Si menguaras un poco tampoco valdría

Phineas y Ferb

La literatura y el cine de ciencia ficción se ven bajo otra luz cuando quien te dice lo que les parece es un niño de 9 años o un preadolescente de 12. Ya. Obvio. Quizá no tanto cuando escuchas sus conclusiones, y no porque sean llamativamente diferentes de las tuyas, sino porque no las esperas y obligan a que te replantees algunas opiniones.

Viven otra época. Los chicos de los que hablo están además en esa edad en la que mi generación dilató asombrada las pupilas cuando vio por primera vez Star Wars en una sala de cine (Nota 1: Explico esto porque hay que entender que para ellos la ciencia ficción no se divide en seria y escapista -menos aún se subdivide en ucronías, distopías, steampunk, cyberpunk y los otros dos mil millones de subgéneros-, sino en dos categorías claramente diferenciadas y fáciles de entender: la que mola y la que no mola.

Primero: viven otra época. Para ellos están chupados conceptos como los universos paralelos, la relatividad a la hora de percibir el tiempo, los clones, la inteligencia artificial o la realidad virtual, que tantos quebraderos de cabeza les han dado a otras generaciones (Nota 2: Boyero aún presume en El País, cuando valora despectivamente algunas pelis de ciencia ficción, de que no tiene pajolera idea de las cuestiones más pedestres de física; y aún gozamos de literatos de la vieja escuela para los que Cultura es sinónimo de Letras, intelectuales que pueden escribir una tesis doctoral sobre la simbología del parnasianismo, pero desconocen cuánto hidrógeno y oxígeno hay en una molécula de agua y se quedan tan anchos, ya que lo primero es -en este país- sinónimo de ilustración y lo segundo, metafísica para nerds). El pequeño se hartó de reír con el DVD de Phineas y Ferb: a través de la segunda dimensión sin necesidad de que le tuviéramos que dar explicaciones, y eso ocurrió a la tierna edad de 5 años. Pienso en la verborrea de ciencia ficción de un niño y luego en la generación de los Boyero, tan balbuceante cada vez que aparece una cuestión de física básica o química elemental dentro de cualquier forma de narrativa -y lo que esa limitación implica a la hora de emitir un juicio de valor con alegría dicharachera- y vuelvo a decir: definitivamente es otra época.

Segundo: están en otra edad. Echa atrás la vista y recuerda cómo te lo pasabas con Mazinger Z, Superman (estás leyendo esto, obviamente la de 1978), Cazafantasmas o La Patrulla-X y luego véndeme la moto de que es lo mismo. Convéncete de que los Piratas del Páncreas y los eructos del científico de Rick y Morty están hechos a tu medida y no a la de un adolescente (Nota 3: A continuación te vienes a casa, pongo en marcha el Medidor de Risas y Pupilas y vemos uno de los episodios de esa serie de animación; luego comparamos tus resultados con los de un chaval de 12).

InterstellarLo bueno, la sorpresa, la nula necesidad de aparentar (Nota 4: Ojo, no sólo me refiero a la miseria de aparecer siempre como un tipo serio, inteligente e ilustrado, también está lo de venderse como desprejuiciado y dichoso friki), la ausencia de manías y obcecaciones, el criterio de mola-no mola como máxima, llegan cuando un niño de 9 años te dice que su peli favorita de ciencia ficción es Interstellar. No, no busca agradar a su padre, aunque su progenitor -que tiene la cabeza llena de Kubrick, está saturado de bandas sonoras de Zimmer y atiborrado de Nolan- de una manera diferente también la ha visto. Lo siento, no es un niño pedante, de verdad que no cuela, cinco minutos con él te convencerían, aún es un chico-felicidad (y que le dure) al que le importa un carajo si una película pasa o no el análisis de lo que se considera verosímil (Nota 6: Sospecho que detrás de algunos que se tragan sin rechistar las patadas a la ciencia de tanto cine de evasión y luego afirman que Interstellar no les mola porque no es creíble ocultan -probablemente a ellos mismos- otro motivo: les han dejado sin su ración de chistes y ostias y a cambio les han metido un plato doble de ternura) (Nota 7: para discutir la verdad o simpleza de esto último, podemos recurrir a los mecanismos de defensa de la personalidad, apartado Racionalización) (Nota 8: la reacción del pequeño, que ya ha visto 3 veces Interstellar, amenaza con una cuarta en cuanto saquen el DVD/Blu-Ray y cada vez que pronuncia el título de la película dilata –lo siento, otra vez– las pupilas y sonríe de oreja a oreja, me lleva a concluir que es un error comparar a Nolan con Kubrick: Interstellar es lo que es, un blockbuster, cine de evasión que tira de las emociones más que de la acción sin pausa; el impacto que produce en un niño de hoy se parece al que hace un par de generaciones algunos de los que están leyendo estas líneas tuvieron con E.T.).

De aquí a la siguiente cuestión: la diferencia que existe entre volver a sentirse niño y ser realmente un niño en el XXI. Otra de ciencia ficción para marcar la diferencia: Guardianes de la galaxia. He leído innumerables comentarios elogiosos sobre esta peli. Buena parte de ellos se refieren a que con Guardianes el fantástico vuelve a los 80. Ya sabes, aquella década de magia y tantísimo carisma en la que, vaya, qué casualidad, eras un niño o un joven; los 80 de Zemeckis, Landis, Dante, Lucas y el omnipresente Spielberg, los 80 del humor, la acción, el músculo y la fantasía en un revoltijo sin complejos ni tampoco complicaciones; los 80 que sepultaron los metrajes políticos, sociales y desengañados de los 70 y echaron a los adultos de las semivacías salas de cine. ¿Y si le pregunto a estos dos chavales qué opinan de Guardianes de la galaxia? Pues dicen que sí, que vale. Pero cuando menciono que la peli está disponible en grabación doméstica y podemos repetir, el mayor propone que mejor veamos otro capítulo de Rick y Morty y el menor vuelve a insistir en su monotema (“¿mejor Interstellar?”). Si les propongo que en una escala de 1 a 10 puntúen Guardianes de la galaxia, las aventuras del mapache y el tronco de tres palabras se quedan en un 7. La peli está en el casillero de las que molan, pero ma non troppo. Concluyo que es otra para viejunos. La añoranza de aquella ciencia ficción de hace 20 años es algo que los infantes del XXI no tienen.

Boomerang KidNo me rindo. Más visionado de otra época. Probamos la vertiente de pelis serias, porque sean enanos no todo va a ser escapismo. Ahí está, la primera de la lista: 2001 de Kubrick. El menor se durmió con el monolito (Nota 8: Lo habitual es que se duerma cuando proyectamos demasiado tarde la peli -salvo con La Que Tú Ya Sabes-; se mantuvo despierto las noches de Mad Max 2, El juego de Ender y la primera de Los juegos del hambre, además de las entregas de la saga Potter) (Nota 9: No preguntes qué pinta el loco Max en compañía de las otras y qué vio el pequeño para mantenerse en vilo; puedo avanzar que el crío que no habla, el del boomerang metálico, es su ídolo). El mayor se mantuvo despierto y aguantó hasta el final. Le puso buena nota. 2001, una odisea del espacio provocó -era de esperar- un debate. En primer lugar, acerca del significado del final (Nota 10: Y de nuevo he de insistir en lo diferente de las nuevas generaciones: asimiló sin aspavientos la transformación del astronauta Bowman). Luego hablamos de lo que más había despertado su interés: si una IA puede volverse “mala” y el por qué de ese comportamiento, la escalofriante percepción de la muerte durante la desconexión de HAL, qué va a pasar después de que el feto volador de ojos azules llegue a la Tierra. Supongo que la conclusión es que hay esperanza: se queda con la ciencia ficción que mola, y en esa categoría entran -sin distinción- tanto el monolito como el borracho de Rick.

¿Otra película generó parecida controversia, discusiones, hipótesis? Sí. El planeta de los simios. Les gustó mucho a ambos, al peque también. Me refiero a la primera, la de 1968. De la parida que filmó Tim Burton apenas vieron más de unos minutos, la dejaron tras un ataque de risa (Nota 11: Lo siento por Burton, de verdad, Pesadilla antes de Navidad es una de mis pelis favoritas, pero los niños de ahora no conocen la compasión ni sienten nostalgia: se descojonaron aún más de su Batman que de sus simios). El origen del planeta de los simios se quedó para ellos en un Mola ma non troppo. La de Schaeffner, sí, un clásico demostrando que lo es: me acribillaron a preguntas y lanzaron sus propias hipótesis acerca de cómo podría llegar a ocurrir algo como eso en la Tierra.

El corredor del laberinto¿Y las juveniles de ahora? El corredor del laberinto plantea una serie de interrogantes que, sencillamente, quedan en el aire, pendientes de resolverlos en las dos siguientes entregas. El mayor decidió que haría algo mejor que esperar a que filmaran las dos siguientes partes: se leyó los libros. Ya se había metido con 9 años entre pecho y espalda El Señor de los Anillos (Nota 12: Señalo este detalle no para presumir de genes, sino para remarcar que tiene paciencia lectora. Con la trilogía del laberinto no funcionó. Tolkien ha escrito un universo coherente en el que las preguntas tienen a su manera respuestas y las acciones acarrean unas consecuencias. Tanto el hermetismo de 2001 como el suspense de El planeta de los simios contienen su lógica y no admitió que con las explicaciones de El corredor del laberinto le dieran gato por liebre. “No hacen otra cosa que correr y correr de un lado para otro, no lo explican bien”. Abandonó la lectura a mitad del tercer tomo. No le culpo.

Lo intenté con Blade Runner, pero a ninguno de los dos le atrajo el comienzo. Cuando llegue el momento, supongo que opinarán de Scott. También de la hornada última: Her, Coherence y compañía. Veremos lo que dicen de lo que está por visionar. Te aviso. No sienten lástima. Les importan un comino esas listas con las mejores novelas y las definitivas películas. Como decía Cummings: los chicos de los que hablo ríen hasta reventar, no son refinados, matan como el que mea, dicen todo lo que se les pasa por la cabeza. Al igual que tú te pasaste por el forro la opinión de los mayores, ellos van a formar su propio universo de ficción sin hacer prisioneros.

15 pensamientos en “Si menguaras un poco tampoco valdría

  1. Repito mi comentario hecho en facebook, porque me da rabia esto que ocurre muchas veces de que un enlace tenga 100 opiniones en facebook y el texto al que conduce ni una. Ahí va:
    El elitismo cultural, por lo menos según mi experiencia, ha sido expresado siempre desde las Humanidades, no desde las Ciencias. Jamás he visto tirarse el pisto a alguien que estudia ciencias duras sobre ello, simplemente, no hablan de su trabajo; sí lo he sufrido ante gente que le da al arte y a la filosofía, y de hecho, a diario. Creo que es “exactamente” lo que dice Daniel: hay mucha gente que identifica Cultura solo con las Humanidades, y que consideran una suerte de disciplinas mecánicas las Ciencias duras. Debería ser tan escandaloso no saber matemáticas básicas como no saber ortografía, y no saber física básica como no saber gramática. Y sin embargo no lo es. En esta sociedad, tener fondo cultural es saber de cine, literatura, pintura, filosofía, etc. No saber de física, química, geología o matemáticas no te hace inculto, pues no son considerados valores culturales, sino más bien rarezas de concurso. El ciudadano medio ha de tener unos conocimientos básicos de las distintas artes y hablar aceptablemente bien si no quiere ser considerado inculto. Sin embargo, no pasa nada si no tiene ni idea de ciencias y ni siquiera sabe hacer raíces cuadradas. Esto se respira y se ve continuamente en el día a día de nuestra sociedad. Es así.
    Otra cuestión distinta es lo de Boyero. Es un tipo cuya método crítico no comparto, pero para este caso, creo que no tiene que ver mucho con la cuestión principal. Boyero puede reconocer su falta de conocimientos en ciencias (porque, como decimos, en esta sociedad eso no puntúa como incultura), pero eso no descalifica su juicio sobre una obra cinematográfica siempre que este incida en valores cinematográficos, es decir, narrativos, actorales, dramáticos, etc. No hace falta saber de ciencias para valorar una obra narrativa. Por poner un ejemplo, Visión ciega será conceptual y científicamente un gran libro, pero como obra literaria es pésimo.
    En cuanto al trasfondo del artículo, hace años que cargo contra la nostalgia del tipo que se hace mayor. Me duele ver que la gente de mi generación ha caído en el síndrome de la Edad de Oro. Todo lo de su juventud es mil veces mejor que lo de ahora. Han perdido la capacidad objetiva. Yo no dejo de ver nuevas maravillas que son catalogadas por los cuarentones como “puta mierda”, “basura infecta” y demás lindezas (porque esa es otra, no vale con decir que no te gusta algo, hay que denigrarlo para demostrale al otro, al tipo al que le gusta, que está por debajo de ti). Por un lado, se hacen productos que en algunos casos son bastante superiores a los de nuestra infancia/adolescencia, y por otro, la informática y sus gadgets han cambiado la percepción infantil. Un capítulo de Hora de Aventura dura once minutos, y suceden mil cosas. Asimilan más rápido, tienen, como bien señal el artículo, totalmente asimilados conceptos que nosotros debatimos (construimos) hace años intensamente. En realidad es algo que hemnos visto mil veces, la ley natural. Los frikis, nuestra generación, ganamos. Nuestra victoria es de las más grandes y demoledoras que se hayan dado en la historia cultural. Nuestras querencias minoritarias ahora son globales, son la cultura imperante. Lo niños se crían con ellas, crecen en ellas, así que lo que nosotros construimos como un aparte es parte de su esencia. Nos superan en nuestro propio campo, y estoy de acuerdo en que dentro de poco desautorizarán todo lo que damos por sentado.

    • Sobre lo que se considera Cultura y bagaje imprescindible para tener una formación sólida, no hay más que mirar cuáles son las asignaturas troncales de las cuales se examinan todos los alumnos que quieren ir a la Universidad. En las diferentes versiones de la selectividad han estado Historia, Filosofía, Lengua y Literatura o Inglés. Sin embargo ¿qué pasa con las Matemáticas? No vamos a hablar ya de Física, Biología o alguna otra asignatura científica que ha durado en el curriculum una reforma educativa (esa Ciencias para el mundo contemporáneo que podría haber sido un baluarte de la cultura científica en el curriculum de todo el bachillerato)

      Aunque esto no es exclusivo de aquí. Durante mi estancia un año en EEUU me llamó mucho la atención lo que aparecía la expresión “I’m not a Math person” en reuniones de profesores, cuando lo que nos ponían delante era un gráfico o alguna fórmula estadística. Jamás me he imaginado a nadie diciendo “I’m not a Literature person” cuando le cascan delante un soneto de Quevedo o Shakespeare.

    • O hemos perdido. Nuestro reducto friki ha sido ingerido, deglutido y canibalizado por el mainstream, que lo produce de manera indiscriminada, sin un ápice de cariño y cada vez con menos imaginación, recurriendo a fórmulas de éxito (veánse todas las distopías juveniles con fémina rebelde como protagonista).
      Discrepo en algunos puntos de los que se comentan, por ejemplo, para mí, añorante del -buen- cine de los ochenta, Guardianes de la Galaxia no pasa de una película discreta, con espíritu aventurero pero poco más. Los Vengadores están más en mi línea, pero bueno.
      Ahora, coincido que alardear de ignorancia, sea en el ámbito que sea, es absurdo.

  2. Como no tengo hijos, mi experiencia se circunscribe a mi labor como profe de Secundaria y mis conversaciones discontinuas con los alumnos. Mi sentimiento de “xenogénesis” se extiende a la propia manera de “consumir” las películas. Por ejemplo el año pasado, con el tema de Gravity, se la recomendé la mis alumnos de 2º de ESO y a los dos días tres o cuatro ya la habían visto… en tablets y descargadas de internet cuando, por cuestión de tiempos, sólo podían ser screeners. Lo inquietante desde mi óptica es que cuando intentaba razonar por qué me parecía que el cine era en el único lugar donde esa película tiene sentido, me miraban como a un alienígena.

    Y hoy, en un intercambio de clase, me ha llamado la atención cómo varios chicos de 3º de ESO han descubierto el cine trash actual y devoran todo lo que descubren: Zombeavers, Sharktopus vs. el otro bicho (sic), Zombis nazis, la de la tormenta de tiburones (sic)… Un poco como hacíamos con los VHS de la Troma, Russ Meyer y demás “basura” (perdón perdón perdón) de culto. Eso sí, a su manera; ahora más que quedar para verlas mola verlas cada uno en su casa y, si es posible, a la vez, para comentarlas a través del móvil o la tablet.

    A mi lo de ver una peli en una pantalla de 10 pulgadas me da dolor de cabeza

  3. Coincido en general, no solo con lo expuesto en el artículo, sino con buena parte del comentario de Kaplan referido a la magnificación de la nostalgia.

    Pero tengo que decirlo. ¿Interstellar? ¿En serio? O sea, la peli tiene momentos ¡guau!, sí, pero cuando de pronto se vuelve una lo de las emociones frente a la razón y prácticamente viene a decir que el amor es la clave para una Teoría del Todo, casi se me cae la mandíbula… y no de maravilla, precisamente sino de “hala, ya la hemos vuelto a cagar con chorradas”.

    Ese tipo de pensamiento ya me parecía una imbecilidad de joven cuando me lo encontré en el Principito (ya sabéis eso de “lo esencial es invisible a los ojos y se ve con el corazón”) o cuando me lo encontré en una cita de no sé quién en un disco de Aute (“la física atómica no puede explicarme por qué lloro de amor”, decía, a lo que yo siempre pensaba “claro que no, imbécil, eso te lo explica la biología”), así que ahora, de mayorcete, directamente me saca de la película.

    Y lo siento, con todos lo méritos narrativos y visuales que tiene, que los tiene, vuelve a ser otra de esas pelis donde el pensamiento mágico gana. Y seré un viejo cascarrabias, pero si me jode encontrarme eso en general, en algo de ciencia ficción ya ni te cuento.

  4. Kaplan, son los tiempos: pasamos de los foros a las páginas y blogs y de ahí hemos saltado a las redes sociales. Casi todo se comenta en redes.

    En el caso de Interstellar, creo que no es difícil adivinar por qué un niño de 9 se emociona tanto: ahí está el papi, salvando a la humanidad y cruzando el universo si hace falta para volver con la hija. Las escenas de la ola y del último salto de la nave, antes de que caiga en el agujero negro, le entusiasman. Y, curiosamente, el que está al borde de la adolescencia le dice al pequeño que bueno, que está bien, pero que ya vale con lo del superpapi y lo de verla por cuarta vez.

  5. De todas formas, quien suelta la teoría del amor y el universo es un personaje, Amelia Brand. Podemos creerla o no. Cooper pasa de ella y de su teoría.
    ¿Puede verse como que al final ella “tiene razón”? Sólo hasta cierto punto. Lo único seguro es que los que manejan el espacio/tiempo han decidido elegir al miembro de la tripulación que más va a luchar por sobrevivir (y que está en contacto con un científico en el otro lado, por supuesto), por algo que han demostrado los mamíferos desde el principio de los tiempos: los padres, los que tienen que cuidar de sus crías, sobreviven más tiempo y luchan más que los que no tienen la camada a su cargo. Estamos biológicamente programados de ese modo, estadísticamente los solteros mueren antes que los casados con hijos. Visto de ese modo biológico,es lógico que el “malo” sea el Dr. Mann, aquel que sólo se preocupa de su propia supervivencia y no está dispuesto a sacrificarse.

  6. Hola. Muy interesante el artículo, los niños y el fantástico o cf es un tema que casi nunca se trata y cuando se hace siempre es en plan el papá friki que nos hace de reír porque el niño se ha meado en sus tebeos, así que se agradece este enfoque. Pero estoy en desacuerdo en algunas cosas.

    Primero, creo (quizá me equivoco) que tomas a tus chicos como medida para validar una teoría, lo cual carece de todo rigor científico 😉 Aunque claro, uno habla de lo que conoce y yo voy a caer en lo mismo varias veces.

    Bueno, el enfrentamiento que planteas Guardianes-Interstellar. Siendo un poco cabrón, aunque no he visto “Interestellar”, pero sí otras de los Nolan, me atrevería a aventurar que es una película perfecta para chavales que están creciendo. Aparte de que seguro que tiene escenas de naves, agujeros negros y planetas que harán que se te caigan los huevos al suelo, los Nolan suelen narrar como para adolescentes, machacando ideas una y otra vez, sobre todo en los diálogos, para que el espectador se sienta listo y piense que está viendo algo rematadamente profundo y que en el fondo no lo es tanto. Y eso a los chavales les encanta, nos encanta. Cuando tienes diez o doce años te suelen gustar cosas que en teoría son de “mayores”. Yo vi “2001” con diez o doce años en el Super 8 de un amigo y me estalló la puta cabeza. Me alucinó esa sensación de ver algo “adulto” que no entendía y que por eso mismo me atraía, tenía un halo de misterio. Ocurre algo similar con los videojuegos, a los chavales lo que les mola son los pegatiros (o molaba, ahora lo peta muchísimo el Minecraft), mientras que los Pokemon, que son juegos pensados para niños, son consumidos por viejóvenes que llevan jugando desde la primera Gameboy.

    Sobre el resto de películas que mencionas, es como un conocido que le puso no sé que juego de última generación a su sobrino y el chaval se aburrió y acabaron pasándoselo pipa con el Super Mario World de la SNES. No era la época, ni la edad del chaval, es que uno era un juego malo y el otro bueno. Y esto igual, “El planeta de los simios” es una buena película y “El corredor…” no, y “Guardianes” es una peli distraidilla y ya. Otra cosa es que en el tuiter haya sido un aquelarre de ditirambos, porque tuiter no tiene ni término medio, ni espacio para expresarlo. A mí en general la nostalgia no me parece mal, ni me molesta, si eres consciente de que has caído en sus garras. Y con Guardianes, mucha gente lo que reivindicaba en mi timeline no era la nostalgia, sino la diversión, quizá la inocencia, los héroes brillantes y con sentido del humor, lejos de los héroes oscuros nolanianos, ése Batman serio, “adulto”, que tratan temas pretendidamente “profundos”, como si le diera vergüenza hacer una peli de superhéroes.

    Este párrafo no lo he entendido muy bien y me he dado por aludido, jajajaja. Si no es así, perdona por el rollo que te voy a largar;

    “Segundo: están en otra edad. Echa atrás la vista y recuerda cómo te lo pasabas con Mazinger Z, Superman (estás leyendo esto, obviamente la de 1978), Cazafantasmas o La Patrulla-X y luego véndeme la moto de que es lo mismo. Convéncete de que los Piratas del Páncreas y los eructos del científico de Rick y Morty están hechos a tu medida y no a la de un adolescente (Nota 3: A continuación te vienes a casa, pongo en marcha el Medidor de Risas y Pupilas y vemos uno de los episodios de esa serie de animación; luego comparamos tus resultados con los de un chaval de 12).”

    Lo que no entiendo es que no concibas que a un adulto no le pueda gustar sinceramente “Rick y Morty” u otro producto dirigido a adolescentes (aunque discrepo profundamente con la idea de que esta serie esté dirigida únicamente a chavales). Evidentemente yo y un chico de doce años vamos a disfrutar “Rick y Morty” de diferente manera, a él, que tiene menos callo, le va a volar la cabeza y le van a hacer mucha gracia los chistes escatológicos (a mí también), pero mi disfrute no va a ser de “menor calidad” o por pose friki como insinúas. Va a ser diferente, simplemente. Aparte que “Rick y Morty” es muchísimo mejor que cualquier dibujo animado que yo haya visto de chaval, exceptuando las cosas de Chuck Jones, es que está a años luz, es la serie que Rudy Rucker hubiera hecho de ser animador. A mí los dibujos animados (o la animación, que suena como más serio) en general siempre me han gustado muchísimo y ahora mismo creo que el nivel de las mejores series está fuera de control, es una cosa exagerada lo buenos que son y viéndolos no me lo paso como cuando era pequeño, me lo paso todavía mejor, porque sé más cosas, tengo más bagaje y las aprecio de una manera, perdón por la expresión, más profunda.

    Te pongo otro ejemplo para machacar esta idea como homenaje a Nolan. A mí me gusta muchísimo “Hora de Aventuras”, que suelo ver con mi hija de seis años. “Hora de Aventuras” es una serie pensada para niños y, una de las cosas que más me gustan, es que les habla directamente a ellos, en su propio idioma, de una forma completamente nueva. Pero que se puede disfrutar siendo adulto. Se puede disfrutar de la dirección artística, del humor absurdo, de algunas perlas sobre las relaciones adolescentes, el amor, la amistad o la violencia, de las situaciones surrealistas, de la fascinante cosmogonía que están construyendo, de animadores “de vanguardia” (David O´Reilly) que invitan a algún episodio, etcétera. Incluso del tema central, ese niño preadolescente inmerso en su paisaje mental fantástico, que actúa como un niño sin tomar prisioneros como muy bien defines en el último párrafo. Es un poco verlo “desde fuera”. Mi hija simplemente se lo pasa pipa y no lo racionaliza, ambos nos lo pasamos fenomenal, pero a diferente nivel. Y cuidao, que yo el primer episodio de “Hora de Aventuras” que vi no lo racionalicé tampoco, simplemente aluciné con lo que estaba viendo. Jajaja, no sé, será que no he madurado y todavía me siguen maravillando unos dibujos animados, qué le vamos a hacer.

  7. El rigor de lo que digo es cero. Si fuera ciencia, podría tratarse de uno de esos posters de los congresos que se titulan “A propósito de un caso”, con los que se busca reflexionar, dudar, plantear hipótesis, nunca demostrar algo.

    Claro que un adulto puede disfrutar con Rick y Morty. Yo me lo paso muy bien. Pero es evidente que se vive de manera diferente. A veces ellos se parten con lo más bobo, de igual modo que yo con 13 me reía si alguien decía culo o pedo, pero no voy por ahí. Tienen una risa floja que no es la mía, ni creo que pueda volver a serlo.

    Se puede estar en desacuerdo con sus gustos o con los míos. De lo que soy plenamente consciente es de cómo se están creando su propio universo de ficción, al margen de mí. Aquello de que los padres, para mal, pueden joder vivo a un niño, pero para bien, con toda la buena educación que les puedas proporcionar, no vas a influir más de un 20% en lo que serán en unos años.

  8. Buenas, muy agradecido por la lectura del artículo muy de acuerdo con su fondo desde mi propia experiencia de padre. Para mi hija de casi diez años y sus amigos no hay separación de ningún tipo y punto: ven Hora de aventuras y Tito Yayo (que es digna de análisis aparte) con absoluta naturalidad.
    Los que pensamos en cosas de esas del ghetto y de estar a la defensiva somos los antiguos, los que vivimos las épocas oscuras del postfranquismo.
    Luego ya podríamos entrar a discutir el detalle; mi hija por ejemplo considera Guardianes de la Galaxia como The Real Thing. Una de aventuras del espacio con música molona y además UN MAPACHE MONÍSIMO. Le parece indignante que no estrenen la segunda hasta el año que viene.

  9. Yo esperaba que se convirtieran en fans de Guardianes. Y les gusta, pero en segunda línea.

    Ahora caigo en que no he comentado que para el de 12, en lo más alto del podio, se encuentra Star Wars. Podemos hablar de lo mal director que es Lucas, de cómo la fastidió desde el episodio VI, etc., pero ahí está. No distingue entre primera y segunda trilogía, como nosotros. Devora con el mismo interés las 5 temporadas de la saga de los clones y construye con Legos sus propias naves. Lo único que no se traga son los cómics. Desde luego, algo tiene Star Wars.

  10. Diablos, y yo que me quedé sin ver Interstellar por no aburrir a mis hijos…

    Los niños son implacables, sin duda. El lunes pasado intenté ver El ministerio del tiempo con ellos. Catastrófico.

  11. Mi idea era dejar al de 9 en casa, pensé que se iba a aburrir. Si me lo hubiera intentado camelar con que me aacompañara a lo mejor todavía estaba echando pestes. Insistir en que quizá no era para él, provocó el efecto contrario.

    Y estoy también seguro de que mi valoración de la peli sería otra si no fuera padre. A ver, yo decía que los nenes son un coñazo hasta que me tocó apechugar. Cuando imitando a Kubrick -sólo en la forma- se produce una brusca transición entre lo que ha pasado en Tierra y la nave que despega, al estilo hueso-nave, cualquier papi está en esa escena encogido. Sé que Nolan hace trampa y mete la música a todo trapo justo antes de la imagen del despegue, sé que juega con mi ansiedad y la situación de la ficción, pero le funciona. Imagino que con el niño también.

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