El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

El gigante enterradoHa pasado una década desde la publicación de Nunca me abandones, aquel fabuloso ejercicio de voz narrativa que más que una historia de clones funcionaba como alegoría sobre cómo se mantiene bajo control la sociedad occidental. Una novela construida, como suele ser norma en Ishiguro, a partir de un narrador que marca el tono y su devenir desde la primera a la última línea. Ese rol preponderante del narrador, cómo su elección determina hasta los aspectos más insospechados de su obra, vuelve a ser una de las señas de identidad de El gigante enterrado, su esperada nueva novela. Un trasunto de juglar relata cómo una pareja de ancianos britanos abandonan su guarida subterránea en busca de su hijo. Su modo de vida, el paisaje de la Inglaterra de la Alta Edad Media, la manera de orientarse en ese entorno… se enfocan desde una perspectiva actual y, casi diría, naif. Un discurso ajustado para lo que al principio parece una fantasía medieval adosada al mito artúrico, en el interregno entre la caída del Rey y la creación de los reinos sajones. Pero a medida que pasan las páginas y su senda se tuerce, el tono cambia de la mano de la mirada crepuscular y fantástica a ese mundo detenido en el tiempo.

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Lavinia, de Ursula K. Le Guin

LaviniaGuardo un gratísimo recuerdo y un tremendo cariño por la mayor parte de lo que Ursula K. Le Guin escribió entre finales de los 60 y la década de los 70. Sin embargo sigo particularmente atraído por lo logrado en sus dos últimas novelas de Terramar: Tehanu y En el otro viento; cómo en una serie tan a la contra de la fantasía post El Señor de los Anillos y supuestamente clausurada en La costa más lejana fue capaz de ir más allá y narró aspectos hasta entonces inexplorados, caso del aprendizaje de la vida una vez se ha perdido un poder casi absoluto o la cesión de la responsabilidad a las nuevas generaciones. En esa exploración de nuevos senderos según Le Guin ha sumado años y ganando experiencia vital, Lavinia está hermanada con estas historias de Terramar y supone un nuevo logro en una carrera plagada de ellos.

Le Guin parte de La Eneida para ofrecer el punto de vista femenino del segmento final de la epopeya. Un poco a la manera de Marion Zimmer Bradley y sus relecturas de La Iliada o el ciclo Artúrico, la autora de La mano izquierda de la oscuridad recupera el pulso de sus mejores obras gracias a la voz de su narradora: Lavinia, la única del rey del Lacio, destinada a convertirse en la mujer de Eneas.

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