Lincoln en el Bardo, de George Saunders

Lincoln en el BardoMe ha costado entrar en ésta, la primera novela del autor de Guerracivilandia en ruinas y Diez de Diciembre. Sobre todo por su forma: el diálogo entre dos secciones construidas como una especie de relatos orales. No por lo que cuentan, tampoco por el cómo lo escribe Saunders, sino por el pequeño descoloque causado por la yuxtaposición de sus narradores y llegar a apreciar su sentido en esa polifonía más allá de un alarde formal.

La mayor extensión de Lincoln en el Bardo la ocupa el relato que los muertos del cementerio de Washington D.C. hacen de la llegada al recinto, en Febrero de 1862, del hijo del presidente Lincoln, Willie. El acontecimiento transforma el camposanto cuando, la noche del sepelio, su padre entra en el lugar, abre el ataud y abraza el cadáver de su hijo muerto. Un acto de amor como ninguno de los difuntos recuerda haber contemplado. Para su consternación, en vez de abandonar nuestro plano, Willie se queda lo que lleva a tres de ellos a hacer todo lo posible para lograr su tránsito al otro mundo. Hans Vollman, un artesano que encontró el amor en su madurez y murió antes de consumar su matrimonio; Roger Bevins III, un homosexual que se suicidó; y el reverendo Everly Thomas, «atrapado» junto a sus compañeros por sus remordimientos.

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Dos años, ocho meses y veintiocho noches, de Salman Rushdie

Dos años, ocho meses y veintiocho nochesEl Man Booker Prize es el premio literario más importante concedido en Gran Bretaña. En 2008, con motivo de su cuarenta aniversario, se realizó una votación popular para elegir la mejor novela galardonada hasta entonces. La elegida fue Hijos de la medianoche. Supongo que aparte de por su calidad, ayudó la guillotina que se cierne en forma de fatwa sobre Salman Rushdie. Mi habitual pereza ante los tochacos me han mantenido a una distancia prudencial de ella. Sin embargo, a finales del año pasado Rushdie publicó Dos años, ocho meses y veintiocho noches, una novela de una extensión más moderada en la cual retoma sus temas habituales. Tras leerla me queda la sensación de que debería haber respetado el canon en vez de dar una oportunidad a una obra que no pasará a formar parte de él. Ni por aproximación.

Dos años, ocho meses y veintiocho noches (las proverbiales 1001 noches) es en su envoltorio una puesta al día de los mitos árabes. Rushdie los utiliza para modelar una muy personal mitología superheroica, a partir de un grupo de inadaptados que padecen encuentros con lo insólito: un jardinero cuyos pies dejan de tocar un suelo que, milímetro a milímetro, día a día se aleja de él; un tipo condenado a enamorarse de toda mujer con la que se cruza; un dibujante de cómic amedrentado por uno de sus personajes; un bebé con la capacidad de hacer visible todo tipo de corrupción… Un puñado de relatos personales más o menos interconectados construidos desde el mestizaje cultural y social; narraciones enredadas y un tanto desnortadas que ponen sobre la palestra pequeños dramas cotidianos, historias de amor y desamor, belleza y miseria, con un atractivo punto de extrañeza del cual carecen las secuencias netamente mitológicas.

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