Rendición, de Ray Loriga

RendiciónAlgún día la ciencia ficción se hará realidad. (Ese día dejará de existir). Y no sé si hemos llegado o no a esos extremos, pero en tiempos de reclusión y retraimiento puede ser buena idea volver a una novela que pasó, creo, pelín inadvertida por la crítica, y que, sin embargo, es fuente de ideas y escenarios afines a lo que vemos hoy en la calle y en los medios. Rendición, de Ray Loriga, aportó –junto con algunas otras obras– frescura a un panorama que puede estancarse. Así que si queremos podemos identificar pasadizos secretos entre Rendición, penúltima novela, a día de hoy, de Loriga, y Esta noche arderá el cielo, de Emilio Bueso, e Intemperie, de Jesús Carrasco. Entre las tres hay pasadizos que permiten hacer una lectura muy particular del imaginario postapocalíptico. La novela de Carrasco era tímidamente postapocalíptica: tomaba prestados algunos paisajes del subgénero y los pasaba por un tamiz delibesiano; Bueso escribió una novela postapocalíptica sui generis que acepta muchas definiciones (incluida la de «western boreal»); y, con Rendición, Loriga escribió una que, en su primer tramo, es cien por cien postapocalíptica. O, mejor dicho, en trance de serlo, continuando así una secuencia no intencionada en nuestra literatura de novelas más o menos postapocalípticas. En ese sentido, la obra de Loriga fluctúa entre varios géneros: más adelante le da el relevo a la distopía, y, al final, al relato kafkiano. (Luego volveré sobre este asunto).

Las autoridades de Rendición, cuyo nombre ignoramos, pretextando seguridad y protección, expulsan a los habitantes de “la comarca” para enviarlos a una ciudad transparente que les servirá de refugio para una guerra que nadie recuerda por qué empezó. Así es como conocemos a la pareja protagonista, en medio de una evacuación precipitada. En un tenso clima de delaciones el narrador, que es el protagonista, y su mujer son respetados por el prestigio de tener a dos hijos en la guerra. También viven con un niño que no saben de dónde ha salido porque no habla ni se comunica con nadie. La evacuación se da en medio de un panorama en trance de ser postapocalíptico, como digo, en un mundo que está al final de su apocalipsis particular, a punto de entrar en lo que sea que le suceda.

Sigue leyendo

Crímenes del futuro, de Juan Soto Ivars

Crímenes del futuroDesde que tengo uso de blogs me he preguntado hasta qué punto la realidad política y social se ha visto reflejada en la ciencia ficción española; si ha sido una cuestión relevante en sus distintas épocas y ha emergido a través del escenario, el argumento, los temas de la narración. Hasta hace una década mis impresiones eran más bien negativas, salvo las excepciones de rigor. Tras la reseña de Factbook me dio por hacer una pequeña relación de títulos escritos al calor de la crisis económica y la eclosión del 15M. A bote pronto, el efecto de un conjunto de preocupaciones sistémicas parece evidente; ya sea desde lo apocalíptico (Cenital, Un minuto antes de la oscuridad), lo distópico (Planeta Dónald, Mañana cruzaremos el Ganges, Lágrimas en la lluvia, Nos mienten), o las gamas intermedias (Kuebiko, Muerto el sol). Los títulos de este listado proyectan rasgos de nuestro presente para abordar el agotamiento de los recursos naturales y sus consecuencias, el cuestionamiento de los valores democráticos en pos de una mayor seguridad, el temor al desencadenamiento de una nueva guerra civil o la fragilidad del estado del bienestar. Crímenes del futuro se suma a esta alineación mediante tres historias ligeramente interconectadas donde se manifiestan ecos de esta España camino del primer cuarto del Siglo XXI.

Juan Soto Ivars apuesta por un futuro próximo primo hermano del imaginado por Miguel Martín Echarri en Muerto el sol. El decrecimiento, gestionado desde la desregulación, ha llevado al país a convertirse en una rima de la España de finales del XIX y gran parte del XX. Al menos así la reconozco en un entorno rural gobernado por caciques que, a modo de nuevos señores feudales, mantienen bajo control a unos campesinos cuya mayor aspiración es que sus hijos abandonen las escuelas y acudan a echarles una mano a los cultivos. De este contexto emerge Julia, una niña cuyo talento anima a empujarla en sus estudios. De aprobar un examen estatal, accedería a una beca y podría acudir a la Universidad. En Madrid.

Sigue leyendo