Los viernes en Enrico’s, de Don Carpenter y Jonathan Lethem

Los viernes en Enrico'sNo sabría decir si desconfío más de una novela escrita a cuatro manos o de una inconclusa tras la muerte de su autor y terminada por otro. Desde hace unos años no me acerco a este tipo de “colaboraciones”, pero con Los viernes en Enrico’s he hecho una excepción; no podía dejar pasar la recomendación de Ekaitz Ortega. Además es fácil obviar esta reticencia cuando todavía no has leído un libro de Don Carpenter y la persona elegida para revisar y pulir el manuscrito tras su muerte fue Jonathan Lethem.

Aunque hay algunos personajes con más protagonismo que otros, Los viernes en Enrico’s puede considerarse una novela coral. Carpenter relata la vida de un grupo de escritores en los EEUU desde finales de los 50 hasta comienzos de los 70 en un entorno blanco de clase media acomodada y un tanto monolítico donde ya se adivinan las grietas de la contracultura. Un mundillo espejo de la generación beat, plagado de creadores a la busca de ganarse la vida y/o hacerse un nombre en el siempre complicado, y muchas veces incomprensible, mundo editorial.

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La fortaleza de la soledad, de Jonathan Lethem

La fortaleza de la soledadCapturar el espíritu de un tiempo y un lugar de la historia de EE.UU.; reflejar el modo de vida de unos personajes, vehículo de las ideas de ese momento concreto; condensar las transformaciones que se produjeron y cómo catalizaron la sociedad hacia una nueva etapa;… Escribir la gran novela americana. Una de esas etiquetas a las que se acude para describir cualquier historia en dos patadas y, para qué negarlo, uno de los propósitos de Jonathan Lethem en La fortaleza de la soledad. Evocar el Brooklyn de los setenta, un hervidero de minorías mayoritarias en plena vorágine del cambio sociocultural. La época en la cuál la heroína y la cocaína tomaron las calles de la ciudad y el soul y el rhythm & blues dieron paso a la música disco y el funk. En la primera mitad de La fortaleza de la soledad suena, se huele, se siente ése Brooklyn antes de que fuera sepultado por las toneladas de dólares y gente “de bien” tras su gentrificación. Particularmente en una serie de fragmentos en presente donde el lenguaje utilizado por Jonathan Lethem, expresivo, colorista, atrapa un microcosmos tan expresivo como auténtico.

No obstante, por encima de este nivel de lectura se alza el relato de crecimiento personal de Dylan Ebdus. El chaval mediante el cuál Lethem observa todo lo anterior y cuya vida queda moldeada por las calles de Brooklyn y acontecimientos como la huída de su madre, Rachel, cuando apenas era un niño; una ausencia convertida en presencia a través de unas postales sin sentido que recibe por correo. Ahí queda cristalizada la relación con su padre, Abraham, un pintor al que la necesidad de sacar adelante a su hijo le fuerza a buscar el sustento como ilustrador de cubiertas de libros de ciencia ficción; un sacrificio que no le lleva a abandonar la creación de una película que colorea manualmente fotograma a fotograma. Día tras día, mes tras mes, año tras año.
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