Nuestro propio Adrian Veidt microscópico

En una ocasión en la que entrevisté a Pat Cadigan, hace ya de esto treinta años, al terminar me dio su tarjeta de visita. En ella se podía leer: «Escritora – Futurista». Desde entonces, observé con frecuencia que los autores de ciencia ficción anglosajones tenían un segundo ingreso como conferenciantes, articulistas para medios generales, incluso asesores de empresas. Que yo sepa, hay varios bastante conocidos —por lo menos David Brin y Bruce Sterling— que se ganan sobre todo así la vida. Para mencionar autores más actuales, Tim Maughan hizo un notorio informe para una importante firma de ingeniería, Arup, y PriceWaterhouse Cooper presentó en 2018 un trabajo titulado «Using Science Fiction to explore business innovation», entre otros muchos ejemplos. También es sabido que Larry Niven coordinó para la administración Reagan un grupo, el Citizens Advisory Council on National Space Policy, en el que también participaron al menos Jerry Pournelle y Poul Anderson.

Bien, no pretendo compararme con estos/as señores/as obviamente mucho más listos e imaginativos que yo, y que además en su calidad de creadores me merecen el máximo respeto (no por su ideología, que Anderson y Pournelle sí son ultraderechistas, no como Heinlein, que sobre todo era un señor egoísta y raro). Pero sí es verdad que a lo largo de los años parece ser que yo mismo he ido afinando una cierta capacidad prospectiva. El término me gusta, sí; lo empleé para definir un tipo de literatura que, entre otras cosas, realmente quiere hablar del futuro y se lo toma en serio, a diferencia de lo que impulsa la creación de Star Wars, por poner un ejemplo muy obvio, que es presentar aventuras arropadas por un determinado tipo de iconografía

Prospectiva, sin «literatura», es el análisis serio de futuras tendencias. En mis ejercicios prospectivos de salón, mis amistades me dicen que he tenido algo más de acierto (y unos cuantos fracasos, claro) que la media de lo que se lee en la prensa. Y eso se debe, creo, a que en mi trayectoria personal se han ido produciendo una serie de circunstancias.

La primera y obvia es que he leído mucha ciencia ficción. En una ocasión alguien me acusó de que parecía que había leído TODA la ciencia ficción, y por una vez tuve la chispa para dar una respuesta ingeniosa en el momento: «Hombre, toda no, pero desde luego DEMASIADA». En efecto, no son pocas las ocasiones en las que me arrepiento de no haberme puesto todavía con Guerra y paz, pongamos por caso, mientras sí que he leído prácticamente completos, o al menos todos los contenidos que me interesan, de los en torno a un centenar de ejemplares que publicó la revista Galaxy en el periodo 1950-1959. Sensación agravada porque la verdad es que a mí la mayoría de los clásicos sí que me gustan y tengo a metro y medio de distancia de mi mano, mientras escribo, una bonita edición del tomaco de Tolstoi. Pero es lo que hay, qué puedo decir; ya no hay vuelta atrás, y también disfruté muchas veces incluso con lecturas muy irrelevantes. En apariencia, lo bueno es que he absorbido, qué sé yo, petabytes de información sobre especulaciones acerca del futuro, entre las que no siempre resulta fácil distinguir lo idiota de lo útil. Algún poso habrá dejado.

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Edición limitada, de Tim Maughan

Edición limitadaFata Libelli tiene por costumbre obsequiar a sus suscriptores con un relato largo. En la campaña de 2016/17 la narración elegida ha sido Edición limitada, si no me equivoco la presentación de Tim Maughan en España. Alfonso García ya había escrito sobre ella hace tres años cuando reseñó Paintwork. En dicho texto hacía mención a la fidelidad de Maughan hacia la ciencia ficción de los próximos cinco minutos. Esas historias prácticamente enclavadas en nuestro presente que exploran conductas y tendencias a través de una mínima proyección de algún elemento tecnológico, económico, social… que las magnifica y muchas veces deforma. Todo con la vista puesta en poner de manifiesto sus causas y sus consecuencias.

Edición limitada se desarrolla en las calles de Bristol en un Reino Unido postindustrial. Muchos de los objetos que ahora compramos en los comercios se descargan y elaboran en casa. Mientras, los centros de las ciudades se han convertido en permanente zona en conflicto donde los jóvenes de clase trabajadora participan en asaltos a los establecimientos que quedan retransmitidos por streaming a través de internet. Este relato cuenta uno de ellos desde el momento en el cual sus promotores, unos chavales cautivados por un anuncio de unas nuevas deportivas, organizan el ataque a una tienda para hacerse con las zapas. Un producto fuera del alcance de sus posibilidades, un ansiado objeto de deseo para lograr un cierto estatus.

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The Peripheral, de William Gibson

The PeripheralComo todo lector de bien, cuando supe que The Peripheral, la última novela de William Gibson, estaría ambientada en el FUTURO se me subió el hype por las nubes, babeando como un perro de Pavlov ante la palabrita mágica de marras. Resultaba además una decisión intrigante, si Gibson había abandonado la ciencia ficción en Mundo espejo porque ya resultaba innecesaria para analizar un mundo que ya parecía de cf, ¿qué le empujaba a especular sobre el futuro de nuevo? Pero sobre todo, lo que más me intrigaba era si Gibson recuperaría algo del crédito perdido con las dos últimas novelas del ciclo de Blue Ant. Confieso que, como persona que aún no se ha repuesto de la lectura de Neuromante hace ya más de veinticinco años, deseaba que así fuera. Lamentablemente, Gibson ha regresado al género con sus defectos y virtudes fuertemente acentuados y los últimos no han podido hacer que olvidara los primeros.

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Paintwork, de Tim Maughan

Paintwork

Tim Maughan es inglés, se declara admirador de William Gibson y escribe ciencia ficción de los próximos cinco minutos. Tres cosas que si las leo en una entrevista van a hacer que pique sí o sí. Y siendo ahora tan fácil como acudir al Imperio del Mal Cultural Que No Paga Impuestos y descargar a un precio irrisorio «Paintwork», una brevísima antología de tres relatos autopublicados hace año y medio (sí, siempre llego así de tarde a todo), pude comprobar enseguida si mi intuición era correcta o había metido la pata .

Como digo, Tim Maughan escribe cf de los próximos cinco minutos, mejor dicho, de los próximos treinta segundos. Un escritor que ha logrado sacar la cabeza del culo, con perdón, más interesado en el mundo que le rodea que en la Singularidad y otras zarandajas, obsesionado con la omnipresencia de la tecnología y sobre todo internet y su influencia en la dinámica social en general y en personajes de la calle en particular, en la gente más o menos normal que se desenvuelve en entornos urbanos y fácilmente reconocibles. «Coño, pues como el cyberpunk», pensará usted. Pues sí, perspicaz, inteligente y apuesto lector o lectora, como el cyberpunk. Pero hasta cierto punto.

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