El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, y El hombre en el castillo, según Frank Spotnitz

El mapa

Los dos volúmenes dedicados por Cátedra a sendas novelas de Philip K. Dick son un ejemplo de cómo se debe recuperar un clásico de la ciencia ficción. Nuevas traducciones, un formato agradable, estudios que alumbran las facetas más atractivas del título en cuestión, el autor, la época en que fueron creadas… Y algún contenido extra. En el caso de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Julián Díez acompañaba su magnífico ensayo de una enumeración con las diferentes adaptaciones al cine de la obra de Dick; un listado imprescindible para reafirmar su posición como escritor de ciencia ficción más influyente en la actualidad. Su figura ha trascendido sus narraciones y se ha ramificado hasta niveles que bien merecerían un estudio detallado. No obstante, tras mi reciente relectura de El hombre en el castillo, aprovechando el estreno de la segunda temporada de su adaptación a la televisión, también me ha llevado a la pregunta de hasta qué punto ese ascendiente se corresponde con lo que dejó por escrito, con lo que los guionistas entendieron y plasmaron después en las películas, con lo que pudieron verse obligados a potenciar o reducir para adecuarlo a las exigencias de la pantalla (dejando otras caras ocultas)… Un suculento debate al cual la producción de Amazon se presta desde múltiples vertientes.

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Aurora, de Kim Stanley Robinson

AuroraEl tema de los personajes en las novelas hard es un clásico en los debates de ciencia ficción. Utilizadas muchas veces como un vehículo para explorar ideas desde un rigor científico con mayor protagonismo casi que la propia historia, este aspecto ha sido criticado con regularidad desde dos extremos: bien cuando los personajes son vulgares caricaturas presentes por la simple necesidad de tener unos protagonistas para impulsar el argumento deseado; bien porque esos personajes pretenden ganar entidad a raíz de insuflar exceso en sus vidas. Un ejemplo evidente de lo primero sería Tau Cero, de Poul Anderson, tal y como la describe Alberto Cairo en su crítica en Bibliópolis. De lo segundo serviría cualquier novela de Robert J. Sawyer con sus indefectibles protagonistas bajo la presión de un acontecimiento traumático (una violación, acoso sexual, la sombra del adulterio, una enfermedad incurable…). Aunque en su caso no estemos ante un “hard” en sentido estricto.

Llevaba más de una década sin leer una libro de Kim Stanley Robinson. Sin entrar a valorar su competencia en este asunto, siempre le había tenido más como un practicante de lo segundo. Suele explotar el conflicto entre sus personajes desde múltiples niveles (políticos, sociales, personales) en aras de convertirlos en portadores de unas ideas por las cuales el lector sienta un interés, tome partido, cambie su percepción… Sin embargo tras la lectura de Aurora, da la sensación de haberse entregado sin ambages a lo que Alberto Cairo ponía de relieve en su texto sobre Tau Cero. Palabra por palabra.

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Recomendaciones día de la lectura 2016

Día de la lectura

El sábado se celebra un evento marcado a fuego en el calendario por editoriales, autores y libreros: el día de la lectura. Una jornada en la cual los libros toman la calle para darse un pequeño y merecido baño de masas. Las novedades que apuntan hacia este momento son legión, preparadas para aprovechar el viento fresco de miles de compradores empujados por la efémeride, los medios de comunicación y el tradicional 10% de descuento.

Dispuestos a participar de la fiesta, hemos preguntado a un grupo de lectores sus recomendaciones entre libros de ciencia ficción, fantasía o terror. Para centrar esa tarea delimitamos la selección a una novedad, un clásico y un título “libre”, con flexibilidad en la interpretación de cada etiqueta. El resultado son 24 libros de muy diversa procedencia entre los cuales resulta fácil encontrar títulos tentadores para cualquier lector. Si alguien se siente atraído por nuestra propuesta y le apetece participar con sus sugerencias, los comentarios están abiertos. ¡Únete y añade tus recomendaciones!

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Lavinia, de Ursula K. Le Guin

LaviniaGuardo un gratísimo recuerdo y un tremendo cariño por la mayor parte de lo que Ursula K. Le Guin escribió entre finales de los 60 y la década de los 70. Sin embargo sigo particularmente atraído por lo logrado en sus dos últimas novelas de Terramar: Tehanu y En el otro viento; cómo en una serie tan a la contra de la fantasía post El Señor de los Anillos y supuestamente clausurada en La costa más lejana fue capaz de ir más allá y narró aspectos hasta entonces inexplorados, caso del aprendizaje de la vida una vez se ha perdido un poder casi absoluto o la cesión de la responsabilidad a las nuevas generaciones. En esa exploración de nuevos senderos según Le Guin ha sumado años y ganando experiencia vital, Lavinia está hermanada con estas historias de Terramar y supone un nuevo logro en una carrera plagada de ellos.

Le Guin parte de La Eneida para ofrecer el punto de vista femenino del segmento final de la epopeya. Un poco a la manera de Marion Zimmer Bradley y sus relecturas de La Iliada o el ciclo Artúrico, la autora de La mano izquierda de la oscuridad recupera el pulso de sus mejores obras gracias a la voz de su narradora: Lavinia, la única del rey del Lacio, destinada a convertirse en la mujer de Eneas.

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Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, de Emmanuel Carrère

Yo estoy vivo y vosotros estáis muertosLeer a Dick es peligroso; el veneno acumulado en su narrativa puede llevarte a querer continuar en su universo creativo más allá de lo “conveniente”. No sólo a buscar nuevos enfoques en otras de sus novelas o relatos sino a profundizar en sus ideas, descubrir de dónde surgían, averiguar cómo se ramificaban a lo largo de su bibliografía… Por suerte esta necesidad no está vedada exclusivamente para los que se manejan en inglés. La figura de Dick es tan relevante que es posible encontrar varios de estos estudios en ediciones en español. Uno de los más completos es Idios Kosmos, el excepcional ensayo de Pablo Capanna en el cual desglosa su pensamiento y se acerca a su producción con una hondura filosófica para nada ajena a los legos en la materia. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos del francés Emmanuel Carrère me parece su complemento perfecto. Más romo desde el punto analítico, el autor de El adversario se acerca a la obra de Dick desde un punto de vista biográfico, convirtiendo su vida en una gigantesca cadena causa-efecto en la que, además de tratar los aspectos más relevantes que moldearon su personalidad, se sirve de ella para desplegar las claves de su obra.

En este sentido, Carrère se muestra muy hábil a la hora de centrar su mirada. Rápidamente pasa por su infancia y adolescencia hasta llegar a la edad adulta, punteando el relato con un puñado de anécdotas que más tarde tomarían cuerpo en sus obras. Ahí está, por ejemplo, la ensoñación que le acompañaba durante su empleo a media jornada en una tienda de música, imaginándose cómo un astronauta en órbita alrededor de una Tierra postcatástrofe y radiando hacia la superficie todo tipo de canciones, historias… Una imagen que potenciaba su autoestima y recuperada años más tarde en Doctor Monedasangrienta. También es en esta primera parte donde se observa el caldo de cultivo del cual partirían sus novelas mainstream como Ir tirando o Confesiones de un artista de mierda, sin que todavía sus historias aparezcan en el relato, con su día a día como materia prima de la cual se nutrieron hasta tomar forma. Es sólo a partir de su inicio como jornalero de la ciencia ficción, y las decenas de relatos que contribuyeron al boom de las revistas de los cincuenta, cuando estas cristalizan.

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Paco Porrúa, In Memoriam

Paco Porrúa

No he conocido a tantas personas de las que se pueda decir sin asomo de duda que hicieron del mundo un lugar un poco mejor que si no hubieran estado por aquí. Paco Porrúa fue una de ellas.

Seguro que entre los que me lean habrá quienes no conozcan quién fue Paco Porrúa, fallecido esta semana. El fundador de la editorial Minotauro hace más de 60 años en Argentina y también editor de bastantes de los mejores escritores en lengua castellana mientras trabajaba para otras firmas. Una de las personas decisivas para entender la evolución de la literatura fantástica en nuestro idioma, durante décadas quizá el único valedor de la calidad literaria dentro del género en español.

Dado que le apreciaba y lamento mucho su muerte, quiero escribir un recuerdo personal. Traté a Paco con frecuencia durante los años que viví en Barcelona, a finales del milenio pasado. Él era el editor mítico de Minotauro, el hombre que había publicado Cien años de soledad y Rayuela. Pero me recibió en su oficina a mí, un periodista veinteañero que dirigía una pequeña revista de ciencia ficción, con total naturalidad. Ni siquiera creo que fueran decisivas la intercesión de Marcial Souto, que trabajaba con él, o de Alejo Cuervo, que siempre le ha admirado y con el que le visité por primera vez, creo que para darle un premio Gigamesh; mi impresión es que su naturaleza era intrínsecamente amable. Simplemente, Paco no tenía contacto con el mundillo del género porque no tenía tiempo; cuando más tarde le llegaron reconocimientos y premios, siempre los recibió con una socarronería en la que, con el tiempo, aprendí a reconocer una llamita de ilusión.

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Leonís, de César Mallorquí

LeonísMe produce una cierta tristeza observar cómo algunos libros, una vez ha transcurrido su vida media en los expositores de las librerías, se marchitan sin haber despertado prácticamente atención; apenas comprados y, lo que es peor, apenas leídos. Por lo que he podido bucear por internet, tengo la impresión que Leonís es uno de esos títulos. La imagen de César Mallorquí como escritor de literatura juvenil supongo que habrá hecho lo suyo, y ha mantenido a una parte de su público potencial alejado de esta obra, tal y como pasó con aquellas dos novelas de temática criminal publicadas por Espasa y saldadas de manera inmisericorde (vale, El juego de Caín era regulín, pero también lo suficientemente dinámica como para haber esperado algo más de repercusión). En este caso el tema es particularmente sangrante porque estamos ante un libro editado con mimo y que ofrece una serie de características bastante caras de ver en el resto de novedades de un año cualquiera. Tapa dura, multitud de ilustraciones creadas ex profeso por el ilustrador Miguel de Unamuno y una maquetación exclusiva que las integra en el fluir de la narración. Un valor añadido que enriquece la edición en papel y su lectura.

Una página de Leonís

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Milenio negro, de J. G. Ballard

Milenio NegroMilenio negro, o Millennium People, fue la penúltima novela escrita por J. G. Ballard. Publicada en 2003, es una obra que muestra con exactitud lo que llevamos de siglo. Al igual que tantas otras novelas escritas tras el 11S, ha abandonado cualquier optimismo al definir la sociedad contemporánea y afrontar sus ciudades y barriadas, el individuo perdido y carente de ambiciones vitales, la incomprensible y destructiva economía, la banalidad de la vida una vez superada la falacia del consumismo para encontrar la felicidad…

David Markham es un psicólogo especializado en relaciones laborales. Alguien apático y no demasiado hablador que pierde a su ex mujer tras la explosión de una bomba en un aeropuerto. Aunque se sospecha de distintos grupos terroristas, el atentado carece de autoría y David decide investigar por su cuenta. Así comienza un catártico recorrido por las revueltas sociales que empiezan a aparecer en Inglaterra y sus grupos más subversivos. Participa en manifestaciones de toda índole, algunas casi ridículas, y tras pasar por el juzgado al ser pateado por amantes de los gatos, un extraño grupo de personajes nihilistas se fija en él. En su aprendizaje, mantiene charlas ideológicas con gurús de los movimientos sociales, es manipulado para posicionarse en su mismo punto de vista, una tarde realiza encuestas por un barrio acomodado realizando preguntas incómodas que atacan la filosofía de vida de sus habitantes… Después, de forma más participativa y menos observadora, empieza a apoyar las revueltas de Chelsea Marina, epicentro de la explosión violenta iniciada por la clase media inglesa.

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No quieres ser la Minotauro de hace una década

La Tierra larga

Una de Pratchett (y Baxter)

Fantascy es el sello de Random House Mondadori destinado a agrupar los títulos de la editorial que se pueden englobar dentro de la fantasía, la ciencia ficción o el terror. Y, sin pretenderlo, el último jalón del camino en esa eterna búsqueda de una colección de referencia por parte de los aficionados. Lanzarse a hacer valoraciones sobre su rumbo cuando tiene cuatro meses de vida queda en el vasto terreno que abarca de lo difícil a lo injusto; apenas cuentan con un puñado de libros en el mercado, se han comunicado con mucha cautela cuáles serán sus próximos títulos y cualquier juicio está condenado a errar. Pero es interesante comenzar a hablar un poco de las decisiones que toman, de las direcciones que empiezan a seguir, y testar la temperatura del respetable.

Fantascy cuenta con una clara ventaja respecto a otras colecciones surgidas en los últimos tiempos: no parten de cero. El sello engloba desde su inicio los autores de la casa que mejor funcionan: Terry Pratchett, Brent Weeks, Trudi Canavan, Terry Pratchett, mucho menos Paolo Bacigalupi (la repercusión de El cementerio de barcos no tuvo nada que ver con el puntazo de La chica mecánica). Y Terry Pratchett. Una posición de partida fraguada en hormigón armado a prueba de fluctuaciones. También, han apostado para su alumbramiento por cuatro títulos potentes sin escatimar en medios en su promoción: amplia cobertura en la blogsfera, copias de prensa a todo el que las ha solicitado, sorteos varios, presentación en la feria del libro de Madrid, presencia en el festival Celsius de Avilés y, cómo no, en las redes sociales. La cosa promete mantener el nivel tal y como se intuye en sus lanzamientos para los próximos meses.

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Sobre el periodismo de titulares, los ebooks pirateados de Scyla y la promoción a la antigua usanza

La pequeña cobertura de los grandes eventos asturianos dedicados a los géneros que Ángel Luis Sucasas ha realizado para El País me ha llamado la atención por su manera de extraer frases lapidarias de las conversaciones que ha mantenido con autores y editores. Frases que darían para tantos titulares mamporreros como artículos de opinión, tan o más aviesos que el siguiente. Mismamente ahí tienen el autoreciclaje de su propia noticia sobre el premio a Cenital, que vuelve a poner en boca de Emilio Bueso una de las boutades más lamentables que recuerdo

esta generación se diferencia de las anteriores en que cuida mucho más su voz literaria.

Tan de caerse por su propio peso que no merece la pena poner negro sobre blanco la retahíla de contraejemplos que la desmontan.

Pero más allá de este ejercicio de descontextualización de una descontextualización, quiero centrarme en el primer artículo sobre el festival de Avilés donde el editor del complejo Minotauro/Timun Mas, José López Jara, rompe en llantos sobre el triste sino de su sello Scyla eBooks. Libros específicamente editados para el mercado de libros electrónico y con precios que van entre los 0,99 y los 2,99 euros. Dice López Jara

“Creo que es una cuestión cultural.” […] “En nuestra línea digital, Scyla, hemos llegado a poner libros a 99 céntimos. Y la gente los pirateó igual”

Vale, se han puesto los libros baratos y se han pirateado, una obviedad como decir “pusimos el libro de texto muy barato y aun así hubo gente que prefirió fotocopiarlo”. “Piratería” ha habido, hay y habrá siempre, por muy accesible que esté ese material. Y a partir de este punto entro en el terreno de la interpretación, la lectura de vísceras y el análisis del vuelo de las aves. Parece que las palabras de López Jara vienen de la mano de la ínfima repercusión que está teniendo Scyla eBooks y la cabeza de turco que ha encontrado para justificarlo.

Me copian.

Me piratean.

Todo gratis.

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