En una estación roja, a la deriva, de Aliette de Bodard

En una estación roja, a la derivaMi pequeña «historia» personal con Aliette de Bodard se reduce a sendos encontronazos con sus relatos traducidos en su momento en Terra Nova vol.2 y Cuentos para Algernon Año I. Por este motivo era reacio a acercarme al Ciclo de Xuya, el volumen donde Fata Libelli recopiló las narraciones breves de esta secuencia ucrónica en la cual navegantes chinos llegaron a la costa oeste de América antes del viaje de Colón, crearon una alianza con los mexica y alteraron la historia tal y como la conocemos. Aprovechando la venta final del último mes de vida de la editorial, me hice tanto con este volumen como con En una estación roja, a la deriva. La novela corta donde Bodard abordaba su particular interpretación de la aventura espacial en este universo. Y he quedado más satisfecho. No tanto por el trasfondo, un universo muy conservador en la línea del que, salvando distancia, veíamos en uno de mis bluffs más sonoros de los últimos años: Justicia auxiliar.

Es un poco frustrante cómo a estas alturas del siglo XXI, a la hora de trazar una space opera, la idea de imperio galáctico dominante mantiene la concepción propia de la edad de oro de la ciencia ficción. Aunque de Bodard se preocupa de acercarse desde una perspectiva chino-vietnamita, con una jerarquía y unas costumbres sociales que siguen unas pautas ajenas al lector occidental, ahí están ese emperador poco preparado para su labor y manipulado por sus consejeros; la opresión de los súbditos, la rebelión en diversas regiones, el sufrimiento de los habitantes de los planetas involucrados, los castigos desproporcionados… Un escenario más propio de una novela histórica o una de fantasía heroica, como si después de echarle unas partidas a cualquier Civilization no hubiéramos descubierto las bondades para el progreso de cualquier otra forma de gobierno. Sigue leyendo

Justicia auxiliar, de Ann Leckie

Justicia auxiliarHugo, Nebula, British, Arthur C. Clarke… El arsenal de galardones acumulado por Justicia auxiliar es apabullante. Si atendemos a un criterio puramente cuantitativo en función de los premios recibidos, durante 2014 se convirtió en la novela de ciencia ficción más destacada de la historia. Sin embargo aquí en C, apoderados por ese espíritu iconoclasta que nos caracteriza, Alfonso García firmó uno de sus afilados análisis cargando contra los numerosos puntos débiles de una novela que se puede tomar como evidencia de la mediocridad de las novelas durante su año de publicación en el interior de ese cortijo llamado fandom. Como su reseña es excelente y apenas puedo añadir cuatro detallitos menores, he enfocado este texto como un resumen de los errores de concepto en los que he caído durante mi acercamiento al libro, y cómo quedaron tras su lectura.

El primer error con el que llegué parte de su ilustración de cubierta, la misma de su edición original en inglés: Justicia auxiliar es un space opera, pero olvídense de naves espaciales combatiendo entre sí o situaciones más grandes que la vida. Tampoco se puede decir que derroche “molonio«. Esta novela pertenece a otro tipo de aventura espacial, más cercana a las correrías por superficies planetarias y viajes entre sistemas a lo Jack Vance, sacrificando ese punto exótico y extravagante tan característico del autor de Los príncipes demonio o El planeta de la aventura en favor de rasgos a lo historia de costumbres de las novelas de Miles Vorkosigan creadas por Louis McMaster Bujold, más amanerada y extirpando por completo el humor, o una C. J. Cherryh cargada de diazepán hasta las cejas.

Porque Justicia auxiliar es una historia seria.

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Los premios irrelevantes de un género obsoleto

Hugo AwardDoy por supuesto que quienes me lean conocen ya la polémica en torno a las candidaturas a los premios Hugo de este año, los considerados tradicionalmente como más relevantes en el campo de la literatura de ciencia ficción. Para no repetirme, remito a quienes aún no estén al corriente a las explicaciones brindadas de forma bastante completa en:

Bien, lo que me sorprende una vez más es que la mayor parte de los análisis que he leído sobre lo ocurrido se queden en lo superficial. Por descontado, resulta bastante molesto, y dañino, que unos premios con cierta trayectoria y prestigio caigan en manos de grupos organizados, sean una banda de simpatizantes de la Asociación del Rifle (los Rabid Puppies) o un grupo de añorantes de lo tiempos en que la cf era tan, tan chachi y supermaravillosa (los Sad Puppies). Sin embargo, creo que la equivocación están en considerar lo sucedido como enfermedad y no como síntoma. Porque los Hugo vienen pochos de tiempo atrás. Hace mucho que no son los galardones que una vez premiaron de forma consecutiva a Los propios dioses de Asimov, Cita con Rama de Clarke y Los desposeídos de Le Guin. Esto no es más que la constatación del desastre.

Recapitulemos.

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Ancillary Justice, de Ann Leckie

Leckie_AncillaryJustice_TP-692x1024Creo que ésta es la primera vez que escribo la crítica de una novela sin haber logrado terminarla (bueno, confieso que los últimos capítulos de Robopocalipsis o cómo se llamara aquello, me los leí en diagonal). Y es que he tenido que abandonar la lectura de Ancillary Justice a pocos capítulos del final, ya viéndome muy desfondado, hasta el punto de que me estaba provocando un curioso bloqueo de lector, una mezcla de hastío, enfado, sentimiento de culpa y rechazo a la palabra escrita. Algo similar a lo que le sucede a mi madre, que cuando era niña no tenía otra cosa que potaje de berzas para comer casi todos los días y ahora no soporta ver una berza ni en pintura.

Quizá me he adelantado demasiado con una valoración que debería ir al final del tocho, pero como estimo muchísimo el escaso tiempo del lector le ahorro un click: Ancillary Justice me ha parecido un tostón del quince. Dicho esto, y si todavía le quedan ganas, tras el salto de página van las desquiciadas argumentaciones.

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