Sauce ciego, mujer dormida, de Haruki Murakami

Sauce ciego, mujer dormida

Sauce ciego, mujer dormida

Haruki Murakami es un autor atípico en muchos sentidos. Sus orígenes son tardíos: no empezó a tomarse en serio la escritura hasta que había cumplido los 30 años, sin apenas rodaje previo. Tampoco se adscribió a ninguno de los movimientos literarios de su época, ni ha llevado una vida especialmente revolucionaria o llamativa, al estilo de su compatriota Yukio Mishima. Sin embargo esto no le ha impedido firmar una novela que marcó toda una generación en Japón allá por los 80, Norwegian Wood –aquí conocida por el aséptico título de Tokyo Blues–, entre otras muchas con las que se ha creado un nombre fuera y dentro de su país. Además se encuentra en la cómoda posición de autor sencillo de leer a la vez que admisible para gustos más intelectualizados, lo que le ha permitido colocarse en los escaparates de las principales librerías en todo el mundo.

En España la evolución de su carrera ha sido lenta pero firme: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo lo convirtió en un autor de culto a pesar de que sus lectores se contaban con los dedos de la mano –por aquel entonces busqué infructuosamente información sobre él por Internet–, pero no fue hasta Tokyo Blues, su quinta novela traducida al castellano, que consiguió verdadera  difusión en el mundo literario. Ahora, tras repetir diana comercial con la menos inspirada Kafka en la orilla, Tusquets edita su más reciente recopilación de relatos, Sauce ciego, mujer dormida, que es el objeto de esta reseña.

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Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas

Parientes pobres del diablo

Parientes pobres del diablo

He aquí un libro corto, casi de descanso. Parientes pobres del diablo se asemeja en brevedad y fisonomía a Sueño profundo, la recomendable antología de Banana Yoshimoto editada también por Tusquets. Consta de tres cuentos largos –o nouvelles, en registro afrancesado– que tocan temáticas diversas, pero que comparten un denominador común, el de la respuesta humana ante el elemento sobrenatural. Tres historias en las que el encuentro de los personajes con lo fantástico provoca reacciones de signos opuestos: aceptación, repudia e indiferencia.

Un comerciante sufre en África los efectos de una extraña maldición al alojarse en un pequeño hotel en apariencia tranquilo y confortable. Un joven de buena familia decide emplear su tiempo y sus viajes en investigar una casta humana nacida para el mal, perfecta encarnación de lo diabólico. Una anciana suspicaz, temerosa de que sus familiares la ingresen en una residencia, atribuye a un «simpático» moscardón su alteración de rutinas y el reencuentro con viejas compañeras de colegio, con las que revive —¿o transforma?— escenas del pasado.

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Sueño profundo, de Banana Yoshimoto

Sueño profundo

Sueño profundo

Poco a poco, la literatura del país del Sol Naciente va aumentando su presencia en nuestras librerías, y como es natural, lo hace con fortuna dispar. Si obviamos la moda del adulterado «fenómeno geisha» –al que mal que nos pese hay que agradecerle gran parte de este repentino interés por la cultura oriental–, el balance de calidad se decanta hacia el lado positivo. Uno de los ejemplos de esta bienvenida fiebre amarilla es la reivindicación de Banana Yoshimoto, de quien Tusquets ya nos había anticipado algunas de sus principales obras. Se trata sin duda de una de las puntas de lanza de la nueva literatura japonesa encabezada por Haruki Murakami, escritor con quien se la llegó a comparar por el carácter pop de su primer gran éxito, Kitchen. En su siguiente libro, este Sueño profundo que ha tardado más de 15 años en llegar a España, Yoshimoto cambia el rumbo y demuestra que la variedad de registros también se cuenta entre sus posibilidades.

Tres jóvenes que atraviesan un periodo difícil de su vida son las protagonistas de este bellísimo volumen de la escritora japonesa Banana Yoshimoto. «Sueño profundo», «Los viajeros de la noche» y «Una experiencia», los tres relatos que componen el libro, exploran a través de esas jóvenes los mundos que se abren cuando todo parece desmoronarse y sólo queda el vacío, mundos poblados por sombras que de pronto se hacen presentes en la vida de cada día.

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