Fin de raza, de varios autores

Fin de razaEl auge de las antologías (temáticas, generacionales, casuales) me despierta sentimientos ambiguos. Tanto aprecio la oportunidad de descubrir escritores o nuevos enfoques sobre temas generalmente no tan nuevos, como azuzan mi suspicacia sobre la búsqueda de un editor por ampliar su público potencial; ese agrupar entre sus cubiertas hasta (sí, amigos) dos decenas de autores, relajando el proceso de selección para multiplicar el número de presentaciones/lectores blanco de un libro que, generalmente, termina criando polvo en una estantería, más tenido que leído. En este sentido, me sorprende lo poco que se trabaja el formato desde una función editorial incapaz de alejarse de los caminos más transitados.

Fin de raza apuesta por dar ese lavado de cara al proporcionar una serie de valores añadidos a la antología tipo. Apuesta por una edición limitada con un volumen físico muy trabajado en el que destacan las ilustraciones con las cuales un artista, LAPRISAMATA, interpreta cada una de las historias; láminas a toda página impresas, como el resto del libro, en papel satinado donde se resume el alma de una decena de textos. Además la maquetación personalizada para cada historia aporta una puesta en página variada, con diseños que van de lo pertinente a lo gratuito, en un trabajo redondeado por una lámina exclusiva de LAPRISAMATA (firmada y numerada). Y reparte de forma más ecuánime los ingresos de su venta, a partes iguales entre editor, autores e ilustrador. A lo que habría que añadir listas de reproducción en Spotify pensadas por los autores de cada uno de los relatos. Pocos vienen a leer un libro por complementos así, pero el esfuerzo por darle este giro al formato tradicional ya me parece estimable.

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Cine y videojuegos: Un diálogo transversal, de José María Villalobos

Cine y videojuegosHe tenido serias dudas sobre si escribía un texto sobre Cine y videojuegos, una colección de artículos de José María Villalobos editada por Héroes de papel, editorial sevillana conocida por publicar todo tipo de libros sobre videojuegos (y que el verano pasado abrió Stories, una colección de narrativa). Su exploración del vínculo entre cine y videojuegos me ha resultado tan pobre, tan escasamente relevante, tan insustancial, que no merecería más atención que una puntuación pobre en cualquier red social dedicada a la lectura. Sin embargo, tras repasar las valoraciones que ha generado y la manera de promocionar el texto de la cubierta trasera, me ha parecido necesario dejar por escrito aquí cuatro ideas. El pretendido diálogo transversal entre cine y videojuegos no merece los 16 euros de su PVP.

Primero, Cine y videojuegos no es un ensayo. De hecho ni siquiera alcanza la categoría de libro de breves ensayos. Es una colección de entradas de blog liviano, una serie de opiniones apenas elaboradas que abordan un puñado de conexiones y diferencias entre ambos medios. La longitud de cada una, entre tres (las más) y ocho páginas (las menos) de generosa letra, no permiten demasiada profundidad y por más que José María Villalobos las conecte con coletillas «como veremos más adelante» o «como comentaba en un artículo anterior», no existe una visión de conjunto más allá de la establecida por el propio título y el hecho que la persona detrás de todas ellas sea la misma.

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Empire. El cine de Charles Band. Vol. 1, de John Tones

EmpireUna monografía sobre Charles Band ya es, en sí misma, una declaración de principios. En las casi quinientas páginas de Empire. El cine de Charles Band, Volumen 1, John Tones no pone el acento en el cine de público masivo, ni se centra en el canon habitual de películas sobre el que se construye una imagen de prestigio. Al contrario: escribir, como ha hecho él, sobre Charles Band, es entender el cine, o la vocación como periodista cultural, de una manera diferente. Y una monografía de quinientas páginas que sólo es la primera parte de este exhaustivo y, en castellano, único trabajo sobre el productor y director, nos dice que a John Tones le interesa más enfocar la mirada en el perímetro ninguneado de la industria que en el centro. Que así, de esta manera, es como trata de definir “el misterio de por qué nos gustan las películas que nos gustan”. (Ya lo hizo desde las páginas virtuales de Espinof).

Es, este primer volumen, un libro sobre Band, claro, pero también es un sobresaliente ejemplo del mejor periodismo cultural: el que nos descubre, a la vez que analiza, un terreno poco conocido del panorama artístico. El neófito y el interesado encontrarán aquí sus diferentes curiosidades saciadas por igual, como también las verán aquellos que hayan disfrutado “genuinamente con películas que la ortodoxia cultural insiste en que no alcanzan unos mínimos de calidad”. Un libro sobre Band también es un libro sobre la serie B y sobre cómo leer la serie B, sobre sus mecanismos de producción y difusión, sobre cuál es el papel del productor en la hechura colectiva de una película. Y Empire es, también, una lección maestra sobre cómo usar el lenguaje crítico, el pensamiento crítico, para una cinematografía generalmente expulsada de las clásicas Historias del Cine.

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