que queda como memoria del horror. Dos ejemplos: en el primer cuento de Pelea de gallos, la descripción final es un borboteo de fluidos acres que espantan, y la descripción del lavabo, en la página 27 de estos recientes Sacrificios humanos, del cuento “Biografía”, hiede de lo bien escrita que está. Las palabras, chapoteantes. Hay mucho estratificado, en sus cuentos, mucho tormento diario agazapado tras los fastos del terror, que expanden sus implicaciones hasta extensiones más allá del terror o lo fantástico.

María Fernanda AmpueroPero ¿es María Fernanda Ampuero una escritora de terror? No, la verdad. O sí. No lo sé. Lo extraño, lo anómalo, lo que es de terror, por decirlo claramente, en estos cuentos, es un parpadeo, una arruga en el texto que de pronto aparece, desaparece, y reaparece. Y esos quiebros con la realidad nuestra, son metáfora, o así los entiendo yo, y no la parte constitutiva, vertebral, de su escritura. Hay elementos de terror, y si los queremos leer en un sentido literal entraremos en unos cuentos fantásticos, sí, de miedo, como en “Las elegidas”, por mencionar uno, pero lo bueno de sus libros es que son a la vez escenarios de terror y metafóricos terrores que definen la psique de nuestro tiempo. Más que miedo, más que el puro miedo del terror de lo narrado, lo que sale de sus cuentos es una pringosa cotidianeidad que te arrastra a otras lejanías para que entiendas algo: la capacidad que tenemos los seres humanos, en todas nuestras edades y condiciones sociales, para atormentar a quien nos quiere. Y todas las implicaciones sociales que ello conlleva. Es ver el corazón humano en su lado más tenebroso, y ponerle palabras; eso ha hecho Ampuero. Constantino Bértolo habló en su ensayo La cena de los notables de la “responsabilidad del que lee”, y, aunque quizá sea una obviedad, prefiero decirlo: es nuestra responsabilidad leer estos cuentos en su vertiente metafórica o en su sentido literal.

Su cuento “Sacrificios”, que hacia el final se inclina demasiado hacia el golpe de efecto, se suma a esa ristra de excelentes cuentos sobre coches como “Gira, gira”, de Domingo Santos, o “La autopista del sur”, de Julio Cortázar. No sólo la locura de la sobreabundancia de los coches, es la resquebrajadura intrafamiliar que se ve, es la pesadilla cotidiana que destapa. Salvo por la aparición final, innecesaria, que incurre, como decía, en el golpe final efectista que debilita el cuento y que lo empuja hacia el terror puro y duro, el cuento es impactante por sus implicaciones, como digo. Esa aparición final, como metáfora, vale (como en el cuento “Nam”, de Pelea de gallos, que la presencia final se puede entender metafóricamente, como una consecuencia universal del horror), pero como incursión en lo fantástico tenebroso, no tanto, porque es redundante: el significado de la aparición final ya se percibe en las discusiones arrastradas, en las mentiras y en la continua crispación irresoluble de la pareja. Al contrario de lo que ocurre en “Pietà”, uno de los cuentos más salvajes de Ampuero, y quizá de todo nuestro tiempo, donde el final maestro es, esta vez sí, un seco golpe de gracia a nuestra esperanza en la humanidad.

El cuento “Freaks”, último del volumen, me ha recordado a la adorable Jane Barnell de La parada de los monstruos, de Tod Browning, pero esto no es lo importante. “Freaks” es un entusiasta rechazo de la realidad: hay un gesto en este cuento que es ácrata y pura libertad. Es un aullido de plena liberación, a despecho de las actitudes biempensantes. Así, estos Sacrificios humanos de María Fernanda Ampuero.

Sacrificios humanos (Páginas de espuma, Colección Voces / Literatura nº307, 2020)
Rústica. 144 pp. 15 €
Ficha en la web de la editorial

2 comentarios en “Sacrificios humanos, de María Fernanda Ampuero

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