Las voladoras, de Mónica Ojeda

Las voladorasLas voladoras es una colección de cuentos en la línea de los primeros libros de Mariana Enríquez publicados en España por Anagrama. Desde una mirada comprometida y una propuesta estética propia, Mónica Ojeda se acerca en sus ocho relatos a aspectos relevantes de la actualidad, ahondando la vía abierta en Nefando y Mandíbula. Este carácter potencia la sensación de conjunto, aunque no ha sido suficiente para pasar por alto pequeños excesos o carencias que, tal y como los percibo, desequilibran varias historias. Veamos por qué a partir de una de ellas: “Soroche”.

“Soroche” se sostiene sobre los abusos que padece una mujer: de su marido y, colateralmente, de su grupo de amigas más cercanas. Lo viciado de sus relaciones se evidencia desde el momento que cada una de sus protagonistas cuenta cómo valora al resto en primera persona. Unos pensamientos que detallan unos vínculos donde lo que cada una expresa está en continua contradicción con lo que creen. La toxicidad en la que se maceran realimenta la baja autoestima de la víctima y la empuja a dar un salto transformador delante de sus compañeras. Esas perspectivas en primera persona, formuladas a modo de confesión, se suceden de manera certera y desnudan sin miramientos la hipocresía general. Sin embargo, todo lo que tiene “Soroche” para promover una reacción a partir del daño padecido por la víctima se enmaraña y se ahoga acogotado por una retórica exagerada. Sin tregua, Ojeda insiste en esa falsedad en el trato y subraya cuestiones innecesarias (la clase social) en una formulación que escora los retratos hacia lo paródico. Si le sumamos lo precipitado del desenlace, la gravedad se evapora y las virtudes del relato quedan neutralizadas.

Esa insistencia en evocar emociones y remover al lector con el cómo se cuentan es la clave de Las voladoras. En ese sentido funciona “Sangre coagulada” cuando una niña desvela su iniciación en una serie de saberes alejados de nuestra experiencia en una comunidad rural. Ya las primeras palabras, que ponen el foco sobre su fascinación por la sangre, ejercen de preámbulo de lo que está por venir; una sucesión de recuerdos y estampas enhebradas con nervio cuyo impacto se apoya en un lenguaje lírico que captura un extraño costumbrismo. Ese vigor no enmascara que “Sangre coagulada” se circunscribe por completo a esas sensaciones y situaciones en ese entorno. No hay más, tampoco menos.

Mónica OjedaEstas vía centrada en la creación de imágenes y la sugerencia (“Las voladoras”, “Terremoto”) bordea el poema en prosa en bastantes pasajes y puede llegar a saturar. De hecho, la ausencia o el descuido de otras facetas más convencionales puede ser frustrante. Así he sentido “Cabeza voladora”, una apuesta por una base de terror más cotidiano con una mujer paralizada por un hecho para ella fortuito: haber sido testigo de un crimen atroz. Cada noche revive la experiencia y la ansiedad la sitúa en una estado crítico, agravado por la exposición mediática. La purificación llega a través de su participación en un ritual fantasmagórico organizado por unas mujeres misteriosas. No está mal hasta que, en sus últimas dos páginas, “Cabeza voladora” se licencia con una variación del trauma y se abandona como quien salta de un tren en marcha sin haber llegado a la estación.

En esta vertiente más “clásica” me ha funcionado mejor “Slasher”, la vida de una pareja de gemelas inseparables y, aun así, distanciadas por la sordera de una de ellas. Las diferencias entre ambas, la percepción de bruja que despierta la sorda a su alrededor, abunda en una fascinación por lo enfermizo forjada in crescendo. Ojeda aborda una fascinante reformulación de un tema esencial en el fantástico (el doble) y lo saca punta gracias a la textura macabra de las actuaciones musicales que protagonizan las hermanas. Un dueto que estremece a sus espectadores en unos números entre lo siniestro y lo perturbado. “Slasher” termina con un aldabonazo revulsivo que culmina la secuencia de dualidad, enfrentamiento y aceptación. En el otro extremo está “El mundo de arriba, el mundo de abajo”, quizás el relato más ambicioso, el catártico viaje de un padre para recuperar a su hija muerta. El paisaje exterior, áspero, montañoso, evoca unos Andes mitológicos y tiene su espejo en el interior del protagonista mientras recuerda y añora a sus mujeres muertas. Una combinación en su ascetismo enormemente expresiva que me ha agotado por su extensión. He visto sus virtudes ahogadas por la reiteración y un extenuante tono monocorde.

La integración de lo universal y lo local, la presencia de elementos fantásticos flamantes, el uso de lo fantástico para poner ahondar en el sufrimiento de las mujeres… Hay en estos cuentos valores para reivindicar Las voladoras. Basta ver los parabienes que está recibiendo el libro. Pero también se carga demasiado el peso sobre lo formal dejando al argumento y la narración muchas veces entre el esbozo y la caricatura. Por ese motivo, por el momento, me parece más atractiva la Ojeda novelista. Si no han leído Mandíbula, no sé a qué esperan.

Las voladoras (Páginas de espuma, Colección Voces / Literatura nº302, 2020)
Rústica. 128 pp. 15 €
Ficha en la web de la editorial

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