Exhalación, de Ted Chiang

ExhalaciónLa segunda colección de Ted Chiang podría calificarse como el libro más esperado de la década. No tanto para el grueso del público (la primera edición de La historia de tu vida tardó en agotarse bastantes años), como por los lectores de aquella, su primera obra. Un libro versátil que abría las puertas a un universo conceptual fascinante, enfocado desde una mirada que convertía cada pieza en una labor de orfebrería. De alguna manera, una consecuencia de la propia singularidad de Ted Chiang en el mundo de la literatura, que ya había convertido la publicación de las últimas de aquellas historias en un acontecimiento. Tres lustros han pasado desde entonces y Chiang ha reforzado esa excepcionalidad sobre la cuál se fundamenta su carrera. Ese evento detrás de la publicación de cada nuevo texto se extiende ahora con la traducción de Exhalación, sin caer en el mal de este tipo de colecciones-obra completa: la presencia de abundante grasa y tejido insustancial alrededor del material más pertinente. Como adelanto, no me ha permitido recuperar el sentimiento extático de La historia de tu vida. Y aunque puede explicar una parte, mi envejecimiento no lo es todo en esta ligera decepción.

El texto más extenso de Exhalación es «El ciclo de vida de los elementos de software«, una novela corta ya traducida en 2012 dentro del primer Terra Nova. Entonces me estrellé contra ella y su pretensión de narrativizar una especulación mediante un trabajo sobre los personajes y sus historias impropio de ese vuelo especulativo. Ahora he tenido mejor suerte, no porque haya conseguido librarme de aquel amargor. Siempre interesado por la creación de la identidad, Chiang se entusiasma por el proceso de maduración de unas IAs diferentes a las tradicionales en la ciencia ficción; infantiles, inocentes e incapaces de cumplir con las necesidades de un mercado que choca contra su escasa usabilidad y su absoluta dependencia de sus dueños. En sus más de 100 páginas se enhebran dos décadas de problemas logísticos y de continuos esfuerzos por mantener el progreso de tres de estas IAs por parte de sus dos dueños. Chiang no parte de la nada y se inspira en la vida comercial de multitud de gadgets y juegos masivos de internet, discontinuados por sus productoras para ser mantenidos por sus usuarios en la unidad de cuidados intensivos. Pero ahí está también su disciplinada imaginación a la hora de plantear la posible evolución para conseguir la cuadratura entre pervivencia y rentabilidad. Explora las cuestiones éticas sobre los derechos de estas extrañas criaturas y su capacidad para ejercer la libertad mientras establece un continuo símil con la maternidad/paternidad, los sacrificios, éxitos, renuncias y el coste personal aparejados.

La riqueza de esas reverberaciones no tiene el mismo eco en el equilibrio entre la personalidad de esas IAs y unos personajes humanos absolutamente planos y formulaicos. Ese acartonamiento tiene su propósito; imprimen la distinta percepción que tienen de ellos, entre lo humano y lo animal, y refuerzan la idea de lo excepcional que puede ser el esfuerzo de una vida «vulgar». Ambos detalles enfatizan cómo en Chiang todas las puntadas tienen hilo, pero no ha disipado mi impresión sobre la escasa profundidad de algo que podría haber resultado más atractivo. Además el relato tampoco tiene un buen final. Concluye con una supuesta llegada a la edad adulta y la «liberación» respecto a sus dueños, haya llegado o no la madurez, en un cierre de escasa fuerza que deja la novela corta colgada.

Ted ChiangChiang cuenta con relatos magníficos donde equilibra las ideas y la ficción a su alrededor desde una complejidad literaria, especulativa, moral, pero en este libro le cuesta alcanzar la misma intensidad y cercanía. Le veo mejor cuando se mantiene más contenido, menos ambicioso en la escala del relato humano, caso del cuento que da título al libro; una magnífica especulación contada en primera persona en la que una inteligencia no humana se pregunta por la naturaleza de sus procesos vitales y realiza una deslumbrante autoexploración, individual y colectiva, hasta llegar a una serie de conclusiones deslumbrantes. Sin personajes, sin más argumento que sumergirte en la otredad, se entrega a describir esa existencia ajena desde un virtuosismo textual íntimamente ligado al conceptual, basado en el segundo principio de la termodinámica. El logro detrás de «Exhalación», ese carácter memorable que sitúa el relato en la misma categoría que otros cuentos no-humanos como «Amor es el plan, el plan es la muerte«, no es para nada sencillo y Chiang lo consigue con un tour de force repleto de descubrimientos. Acierta a ir de lo particular a lo general desde una naturalidad equiparable a su coherencia y su consistencia. Dos de las cualidades compartidas por la mejores piezas del libro.

Así aprecio «El comerciante y la puerta del alquimista», una narración formada por varios cuentos encadenados sobre el uso de unos agujeros de gusano para viajar en el tiempo. La gracia está en contar la existencia de estos cuerpos en un contexto propio de Las mil y una noches, con esa forma de relato oral tan característica, y encuadrar toda la descripción desde ese contexto medieval. Es inevitable dejarse llevar por la tentación de encontrarle equivalencias con «La torre Babilonia», otro de los grandes hitos de La historia de tu vida. Es posible que nada de lo leído llegue a sorprender al lector. Chiang apuesta claramente por una relación causa-efecto inquebrantable, sin asomo de paradojas que pongan en cuestión ese determinismo férreo al cual regresa en otras ficciones del libro.

Tal es el caso de «Lo que se espera de nosotros», un cuento muy breve al que apenas le falta un poco más de calado literario para hacerlo realmente opresivo. La libertad de elección y el libre albedrío vuelven a ser el centro en «La ansiedad es el vértigo de la libertad», vibrante ejercicio de conjetura sobre una máquina que, al encenderse, produce un suceso cuántico que abre una comunicación con un universo paralelo. Desde ese momento es posible comunicarse con esa otra realidad, en un juego especulativo de amplia gama que recuerda al de Luz de otros días, la novela en que Stephen Baxter y Arthur C. Clarke sacaron petróleo de la idea del vidrio lento de Bob Shaw. Me ha resultado tan inevitable rendirme ante la capacidad de Chiang para explorar ideas como sus problemas para ofrecer algo de emoción o sustancia más allá de la búsqueda conceptual. Y eso si sientes más cercano la vía de «Luz de otros días«, el relato original de Shaw, puede dejarte en el campo de la decepción.

Estos relatos tienen algo del T-1000. Expeditivos, versátiles, tocan los puntos que tienen que tocar, pero se pueden notar faltos no ya de humor, sino de calor o sentimiento. La cumbre de esta frialdad está en «La verdad del hecho, la verdad del sentimiento», el diálogo entre dos relatos emplazados en dos momentos de transición: uno en el paso de una cultura oral a otra escrita y el otro en la evolución hacia una enteramente digital. El primero, más cercano a un tratamiento antropológico, indaga en las tensiones que aparecen cuando lo contado se contrapone a lo redactado. El segundo, más próximo al drama contemporáneo, crece desde el shock de un padre enfrentado a las incongruencias entre lo recordado y lo grabado. Como la mayor parte de la selección, los elementos encajan y se realimentan, te hacen disfrutar con las ideas planteadas, pero también me han hecho preguntarme de hasta qué punto algunas de estas ficciones no funcionarían mejor desde un ensayo especulativo como los que Lem escribió en varios momentos de su carrera. Quizás mejor así, porque Chiang no anda sobrado de esa mordiente.

ExhalationCuriosamente, el humor detrás de «Ónfalo» le otorga un vuelo propio. Una vuelta de tuerca a las ideas de «El infierno es la ausencia de Dios», con un universo donde la existencia de Dios está más allá de toda duda y la ciencia se orienta a estudiar las diferentes manifestaciones de la divinidad, cómo refuerzan la idea de la creación. El conflicto para la narradora aparece cuando se enfrenta a un descubrimiento que resquebraja las convicciones de la sociedad terrestre; no desde el cuestionamiento de esa creación sino de la finalidad de aquel acto ocurrido hace miles de años. La manera en que se expone la zozobra y transforma/reafirma las creencias de la narradora llevan al cuento a un desenlace delicioso.

«El gran silencio» es otra humorada, en este caso muy dependiente del formato en que fue concebido: una idea para un montaje artístico sobre el radiotelescopio de Arecibo. Esta exploración la idea del absurdo de buscar inteligencias alienígenas cuando pueden quedar otras aquí en la Tierra, despreciadas, queda un poco huérfano cuando se ofrece exclusivamente como texto, sin la obra que lo revestía y le daba todo su sentido. Finalmente, «La niñera automática, patentada por Dacey» juega en el terreno entre la ficción y la no-ficción que Chiang ya abordara en «¿Te gusta lo que ves? Documental«, en este caso volviendo a la idea de la crianza y la conexión entre padres e hijos de «El ciclo de vida de los elementos de software», desde una menor ambición. No está mal.

Y esto es todo. Chiang me ha vuelto a deslumbrar con el despliegue de ideas de esta colección, el fruto de más de una década de trabajo cuya singularidad es necesario seguir celebrando. Más cuando Sexto Piso ha conseguido llevarlo a un público mayor que Bibliópolis/Alamut demostrando que hay espacio para ciencia ficción pata negra en las librerías, además mejor escrita que otros libros que han roto últimamente como los libros de Los tres cuerpos. Pero tampoco puedo dejar de darle vueltas a esa idea que apuntaba antes. Cómo Exhalación es a La historia de tu vida lo que Luz de otros días de Clarke y Baxter fue al «Luz de otros días» de Shaw. Un ejercicio de especulaciones tan tremendo como, a ratos, falto de la emoción que (creo o quiero recordar) impulsaba una parte de esa obra anterior.

Exhalación, de Ted Chiang
Exhalation (2019)
Trad. Rubén Martín Giráldez
Sexto Piso (2020)
348 pp. Tapa Blanda. 22,50€
Ficha en La Tercera Fundación

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