3.0, de José Ramón Vázquez

3.0

Cuando era chaval y devoraba los tebeos de Spiderman, había un personaje que me dejó catacróquer la primera vez que asomó por la colección, se trataba de Wilson Fisk, más conocido como Kingpin. Kingpin era el amo de los bajos fondos neoyorquinos, un tipo imponente, gordo y calvo que lucía un estilismo impecable al colorido estilo Marvel; gruesas cejas carismáticas, chaqueta blanca, pantalones moraos, chaleco naranja, bastón con joyaza que lanzaba rayos, pañuelo de seda y broche rhinestone. Un tipo que fumaba cigarrillos con boquilla, a lo Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, mientras repartía bofetones con la mano abierta a sus esbirros. Un cruce entre Marlon Brando, Jaime de Mora y Aragón y el muñeco de Michelín. Aparte de ser mi referencia en lo que a forma de vestir se refiere, lo que me flipaba de chaval, (porque yo era gordo y torpe y lo sigo siendo), era que esa gordura, motivo de mofa en mi entorno, Kingpin la convertía en un símbolo de respeto y de poder. Aunque quizá ayudara que Kingpin, a diferencia de un servidor, era rápido como el demonio y daba ostias como panes, claro está.

¿Y a qué demonios viene esta gilipollez en una reseña sobre una antología de cuentos de ciencia ficción, se estarán preguntando? Pues muy fácil, porque la forma de entender la cf que José Ramón Vázquez plantea en 3.0, la antología completa de sus cuentos, se parece mucho a Kingpin.

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Paintwork, de Tim Maughan

Paintwork

Tim Maughan es inglés, se declara admirador de William Gibson y escribe ciencia ficción de los próximos cinco minutos. Tres cosas que si las leo en una entrevista van a hacer que pique sí o sí. Y siendo ahora tan fácil como acudir al Imperio del Mal Cultural Que No Paga Impuestos y descargar a un precio irrisorio “Paintwork”, una brevísima antología de tres relatos autopublicados hace año y medio (sí, siempre llego así de tarde a todo), pude comprobar enseguida si mi intuición era correcta o había metido la pata .

Como digo, Tim Maughan escribe cf de los próximos cinco minutos, mejor dicho, de los próximos treinta segundos. Un escritor que ha logrado sacar la cabeza del culo, con perdón, más interesado en el mundo que le rodea que en la Singularidad y otras zarandajas, obsesionado con la omnipresencia de la tecnología y sobre todo internet y su influencia en la dinámica social en general y en personajes de la calle en particular, en la gente más o menos normal que se desenvuelve en entornos urbanos y fácilmente reconocibles. “Coño, pues como el cyberpunk”, pensará usted. Pues sí, perspicaz, inteligente y apuesto lector o lectora, como el cyberpunk. Pero hasta cierto punto.

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