El cuento de la criada, de Margaret Atwood

El cuento de la criadaAnte el estreno inminente de su nueva adaptación, donde a cada nueva promoción se intuye el cuidado puesto en su acabado final, no tenía sentido continuar dilatando el momento de acercarme a El cuento de la criada. Escrita en pleno auge del pensamiento neoconservador de los tiempos de Ronald Reagan, se ha vuelto a poner de actualidad tras el triunfo de Donald Trump en las pasadas elecciones de Enero. Su imagen de megalómano con mando en plaza, el grupo de extremistas de los que se ha rodeado, las ideas que han puesto sobre la mesa (suspensión de las ayudas a los centros de planificación familiar, destrucción de los avances en el derecho a una sanidad universal, el total desprecio por las evidencias científicas…), han llevado a un buen número de lectores a acordarse, entre otras, de esta novela escrita hace más de tres décadas.

En El cuento de la criada Margaret Atwood plantea un único escenario: la República de Gilead. Una región indeterminada de EE.UU. donde, después de un golpe de estado, se ha producido una regresión social de dimensiones ciclópeas hasta convertirla en un reflejo de la Nueva Inglaterra de los colonos puritanos. Además, tras diversas catástrofes ecológicas, la esterilidad se encuentra tan extendida como las malformaciones durante el embarazo. Un panorama donde el futuro de la propia humanidad parece amenazada. Fieles a las raíces evangélicas de su Estado, han encontrado el remedio a esta situación en un relato bíblico. Tal y como se solucionaba la esterilidad de Raquel y Jacob acudiendo a Bilhah, una esclava, para concebir los hijos de la pareja, en Gilead recurren a las llamadas criadas. Mujeres fértiles que en muchos casos ya han sido madres, aleccionadas en escuelas para cumplir en un único servicio a sus patrones siguiendo la máxima: de cada uno según sus capacidades; a cada uno según sus necesidades.

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Incrustados y otros delirios racionalistas (Watsonianas/1), de Ian Watson

Siempre me ha parecido curioso que autores británicos de reconocido prestigio en su país, no acaben calar en España, o que, en algunos casos, incluso provoquen un secular rechazo. Desde el increíble caso de J. G. Ballard que Francisco Porrúa publicaba por amor al arte y al espacio interior, hasta Michael Moorcock, convertido directamente en un puching ball, pasando por M. John Harrison, veneno para las ventas, John Brunner, un precursor de casi todo prácticamente olvidado, o Angela Carter, cuya obra medio se va recuperando ahora tras pasar largos años en el limbo de los descatalogados. O mismamente, Ian Watson, un autor que goza de gran reputación en Anglosajonia pero que no es especialmente apreciado por el fandom patrio, aunque buena parte de su obra haya sido publicada en nuestro país por varias editoriales que, erre que erre, lo intentaban con el autor inglés. Así que resulta como mínimo sorprendente que Gigamesh se lance a publicar algo a lo que ni las editoriales británicas se habían atrevido; nada menos que las obras completas de Ian Watson bajo el epígrafe de Watsonianas. Una cuidada edición que sospecho venderá entre nada y menos, pero que aporta prestigio al catálogo de Gigamesh, que ahora mismo puede permitirse este tipo de lujos sin despeinarse.

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Jabberwock 2

Jabberwock 2

Jabberwock 2

La editorial Bibliópolis inaugura su nueva colección Bibliópolis antológica con el segundo volumen del anuario de ensayo fantástico Jabberwock. Esta nueva colección recoge el testigo dejado por Bibliópolis Bolsillo, mejorando no sólo en el tamaño sino también en el diseño y aumentando también la extensión. Jabberwock es sin duda un punto de referencia para todo aficionado a la literatura fantástica: por un lado es una excelente guía de lectura gracias a las críticas de las obras más destacadas publicadas el año anterior. Y por otro recoge una serie de ensayos y artículos que muestran el fantástico en todas sus vertientes. Todo ello coordinado por Arturo Villarrubia y Alberto García-Teresa los directores de este número.

Vemos que los ensayos se pueden dividir a priori en dos grandes bloques: unos los que afrontan el fantástico como herramienta para analizar la sociedad actual y otros los que estudian los límites del género y sus raíces comunes en el uso de distintos mitos e iconos. Dentro de la primera vertiente destaca el ensayo de Alberto García-Teresa “Las aventuras de Emmanel Goldstein. Usos ideológicos de la ciencia-ficción” donde analiza las obras, autores y corrientes literarias dentro de este género poniendo de manifiesto la carga ideológica que esconden, destacando los casos de obras y autores que rompen con la ideología conservadora mayoritaria, un ensayo muy esclarecedor y que desmonta los tópicos dentro de la ciencia ficción. Continuando esta línea de análisis político y social de la ciencia-ficción nos encontramos con el ensayo “La que está cayendo: lecciones para el mundo posterior al 11-S en la obra de Philip K. Dick” de Aaron Barlow, donde a través de la obra de Philip K. Dick analiza la esquizofrenia de la sociedad actual y el sometimiento del pueblo por el miedo al otro fomentado por los gobiernos, poniendo de manifiesto la vigencia de la obra de Dick. Es especialmente interesante la entrevista que realiza Arturo Villarrubia al escritor John Kessel, un autor comprometido socialmente que por medio del humor y de la provocación desarticula las falacias de los neoconservadores por medio de obras como American Apocalypse y El amor en tiempos de dinosaurios.

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