La mucama de Omicunlé, de Rita Indiana

La mucama de OmicunléEs digno de estudio cómo el fandom, tan capaz de sobreprestar atención a novelas que apenas se ven en un puñado de librerías, pasa por alto otras como ésta, a mitad de camino entre la ciencia ficción y la fantasía, publicadas por editoriales de amplia distribución cuyos servicios de prensa y redes client… de colaboradores no abarcan su terreno. Una vez más hemos perdido la oportunidad de otorgar en tiempo y forma nuestro reconocimiento (reseñas, ¡premios!, ¡¡agasajos a su autora!!) a un libro que, con desparpajo, aúna el encanto del realismo mágico y la diversidad del cyberpunk de Mirrorshades (ése que cuesta ya reconocerlo como tal) para componer un excéntrico retrato de un país y los tiempos que nos ha tocado vivir. En menos de 200 páginas.

Lo más convencional de La mucama de Omicunlé, y casi el único aspecto en que sigue algún tipo de fórmula, está en su estructura: Rita Indiana secuencia una serie de historias cuya congruencia, al principio en cuestión, se sustancia con cada nuevo capítulo. Su primera protagonista, Acilde, es la mucama de Esther Escudero. A mediados de la próxima década, Acilde se prostituía en las calles de Santo Domingo para reunir dinero y pagarse un cambio de sexo gracias al Rainbow Bright; un tratamiento bioquímico que mutará su cuerpo y la transformará en un varón. Así conoció al marido de Esther quien contrató sus servicios al confundirla con un chico y la terminó llevando a su mansión para convertirla en su criada. En la vivienda descubre un cuarto donde se custodia un ánfora con una exótica anémona en su interior, vestigio de una especie extinta tras la catástrofe ecológica que asola los mares y, básicamente, todo el planeta. Un recurso sobre el cual Acilde y su compinche Morla ponen su mirada para hacer fortuna.

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Así es como la pierdes, de Junot Díaz

Así es como la pierdes

Junot Díaz no es un narrador prolífico; en su haber sólo cuenta con una novela, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, y dos colecciones de relatos. Así es como la pierdes es la última de ellas, traducida hace unos meses y un tanto decepcionante. Apenas tres o cuatro de sus nueve relatos escapan de la mediocridad. El resto son meras repeticiones de un lugar común devaluado con cada iteración. Historias tan escasas de frescura y de sentido que ponen en tela de juicio cualquier proceso de selección que hayan podido atravesar.

El relato clave para entender Así es como la pierdes es «Guía de amor para infieles”. La historia de un hombre que engaña y pierde al amor de su vida para, durante cinco años, quedar marcado por su recuerdo. La manera elegida por el protagonista para desplegar su mapa de relaciones fracasadas resulta sumamente atractiva, con esa sorna caribeña tan característica de Díaz en la cual se suceden ingenio y autocrítica. Merece especial atención la imposibilidad del dominicano medio para mantener una relación monógama; un imperativo sociocultural, si no genético, observable tanto en su narrador como, sobre todo, a través de su mejor amigo: Elvis. Un antiguo soldado «felizmente» casado que mantiene una pseudofamilia paralela en la República Dominicana. Hay gotas de desarraigo, del peso de roles heredados y mucha añoranza de la vida tal y como debiera haber sido y no fue.

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La maravillosa vida breve de Óscar Wao, de Junot Díaz

La maravillosa vida breve de Óscar Wao

El tiempo corre que se las pela, la memoria tiene una capacidad de retención equivalente a la de Latro, la actualidad lo domina todo y las atrocidades de ayer cubren bajo gruesos paños de polvo cualquier barbaridad cometida hace más de una década. Por eso viene bien leer una novela como ésta que ofrece una mirada singular a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo; tres décadas que sumieron a la República Dominicana en una sima de la que todavía no ha sido capaz de sacar la cabeza (aunque el mérito no es exclusivamente suyo. Contribuyeron mucho los posteriores gobiernos del «demócrata» Joaquín Balaguer). Sin embargo lo mejor de La maravillosa vida breve de Óscar Wao no recae exclusivamente en su modo de hacer memoria sino en la aproximación utilizada por Junot Díaz a la hora de tocar temas como la integración de los emigrantes, la incomunicación generacional o la angustia adolescente.

No invento la rueda si digo que su personaje central es Óscar (Wao) de León; la novela se abre y se cierra con él mientras su narrador pretende esclarecer si existe o no un fukú (maldición) sobre su familia. Pero su vida apenas es un fragmento de un tapiz mucho más vasto que abarca tres generaciones de los Cabral-De León. En él figuran personajes tan dispares como su hermana Dolores, junto a Óscar el miembro más joven y eminentemente estadounidense de su family; su madre Hipatia Belicia Cabral, Beli, el nexo de unión entre la República Dominicana y EE.UU.; y el «perdido» patriarca del clan, Abelardo, el padre de Beli, caído en desgracia en la década de los 40 cuando sufrió toda la saña del régimen de Trujillo.

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