Una casa de hojas poco antes del vendaval

La casa de hojasEntre otras cosas, este 2020 es el vigésimo cumpleaños de la publicación de La casa de hojas. Pero puestos a mencionar fechas, o, peor, efemérides, como a veces se les llama, por el carácter conmemorativo que arbitrariamente le otorgamos a la casilla X del calendario, podríamos recordar que Mark Z. Danielewski tardó diez años en escribir ese tapiz de excursos entrecruzados, y que el empeño se nota. Recupero ahora, más de seis años después, estos apuntes sobre la novela, y los paso a C, después de pulirlos un poco, para celebrar esta fiesta de cumpleaños.

Un resumen apresurado podría ir así: Johnny Truant se encuentra un manuscrito, amorfo y caótico, escrito por un tal Zampanò. El texto es una exégesis erudita sobre un documental dirigido por Will Navidson, padre de familia, acerca de la peculiar anomalía que descubre en su casa: es más grande por dentro que por fuera. Ya desde el principio nos dicen que The Navidson Record, el documental, no existe. Todo es un poco raro, vemos.

La paradoja afecta a todos. Como dice Zampanò: la paradoja son dos verdades irreconciliables. Dos realidades contrapuestas, enfrentadas, “que ni la mente ni el cuerpo pueden aceptar”. Desquiciador: no es lo mismo pensar la paradoja que vivirla. El lento deterioro del núcleo familiar está registrado por las cámaras de Navidson, y Truant, el que encuentra el texto, se dedica a anotar a pie de página sus impresiones sobre el texto con largas digresiones autobiográficas, peregrinas y caprichosas, que normalmente nada o muy poco tienen que ver con el texto.

Ya tenemos dos hilos narrativos: el texto de Zampanò sobre el documental, y las impresiones de Johnny Truant sobre el texto que Zampanò escribe sobre el documental que no existe. Vemos que Borges está por todas partes.

El personaje principal del libro es la casa y su misterio. La mencionada incongruencia espacial se agranda, descubren pasadizos oscuros e incoloros que se bifurcan y puertas y escalinatas que no llevan a ninguna parte y que no tiene ningún sentido que existan en el interior de una casa que no es tan grande como para albergarlas y todo ello empeorado por un gruñido que viene del abismo interior y crece en su imaginación sin que puedan darle el más mínimo atisbo de significado. En esos pasillos enloquecedores veremos muerte y locura y el precio que pagarán los Navidson será el de la lenta desaparición del núcleo familiar. Para acrecentar ese misterio atávico que envuelve la casa, leemos que, en el siglo XVII, tres cazadores perdidos en medio del bosque, justo donde siglos después se edificaría la casa, sufriendo por el frío y el hambre, encuentran al fin cobijo en unas misteriosas escaleras. The Blair Witch Project es La tribu de los Brady al lado de esto. Navidson se obsesiona.

Mark Z. DanielewskiPero no es la primera vez. Años atrás, ganó el Pulitzer por una foto que hizo de una niña a punto de morir de inanición. El dilema moral de esta foto le persigue, nos dice Zampanò, como el albatros perseguía al marinero de Coleridge. Otros personajes sostienen otras teorías al respecto, otras comparaciones cuya exactitud, en cuanto al significado personal para Zampanò, ya decidirá cada lector o lectora. La casa es el horror que, con su misterio, ejerce de imán para un Navidson insaciable. Ya han dicho muchos reseñistas, a lo largo de estos veinte años, que, como la casa es un símbolo vacío de significado, el paralelo directo es Moby Dick. Al no explicitar nada, el miedo y las preguntas se expanden en nosotros, nos envuelven con su sugestión ilimitada. También hay que reconocer el paralelo con el viaje de Marlow al fondo del horror en El corazón de las tinieblas, algo que, hasta donde yo sé, solo ha hecho, o sólo hizo en su momento, Jordi Carrión en su texto del Culturas de La Vanguardia.

Si volvemos, de todos modos, a Johnny Truant, el comentador del comentador del documental inexistente, veremos que la experiencia transformadora de la lectura le ha vencido. Pierde su trabajo (de aprendiz de tatuador) por la obsesión monomaníaca que ha despertado en él ese texto. (Leer mata). Al final, en el que para mí es el mejor apéndice de La casa de hojas, leemos todas las cartas que su madre le había ido enviando desde su solitaria reclusión en un manicomio. Parecido en el tono y en la tragedia al largo poema autobiográfico de Allen Ginsberg llamado Kaddish, el conjunto de cartas nos enseña a una madre sufridora, inteligente, políglota, culta, frágil, apasionada y llena de soledad, que abnegadamente, que fielmente escribe cartas para el único hijo que tiene. El trasfondo familiar de Truant es quebradizo e invernal. Como el manuscrito que encuentra.

Hay que mencionar la disposición del texto sobre la página: es de una audacia fuera de lo común. Podemos hablar de una cosificación de la lectura, de una fisicidad de la lectura por ese recurso visual, tan comentado, parecido al caligrama, a raíz del cual el autor pretende establecer una correlación directa entre lo descrito –un laberinto– y el hecho de leer sobre un laberinto. Sin embargo, esto no mejora sustancialmente el libro; no diré que sea un capricho o una coquetería, pero La casa de hojas sería exactamente lo mismo si lo hubiera escrito todo en un formato convencional. Sí, esa decisión contribuye, con sus largas enumeraciones, a acercarte a la sensación de asomarte al abismo, y te ayuda a ver, literalmente, las incongruencias espaciales, pero la fuerza de la novela está en la descripción de lo intangible, en todo lo que supura misterio. Lo inasible, lo que escapa de las taxonomías: eso que nos frustra porque no podemos nombrarlo. Ahí está el terror. La disposición del texto sobre la hoja está bien, pero es única y directa. Podemos con ello; la racionalizamos. Por ejemplo: el lector se pierde entre las notas a pie de página, desorientadoras y fatigadoras en su voluntad, uno diría que whitmaniana, de catalogarlo todo, igual que los personajes en el laberinto. Y eso está bien: pero ese detalle tiene menos fuerza que lo que simplemente no tiene solución.

La casa de hojasFascinante lectura, la de esta novela. Creo, de todos modos, que no se puede comparar a Navidson con Ahab. Sí, ambos están obsesionados con algo enorme, aterrador, que es tanto un peligro como un símbolo, pero Ahab, inconmensurable, es un personaje más misterioso y está mejor dibujado que Navidson, es más magnético y hay restos recónditos de  una humanidad contradictoria y desafiante en sus palabras y en sus gestos. El esfuerzo de Danielewski  por construir voces tan distintas como la de Zampanò, Truant o la madre de Truant es admirable, más que el dibujo que hace de Navidson, y por eso estamos ante un libro menos centrado en el dibujo de sus personajes concretos que en la creación de un símbolo resbaladizo, de una atmósfera y de un cruce de lenguajes. Danielewski ha escrito –o escribió ya hace veinte años– el vacío en una novela polifónica.

Ahora que digo esto, lo del cruce de lenguajes, también hay que subrayar la lectura paródica que ofrece La casa de hojas: las referencias y la cantidad de textos consultados, las notas al pie de página, las aclaraciones, la bibliografía y ese tono erudito son una burla del libro académico plagado de citas y notas al pie, que son el púlpito desde donde el autor declama la verdad (o lo que parece ser la verdad).

Como posdata, tengo que decir que he leído –o que leí la novela, en su momento, en inglés–. Sé que la traducción de Javier Calvo y la maquetación de Robert-Juan Cantavella quedaron perfectas. Tanto es así que el mismo autor calificó la edición castellana de “trabajo perfecto”. Calvo, que probablemente sea el mejor traductor al castellano de narrativa en inglés, aún a día de hoy, dijo en su blog, cuando lo tenía, que traducir House of  Leaves había sido una experiencia divertida. De haber tenido que asumir esa responsabilidad, yo escogería, seguramente, otro adjetivo.

La casa de hojas (Alpha Decay y Pálido fuego, 2013)
House of Leaves (2000)
Traducción: Javier Calvo
Rústica. 736pp. 29,90 €
Ficha en la web de la Tercera Fundación

2 comentarios en “Una casa de hojas poco antes del vendaval

  1. Por usar pocas palabras: una joya de libro, por contenido y por continente. Un libro vivo, mutante, forma sin tamaño, esfera sin centro, laberinto construido en el vacío !

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